Frenkel y Lavand dieron una conferencia en el Casino
En primer lugar, Lavand agradeció a la gente del Casino por la oportunidad de “charlar con la prensa, más que nada por el director Néstor Frenkel, ya que soy uno más, el mérito es suyo”, abrió el ilusionista con ese humor tan particular que lo caracteriza y que fue recibido con sonrisas de la audiencia.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCarlos Esquivel, en nombre del Casino, agradeció las presencias dándoles la bienvenida “para que cuestiones relevantes como éstas no pasen desapercibidas. Gracias a René, un amigo de la casa, y a Néstor”. Seguidamente le entregó a Lavand un ramo de pimpollos de rosas especialmente preparado para la esposa de Lavand.
El Eco de Tandilestuvo en el Casino y abrió la rueda de preguntas.
-Nos gustaría una respuesta de ambos. ¿Cómo comenzó la aventura que se convirtió en este documental que está batiendo records de taquilla?
Néstor Frenkel: -Tuvo varios comienzos, quizás el primero fue en mi infancia quedándome impactado frente al televisor, recuerdo que quedó guardado en el fondo de mi memoria, seguramente fue así. Después un poco la casualidad, ya que por haber sido invitado al Festival de Cine de Tandil por un documental que había hecho, un día lo vi a René Lavand. ¡Y me acordé cuando de niño me quedaba impactado frente al televisor! Podríamos decir que allí se alinearon los planetas y me dije porqué no unir todo esto que está pasando que no debe ser casualidad. Pedí el teléfono de René, lo fui a visitar, no tenía mucho para decirle más que esto que acabo de contar, y allí empezó de a poco y continuó…
René Lavand: -Y después empezó en casa recibiendo la grata visita de su señora, comenzó una conversación y terminó en este film que sé que ni él, Néstor Frenkel, ya no director, sino amigo mío, pensó que iba a llegar a tanto. La piden de Alemania, Los Angeles, España ya la vio y la quiere de nuevo, y vamos a estar a diez mil metros de altura en los aviones de Air Francesa, durante cuatro meses para entretenimiento de los viajeros. Son estas cosas las que me halagan enormemente, y festejo el éxito del director, porque fue él que se jugó con su tiempo, dinero, con su talento, logrando esto, que está a cargo de ustedes decir si es bueno o malo.
Frenkel se refirió a lo que le impactó de la vida de Lavand cuando comenzó con el documental, mencionando “su estilo de vida rodeada de belleza, armonía y amor, que es admirable. En cuanto al trabajo, me impactó el nivel de exigencia con el que se maneja, siendo una persona con mucha experiencia, un artista consagrado, uno diría podría hacerlo de taquito, pero no, él se exige a sí mismo como si fuera un principiante, como si estuviera a prueba en cada momento”.
Lavand: -Como si fuera a debutar mañana -señala sonriendo.
Frenkel: -…Y el hombre mete miedo, se exige mucho, de modo que hay que estar a la altura de la situación.
Lavand: -Hay una señora que me admira mucho, no la conocía, y un día me envió un libro de regalo. Ella es narradora de sus propias creaciones y una de éstas me conmovió hasta las lágrimas, a tal punto que le agradecí el libro y le dije que si algún día grababa “mis” relatos -si me permitía- incluiría uno de ella. Se estableció una relación vía email -que maneja mi mujer Nora, porque yo por ahora continúo con la señales de humo- y en el estreno de la película estuvo en la biblioteca Jorge Luis Borges, en Recoleta. Para ella soy Borges, Beethoven, San Martín… todo junto, y después de ver la película le envió un email a Nora diciéndole: “Pero entonces es normal, dice palabrotas…”.
Frenkel: -Es que la película no sólo muestra a René actuando o haciendo sus juegos, sino que hay un día a día donde aparecen otras facetas no tan conocidas, pero no por eso menos interesantes.
-¿Cómo fue la convivencia durante esas tres semanas?
-Yo vivía muy cerca, en la Gallina Verde, de modo que nos despertábamos y llegábamos por los fondos de la casa de René, de modo que convivíamos virtualmente, y sí fueron casi tres semanas intensas y volvimos luego con un equipo reducido para hacer algunas cosas más para terminar la película.
Lavand: -Recuerdo que estábamos almorzando Nora y yo, los dos solos, y le dije “no vayas a criticar a nadie del equipo porque seguro que hay un micrófono debajo de la mesa o una cámara en el techo”.
Y le puse de nombre “Alambique” a Frenkel -y lo explica- es ese aparato milenario que nos permite gozar del último regalo del fruto de la uva, el hollejo y la semilla, hace “tac… tac…” (simula un gesto como si estuviera exprimiendo) y sale la grapa y por eso lo llamé “Alambique”, porque me exprimió más que un director de la Afip.
Para agendar
En La Vidriera del próximo domingo, un diálogo intimista con René con lo que alguna vez se nos quedó en el tintero.
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