Gol a estadio lleno
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Por Sergio López *
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEra diciembre el año 1997 y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se presentaban en Santa Fe, una fecha épica donde el clima lluvioso le dio un contexto surrealista, quince mil personas agitando, saltando, haciendo pogo bajo una tormenta y un campo de juego barroso, donde la gente hizo un espectáculo también.
Mi fanatismo por los redondos me lo contagio un compañero de la escuela, que me hizo escuchar el disco Oktubre y ahí arranque con toda mi admiración a la banda .Ignacio se llama fuimos juntos tres años al secundario “Juan D. Peron” . Hoy es abogado, trabaja en los tribunales de Lomas de Zamora, todos los domingos sigue a su querido Los Andes y cada vez que toca el Indio Solari viaja a cualquier parte de la Argentina.
El otro ricotero es José que tiene un lubricentro en Morón y el fin de semana un puesto de choris en el estadio Eduardo Gallardón. Los dos siguen a Los Andes en la categoría que juegue. Yo en esa historia no entro, porque soy hincha de Boca, pero soy el tercer integrante de los viajes ricoteros que hemos hechos durante años.
El recital era la primera vez para mí y la oportunidad de ver a los Redondos, unas ganas contenidas y deseo casi concretado. Hicimos un par de changas para poder pagar las entradas y el traslado, pintamos el patio de mi tía y cortamos el pasto de algunas vecinas del barrio. De conseguir las entradas se encargó Ignacio, tenía varios conocidos y contrato con uno de ellos, el colectivo con los tikets. Una vez que pusieron a la venta las entradas fuimos de los primeros en tenerlas, ya habían hecho esto un par de veces, la gente que preparaba los tours para ir a los recitales te llevaban con entradas.
El colectivo era un Mercedes 11 / 14 de una empresa de transporte público, manejado por un chofer con la remera de Deportivo Morón, secundado por el organizador del viaje, el que nos iba entregando las entradas a medida que subíamos al micro.
La ansiedad nos llevó a estar tres horas antes de que salgamos para Santa Fe, el lugar de concentración era la plaza Miserere en el barrio de Once. Empezaron aparecer varios colectivos de la empresa Plusmar y los escolares color naranja donde viajábamos nosotros. El lugar se empezó a llenar de gente joven en su mayoría, con remeras ricoteras algunas de equipos de futbol, banderas con frases “ ricoteras”, mucha cerveza, cajas de vino y olor a porro. La policía dando vueltas por el lugar tratando de persuadir a un montón de pibes exaltados con ninguna predisposición hacerle caso a la autoridad policial. Se llevaron detenido a un pibe que tenía puesta la remera de Central Ballester, les arrojo un piedrazo al patrullero empezó a correr por la plaza, pero un policía de civil le salió al cruce y termino llevándoselo detenido. Cada vez éramos más muchachos en la plaza, logramos visibilizar a la gente que nos llevaba y fuimos juntándonos cerca del colectivo. Teníamos siete horas de viaje hacia Santa Fe, el micro iba con treinta y cinco pasajeros, de un lado una fila de solo un asiento y la otra para dos.
Nos colocamos en el medio, Ignacio y yo nos sentamos juntos, José a nuestro costado ocupo su asiento. El chofer junto al organizador nos dieron las indicaciones del viaje, las cuales eran, podíamos tomar y fumar arriba del colectivo, todo se descartaba desde el micro en marcha, tres paradas obligatorias y alguna más excepcional. La hora estipulada de regreso, el tiempo de espera para salir de vuelta. Una vez en ruta ya nos juntamos los tres fuimos charlando tomando cerveza que nos llevamos, convidamos y nos convidaron también otras bebidas que circulaban en el colectivo. Por delante nuestro se sentaron dos pibes mas grandes de unos treinta años aproximadamente, mucha charla entre ellos, se agachaban por un instante y volvían a su posición, cigarrillo y una botella de wiski .En una de las paradas estipuladas me pidieron que les compre cigarrillos, accedí al pedido y le traje dos atados de” malboro.
En el asiento de atrás viajaron cuatro jóvenes, de los cuales uno llamaba la atención porque creo fue la única persona que tenía puesta una camisa a cuadros y zapatos de gamuza muy coquetos para un recital. Hablaban de que iban a poner el pecho que el dato era posta y de un viaje a Brasil después de esto .Invocaban al gauchito gil, con su ayuda esto no puede fallar decían.
En la tercer y última parada que la hicimos en Sauce Viejo nos juntamos todos los integrantes del micro, nos convidamos cada uno lo que estábamos tomando, salvo los muchachos que viajaban en el asiento de adelante ellos se quedaron arriba y seguían charlando. El cielo estaba gris, empezó a caer una llovizna, pero a nosotros poco nos importó y seguimos tomando cerveza, charlando y cantando canciones ricoteras.
Una vez cerca del estadio, empezamos a ver algunas corridas de la policía montada contra la gente, palazos y gases lacrimógenos se repetían en los recitales de los Redondos. Se habían convertido en una banda donde las prohibiciones, los informes de los organismos de seguridad se volvieron habituales y conseguir un lugar que los recibiera una tarea difícil. Las ciudades negaban sus conciertos por el tipo de gente que concurría a ellos.
Una vez adentro del estadio, fuimos a buscar lugar a la tribuna para tener una mejor visión del escenario y algo de tranquilidad de tener que estar agitando en el campo donde más gente había. La lluvia era constante ya, pero el agite de la gente también crecía. Arranco el recital con el tema “el pibe de los astilleros”, el estadio estalló en un frenesí imparable, al quinto o sexto tema no recuerdo muy bien, el indio Solari hizo un párate porque la lluvia había mojado algunos equipos lo que hacía tener problemas de sonido. En ese momento la gente comenzó con una guerra de barro que empezó con unos pocos participantes y luego se extendió por todo el estadio, se formaron bandos y literalmente se armó una guerra. Gente trepada en las columnas de iluminación, en los alambrados, cubiertos con sus banderas por la llovizna hacían una imagen dantesca. Nosotros arriba en las tribunas agitando cada tema esquivando el barro que tiraban desde el campo. El “Indio “pedía en un tono enojado que se tuviera cuidado con las consolas, la guerra de barro llegaba a todos lados.
En ese intervalo vi como apareció una pelota de futbol en la multitud que estaba en el campo de juego, el balón iba por las alturas, de arco a arco, por los costados, se dejó de tirar barro y ahora había un partido, claramente sin ninguna regla, había que hacer un gol en cualquiera de los arcos. La pelota volaba por los aires, ningún juego bonito, todo para arriba y arreglársela como se pueda. Encontré dos compañeros del viaje en el partido, venían en el asiento de atrás, uno traía la remera de la banda Dr. Feelgood, por lo que escuche en el colectivo le decían “centímetro” media dos metros y no le escuche la voz nunca en todo el trayecto.
El otro llevaba la remera de River del año ochenta y cinco la de Claudio Morresi, la alternativa de color rojo con rayas blancas. Los reconocí a ambos más allá que ahora el color marrón producto del barro eran sus remeras. Hasta que en un momento vi sobre un arco donde estaba la barra brava de Excursionista la famosa “Banda del Nevado” que cayó un centro y entre todos los integrantes apareció “Centimetro” con un anticipo al primer palo esquivando un codazo de los barras una patada del que estaba colgado en el travesaño y pudo convertir el único gol el que lo grito todo el estadio, algo casi imposible en los quince minutos que duró el ultimo intervalo del recital.
Vuelven con el tema Cruz Diablo para nunca más volver a cortar el recital y la fiesta ya sin lluvia fue un desenlace sin cortes y a puro rock and roll. Una jornada de un aguacero fuerte, la gente la convirtió en un espectáculo surrealista.
Caímos los tres juntos al colectivo para pegar la vuelta, en el mismo asiento, con la misma posición y la verborragia con la que los vi en todo el trayecto seguían los dos muchachos, yo cai rendido en el primer asiento que vi, me puse un buzo que era la pilcha que tenia seca por suerte y me desmaye durante toda la vuelta. Nos tomamos un taxi y fui el primero en bajar, al mediodía me levanto para almorzar en familia, en la televisión se hablaba de dos delincuentes muertos y dos detenidos por un intento de asalto a un supermercado en Santa Fe, la imagen de asaltante muerto me asusta al darme cuenta que era el pibe de la camisa a cuadros con zapatos de gamuza y los detenidos los demás pibes que viajaban en el asiento de atrás.
Sentado en la meza, la pregunta de mi vieja de cómo me había ido en el recital la única y escueta respuesta fue: “Ayer lo viví casi todo”
* Escritor y librepensador - Tandil