García Barros: ?Fue clave el grupo humano?
Adolfo García Barros vivió, días atrás, uno de los momentos más especiales de su carrera deportiva.
El ex Independiente logró el ascenso al TNA con la camiseta de Tomás de Rocamora de Concepción del Uruguay, conjunto que se consagró campeón de la Zona Sur en la Liga Nacional B de básquetbol.
Tras los festejos en Entre Ríos, “Fito” disfruta en Tandil de su novia y amigos, al tiempo que se recupera de una fisura en el quinto metacarpiano, sufrida en el encuentro en el que su equipo logró el ascenso, ante Alianza Viedma.
El día siguiente a su cumpleaños número 27, García Barros visitó la Redacción de El Eco de Tandil para narrar sus sensaciones de esta reciente consagración:
“Fue un año soñado, cualquier jugador que comienza a jugar una liga se ilusiona con salir campeón. Que se concrete, y de la forma en que se dio todo, hace que haya sido un año excelente, tanto en lo grupal como en lo individual. Estoy muy contento porque crecí mucho en mi juego, tenía una deuda personal, de mejorar, y por suerte pude hacerlo”, comenzó explicando el rionegrino.
-¿Les quitó presión el hecho de no ser candidatos excluyentes al ascenso?
-Sí, es algo que hablamos con un compañero, que era mejor venir de atrás y que todos hablen de otros equipos. Sabíamos del potencial de nuestro plantel, que teníamos un equipazo y por suerte aparecimos cuando teníamos que aparecer, en los play off. Me parece que a Alianza Viedma le jugó en contra y nos subestimó. Lo notamos cuando les ganamos los dos juegos como visitantes, sobre todo en el segundo, en el cual en determinado momento les sacamos como 20 puntos de ventaja.
-De todas formas, Tomás de Rocamora encaró la temporada pensando en ser protagonista.
-Sí, hubo muchas apuestas respecto a jugadores que venían haciendo las cosas bien en otros equipos. Pero lo fundamental creo que fue el grupo, integrado por personas de gran calidad humana y con mucha hambre de ganar. Yo, antes de la final, manifesté que ellos (Alianza Viedma) podían tener mucha experiencia y jugadores provenientes de niveles superiores, pero ninguno de ellos tenía más hambre de triunfo que nosotros. El nuestro era un plantel muy joven, salvo Mauro Sierra, que venía de jugar la final con Huracán de Trelew.
-La consigna para ustedes era no relajarse en la continuidad de la serie luego de haber ganado dos partidos como visitantes.
-Seguro, aparte era difícil frenar la vorágine de la gente, que nos brindó un recibimiento cuando llegamos a Concepción. Uno intenta mantenerse al margen, pero también es difícil abstraerse de los festejos. Pero el mensaje era que la serie era larga y había que mantener la tranquilidad, de hecho la tuvimos en el vestuario después de ganar el segundo partido.
-Se les escapó el tercer juego, en la primera oportunidad para ascender.
-Sí, creo que fue un exceso de confianza. La cancha estaba llena, hicimos las cosas bien hasta el último tramo del partido, en el cual tomamos malas decisiones. Faltando tres minutos pasamos a ganar por cuatro puntos e hicimos cinco ofensivas muy mal resueltas. Además, descuidamos a Beltramella, quien fue el que cerró el partido. Ya la ansiedad comenzó a verse en la semana, con mucha gente yendo a los entrenamientos y después en el partido viajaron los familiares nuestros. En el cuarto partido estábamos más distendidos, aunque sabíamos que no se podía fallar. Un quinto juego, en Viedma, hubiera sido muy complicado para nosotros, tanto desde lo físico como en lo anímico.
-Y la importancia de concentrarse en ganar el segundo en Viedma, evitando conformarse con haber “robado” el primero.
-Claro, una vez que pasamos las semifinales, en una charla de vestuario nos mentalizamos en ir a buscar los dos juegos. Si vas pensando en ganar sólo el primero, lo podés perder y complicarte anímicamente para el segundo. Lo que aprendí de todo esto es que lo fundamental en play off es la parte mental. En la física ya no podés modificar nada y tácticamente se puede realizar algún ajuste, pero lo más importante es la concentración que puedas tener.
-Terminaste siendo parte del quinteto inicial, algo no muy frecuente en el comienzo de la temporada.
-Arranqué alternando, siendo inicial en algunos partidos y desde el banco en otros. Ocurrió que el equipo estuvo muy castigado por las lesiones, de entrada perdimos al “3” titular y capitán (Federico Salvarredy) y se lo reemplazó con un jugador experimentado del medio local (Matías Hansen), con un rol más limitado. En semifinales perdimos a Abel Pascual (escolta), que venía jugando muy bien, por suerte pudimos sacar adelante la serie ante Sport Club. Y ya en la final sumamos a Lucas Barlasina, que es un jugador de jerarquía, que esta temporada jugó en la Liga A (Nueve de Julio de Río Tercero). Por suerte, esta temporada jugué siempre en el perímetro, en muchas ocasiones siendo el base.
-¿Qué tipo de protagonismo asumiste?
-Estaba encargado de darle un poco de pausa al equipo, nuestro base tiene mucho gol pero a veces se acelera un poco. Y pude mejorar en la faceta de tirador, algo en lo que había evolucionado cuando jugué el Provincial en Regatas de Concepción. Quienes me conocían de antes, me marcaron cómo mejoré en los lanzamientos de tres puntos. En los play off fui mucho más protagonista, la pelota pasaba más frecuentemente por mí.
-¿Cómo ocurrió la lesión?
-Venía jugando muchos minutos, siendo uno de los que más estuve en cancha en las instancias finales, y también tuve mala suerte. Frené contra el pie de un compañero. En el momento pasó desapercibido, porque justo se fue la pelota afuera y yo pedí el cambio. Recuerdo que lo primero que hice fue mirar el reloj, ganábamos por 15 puntos y faltaban 3 minutos (en el juego de la consagración). Me saqué la zapatilla para tratarme con el kinesiólogo y me dolía, cuando volví a ponerme el calzado noté que no podía seguir.
-¿Qué tipo de festejos hubo?
-Fue todo muy grande, revolucionamos la ciudad. Desde la despedida de Leandro Palladino (subcampeón mundial en Indianápolis ’02) que en Concepción no se veía tanta gente en una cancha. Después siguió todo en el centro de la ciudad, con la autobomba.
-¿El hecho de que Palladino sea tu apoderado te condiciona a seguir en Tomás de Rocamora?
-Para nada, él siempre me pregunta a mí. Antes de jugar el Provincial con Regatas yo tenía otras ofertas y él me aconsejó muy bien, recomendándome jugar ese torneo, que tiene un nivel competitivo, y dejando de lado propuestas de equipos en los que las cosas no se hacen muy bien.
-¿Pensás en un regreso a Independiente?
-Siempre está en mis planes. Por la ciudad, por los dirigentes, por amigos que tengo acá. De hecho, antes del inicio de esta temporada había testeado cómo venía todo acá. No me supieron confirmar si iban a jugar y yo tenía que dar una respuesta en Rocamora, entonces tuve que tomar una decisión.
-¿Por dónde pasa tu prioridad? ¿La categoría, lo económico, la ciudad en la que te radicás…?
-Es una suma de todo. Hoy, estoy buscando terminar mi carrera universitaria (le faltan dos años para concluir abogacía). Me propuse jugar dos temporadas más y después cortar para poder recibirme. Hoy priorizo lo económico, dejaré todo donde me toque estar, pero considero muy importante terminar mis estudios. Igualmente, cuando la diferencia en el dinero no es tan grande, se toman en cuenta otras cosas. Respecto a la categoría, me gustaría jugar el TNA con mayor protagonismo, me tocó ganarlo pero siendo juvenil y jugando muy poco (en Ben Hur de Rafaela, temporada 2001/02).
-¿Seguiste la última campaña de Independiente en la Liga Nacional B?
-Sí, de hecho estuve algunas veces en la ciudad. Y cuando estaba allá me mantenía en contacto con gente de acá, que me contaba cómo eran los partidos. Cuando enfrentó a Alianza Viedma había apostado un asado a que Independiente lo “barría”, igual hubiera sido todo muy “loco”, enfrentar a mi ex equipo me hubiera generado sensaciones encontradas. Uno siempre sale a ganar, pero no hubiese sido muy agradable enfrentarme a Independiente.
Recuperado
Cuando Adolfo García Barros vestía la camiseta de Independiente, en la temporada 2008/09, en la previa de un partido recibió la noticia de que, en Río Negro, su padre había sido baleado en un intento de robo.
Hoy, “Fito” recuerda el incidente como apenas una anécdota y cuenta que su papá viajó a ver las finales ante Alianza Viedma y después se sumó a los festejos trepándose al autobomba.
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