Gracias campeón
Señor Director
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDesde Dresden, Alemania, lejano lugar a mi amado Tandil, y siendo ex jugador de la querida escuela de tenis del Club Independiente, deseo compartir estas líneas dedicadas al dueño de quizás la más grande alegría no sólo para los tandilenses, sino para todos los argentinos, en los últimos tiempos.
A Juan Martín Del Potro
La pelota se va larga, te corre un escalofrío por todo el cuerpo, las piernas se te aflojan, querés saltar pero tu espalda se pega al cemento neoyorquino. Te brotan las lágrimas, te llevás las manos al rostro, levantás los brazos y perdés la mirada entre las miles de personas que llenan por completo el Arthur Ashe y que lo único que hacen es gritar tu nombre. Esto le debe haber pasado a Juan Martín.
Pero mientras esto ocurría en la Gran Manzana, a miles de kilómetros de allí, y a muchos más miles de tu casa y de su casa, de tu club que es el club de él, de tu ciudad, que es la de él, vos te encontrás en un lugar de Alemania, a las 3 de la mañana, frente a una pantalla de TV, observando esa imagen, y escuchando a un relator que en alemán menciona a tu país, a tu ciudad, a tu escuelita de tenis. Y en ese instante, en un ínfimo momento de lucidez y raciocinio, te das cuenta que vos también tenés las manos cubriendo tu cara, intentando que las lágrimas dejen de salir, mientras el mismo escalofrío ha empapado tu camisa.
No das crédito a lo que la caja boba te muestra. Mientras tanto un amigo alemán te palmea la espalda sudorosa y entiende por qué los argentinos somos tan pasionales. Porque resulta que el mismo germano está asombrado, el mismo germano está saltando con el puño cerrado y nombrando “¡Argentina!”. En cambio vos no podés gritar. Qué vas a gritar si no tenés aliento Qué vas a gritar si la garganta se ha cerrado y lo único que deja pasar es un mínimo de saliva para poder sobrellevar el trance, para poder asimilar las lágrimas que a esta altura son un manantial constante.
¡Pero para tanto, che! Es una alegría inmensa, pero ni que fueras el principal protagonista.
¿Sabés lo que pasa? Todos los que hemos pasado por ese lugar, por esa misma escuelita, por esas mismas canchas naranjas en donde aprendiste a darle a la pelotita contra una pared y luego a pasarla de un lado a otro por sobre una red, por esa misma cantina en donde te tomabas la gaseosa y comías el sandwich de jamón y queso luego de entrenar. Todos esos “nenes” alguna vez (más de una vez) soñamos con ser campeones en París o en Nueva York. Pero eso siempre lo hacen otros.
Esas historias de héroes de carne y hueso no son de tu barrio, no son de los que juegan con vos durante la semana, sino que son del hemisferio norte. A vos siempre te la cuentan. Vos siempre la vez por TV.
Y resulta que un día, a uno de esos nenes, a uno de los tuyos, al muy insolente se le ocurre convertirse en héroe. Se le ocurre que él será el campeón, en nombre propio y en nombre de muchos que lo quisimos ser. Y a la presunta palmadita que le da el “Barba” desde arriba, él le suma esfuerzo, esfuerzo y esfuerzo. Entonces un día viaja desde Tandil a la tierra del inolvidable Frank, y decide ganarle al número dos del mundo, y al número uno, éste último el mejor de la historia en este deporte que tanto amás. Decide que el lugar de “New York, New York…”, pase a ser ocupado por un lejano y maravilloso lugar el mundo llamado Tandil.
Un insolente, un desfachatado, faltándole el respeto a la historia oficial (la que siempre escribe el “primer mundo”). Entonces no es posible entenderlo con las neuronas. No es posible no sentir lo que estás sintiendo. Porque el cerebro dejó de existir para darle el protagonismo absoluto al corazón. Por lo tanto dejame emocionarme, y dejame sentir lo que siento. Porque hoy el héroe es aquel nene que vos veías entrar a la cancha con una raqueta que prácticamente reflejaba su estatura.
Querido Juan Martín, ¿qué más puedo agregar? Sólo dos cosas. La primera, aunque quede implícito en los párrafos anteriores, mi más profundo y sincero agradecimiento por esta indescriptible alegría que nos has regalado. La segunda, en este mundo mercantilista que día a día pierde los valores esenciales que nos enseñaron nuestros padres y abuelos, me llena de felicidad que el dueño y protagonista absoluto de este logro inconmensurable sea un pibe con una gran humildad, capacidad y tesón como vos.
Gracias querido. Gracias campeón
Diego Bagú
Dresden, Alemania, 15 de septiembre de 2009
DNI 23.450.640
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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