Guerra de élite
La desunión nacional es la moda de Kirchner para condicionar la vida de los argentinos. Sin que ya sorprenda, el Gobierno ha propiciado un nuevo conflicto: esta vez contra los medios de comunicación, a quienes acusa de ser ?los culpables de la derrota electoral? de junio, y en particular, contra el Grupo Clarín, la mayor cadena multimedial de Argentina.
La nueva disputa trasciende al tratamiento legislativo de la norma que el Gobierno propone. A la discusión del proyecto en los ámbitos parlamentarios, y a las audiencias públicas convocadas por la Cámara de Diputados, en estas horas van sumándose in crescendo los cruces por medio de atriles, las manifestaciones callejeras y la licuación de la opinión pública en torno al tema en cuestión.
Los efectos que la aprobación de la norma traería por un lado, y los gestos violentos entre actores próximos al oficialismo y los cercanos a los medios de comunicación, por el otro, han hecho que con la excusa de ?democratizar? los servicios de comunicación audiovisual, hoy la sociedad sea el primero de los rehenes en esta pelea poco trasparente.
Las agresiones que sufrió la diputada justicialista Graciela Camaño al disentir con el proyecto de Ley que Cristina Kirchner envió al Congreso; la aparición de pegatinas contra directivos de cadenas periodísticas, firmadas por grupos afines al oficialismo; el operativo de inspección a Clarín que 200 agentes la AFIP realizaron el día en que ese matutino denunciaba irregularidades en concesiones de la Oncca, son ejemplos del grado de tensión que hoy padece la sociedad argentina.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailConvicciones e intereses
No se sabe a quién pretende conmover, pero en sus discursos, Néstor Kirchner suele repetir que al hacerse cargo de la Presidencia allá por 2003, él prometió ?no dejar sus convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno?.
Sin embargo, como el tero, que grita en un nido y pone los huevos en otro, Kirchner ha maniobrado los destinos del país según otro criterio. Desde 2003, en diferentes circunstancias, ha concebido los problemas y plantado posición sólo según la arquitectura de intereses que encontró a su paso.
Al margen de cualquier profesión ideológica, Kirchner se maquilló con un discurso ?ideologizado? para abordar la disposición de intereses reales que todo gobernante encuentra, pero no lo ha hecho bajo la luz ni la dirección de algún tipo de convicción o ideal.
La muestra está en los tiempos. Las convicciones, que son duraderas, tarde o temprano se muestran. Pero en Kirchner, sus repentinos arranques ?populares? no tienen prueba de duración.
Cabe preguntarse dónde han estado las convicciones de Kirchner acerca de la democratización de la comunicación durante todos estos años. Fueron los intereses y no las convicciones, seguramente concordes a su conveniencia política, los que obviaron una nueva Ley de medios, que hoy consideran ?urgente?.
La incansable recurrencia del ex presidente a ?los intereses? más que a la explicitación clara de las convicciones que profesa, lo muestran como buen seguidor de Tocqueville, afirmando que ?más que las ideas, a los hombres los separan intereses?.
La confrontación permanente como método para sumar poder hizo que la retórica oficialista más que explicación de actos de gobierno, haya sido ?arenga guerrera? para la tropa propia y diatriba frente a ?la contra?.
Afán de conquistarse
Un abordaje binario, simple, piensa la realidad sólo en dos términos: positivo o negativo, presente o ausente, blanco o negro, todo o nada. Uno de esos dos ?polos? supone la ausencia del otro y a la vez lo excluye. Sólo alguien con mentalidad binaria podría decir que postergarse en la jugada del oficialismo para embelesar a la sociedad, significaría defender al Grupo Clarín.
A algunos, para mantener su poder, les conviene que ?pensemos en binario?. Bien lo decía una canción en el pasado: ?los que mandan tienen este mundo / re podrido y dividido en dos, / culpa de su afán de conquistarse??.
No es cuestión sólo de estar del lado del Gobierno o del lado de Clarín. A quienes así interpretan el presente, vale preguntarles por un tercero ausente: la ciudadanía. ¿Dónde queda la voluntad popular que 60 días atrás se expresó en las urnas?
No son las tapas de diario las que hacen ?malo? al Gobierno. Su divorcio con la sociedad se debe a su tozudez e ineficacia para dar solución a los problemas colectivos, expresado de forma preclara el 28 de junio. Sin embargo, la incompetencia oficial tampoco necesariamente vuelve bueno a Clarín, que no deja de ser una empresa privada con intereses privados, pero con el poder de la ?atención pública?.
Guerra de élite
Cuando estalló el escándalo de Skanska, el oficialismo se excusó de sus vinculaciones con el caso argumentando que era un problema entre privados, ?privatizando? un hecho de corrupción que implicaba a funcionarios públicos.
Hoy asumen una lógica similar, pero con dirección contraria: el kirchnerismo recurre a la ?publicación? de una guerra de privados. El Gobierno, en esencia, tiene su carga de responsabilidad pública, que surge de su deber por gobernar en función del ?bien público?.
Pero de manera casi evidente, aquí el Gobierno no está actuando ?en función del bien público?, sino procurando un nuevo monopolio mediático del quiere hacerse, que le sea afín y provechoso. De ahí que el Gobierno se ?privatiza? en intereses mezquinos mientras intenta legitimar ?su cruzada? poniendo a la sociedad misma como rehén.
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