Habrá que pasar el invierno
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Se respira un tufillo extraño en el palacio comunal, cuyo origen no debería sólo buscarse en los despachos de calle Belgrano. Más bien parece que viene de más allá de las fronteras serranas y se retroalimenta en el pago.
Se trata lisa y llanamente de un delicado panorama político y económico o viceversa. Es que muchas veces los avatares políticos del país, la provincia y la ciudad, se ven sujetos a lo económico, pero también en muchos escenarios las situaciones económicas devienen de decisiones políticas.
Algo de eso está ocurriendo y aquel tufillo que se respira no es otra cosa que un malhumor generalizado, a partir de cierta inestabilidad política que tiempo atrás, con la bonanza económica, se disimulaba. Pero los días han cambiado y ya no hay mucha más cintura para evitar los contratiempos que el nuevo escenario impone y los expone.
Así, habrá un sinfín de fastidios y resquemores internos que luego se trasladan a otros sectores, no sólo contra la oposición política circunstancial, sino con aquellos actores que, de alguna u otra manera, le ven trastocada la agenda, y ahí el encono encuentra su blanco, incluso en la prensa de allá y más acá también.
La tensión que reina a nivel nacional se traslada a la Provincia y desde allí también se derrama a los municipios. Desde la administración sciolista se admite la presión que está soportando el mandatario, que lo llevó incluso a declamar sus aspiraciones presidenciales. Desde el mismísimo entorno se reconoce la tirante convivencia con el kirchnerismo encarnado por Mariotto.
De todas formas, admiten cierto desconcierto a la hora de definir si el acecho económico que está padeciendo la administración deviene de cierto hostigamiento político por quien resultaría un potencial contrincante o más bien redunda lisa y llanamente en una economía en baja que promueve a ajustar los cinturones como nunca antes desde asumidos al gobierno, allá por 2003.
Aquella realidad que pareciera lejana en kilómetros con la ciudad de las sierras no lo es tanto. Tal vez como nunca, el lunghismo deberá afrontar una administración con menos recursos de los proyectados y, a la fecha y más allá de algunas declaraciones en tal sentido, no ha habido gestos de austeridad.
En tren de comparaciones con otras administraciones comunales, Tandil siempre cuenta con una luz de ventaja que lo hace mirar con más optimismo: su economía diversificada.
De todas maneras, es evidente el malhumor reinante, que encima se combina peligrosamente con cierta apatía sino parsimonia de buena parte de los soldados del Gabinete, que pone los pelos de punta al pediatra que trabaja de intendente.
Alguna de esas sensaciones se expusieron en una reciente reunión sabatina en la que los principales asesores alertaron a los componentes del equipo -con Lunghi presente- sobre determinados desacoples e inacciones de quienes deben de una vez por todas subir a escena no sólo para las maduras y cubrir las espaldas precisamente del jefe comunal.
Ya varios se animan a traer del cajón de los recuerdos aquella frase que quedó acuñada en la historia argentina, con eso de que “hay que pasar el invierno”. Es que los principales analistas pronostican un tiempo económico inestable, con chaparrones políticos intensos. *
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