Fuegos de oktubre
?De regreso a octubre?, como en el tema de Beilinson/Solari que alude a la revolución rusa del ?17, los tandilenses fueron testigos estos días de otra, mucho menos pretenciosa, claro que no ?internacional? sino netamente localista.
Tandil no es Petrogrado ni Moscú, y Martínez Lastra no es Lenin. Tampoco sobresale el espíritu bolchevique como estandarte en los trabajadores municipales, apenas un legítimo reclamo de reivindicación salarial.
Todo, acompañado por una fuerte y cada vez más persistente división interna, la que otra vez -y van-, obliga a su líder a terminar poniendo las barbas en remojo.
Martínez Lastra sabe, y bien, de lo que se trata. Lo expuso con tanto enojo como amargura tras la reñida votación que consagró la aceptación de la propuesta oficial el último viernes. Los oscilantes movimientos de la masa sindical continúan erosionando la base de sustentación de su máximo dirigente.
Esta vez, intentó ganarle de mano a cualquier suspicacia y adelantó la postura conciliatoria de la comisión tras eternas jornadas de negociaciones. Tampoco pudo ahuyentar los fantasmas. En cuestión de minutos, los disconformes cargaron contra su muñeca conductora.
No les fue mejor a los trabajadores de la salud liderados desde la Cicop por Pablo Díaz Cisneros, que habían rechazado de plano todos los ofrecimientos, pero perecieron entrampados en su compromiso de avalar la decisión del STMT.
Del otro lado, el Gobierno se regodea bajo el argumento de haber hecho el ?máximo esfuerzo posible?, y de pagar en tiempo y forma cuando la realidad de otros municipios, también mendigos de la Provincia, es sensiblemente más crítica que la tandilense. Incluso, de dedicar a recursos humanos casi el 65 por ciento del presupuesto, cifra netamente superior a la de sus antecesores.
En medio de un clima de crispación -término de moda si los hay- entre trabajadores y Gobierno, bases y sindicato, ciudadanos poco afectos a la tolerancia y municipales, nadie puede -ni debe- arrogarse seriamente éxito alguno en la puja.
Con todo, cerrada la discusión por el desmedido gasto político de la gestión L, los municipales se quedaron con lo poco que el Ejecutivo había decidido dedicarles. Y el Gobierno con la obligación de hacer de nuevo sus cuentas de cara al déficit que se viene.
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