Hágase mi voluntad…
Los chaparrones pasajeros a los que nos tiene acostumbrados este verano incipiente hacen que afloren algunas miserias humanas directamente vinculadas al individualismo.
Provoca indignación, furia y un visceral repudio la actitud de muchos automovilistas que circulan a gran velocidad por las calles céntricas, pisando charcos a mansalva y salpicando a los peatones que caminan por las veredas.
Más de un conductor aprovecha para lavar su auto en las enormes lagunas que conforma nuestro histórico empedrado y, como bonus truck, se regocijan al observar que los caminantes deben pegarse a las paredes para mantener cierta compostura en su imagen.
Ninguno de ellos conoce de la situación y los compromisos de aquellos a los que ?bañaron? con el agua barrosa de los cordones. Sin embargo, en una suerte de ?hágase mi voluntad?, se adelantan por la derecha, no permiten el paso a los peatones que cruzan por las esquinas y comenten todo tipo de infracciones, en detrimento de todos los que deben caminar bajo la lluvia.
De vez en cuando se escucha algún grito de reproche, pero la mayoría de los afectados se resigna o busca estrategias para sortear las acciones de los irrespetuosos automovilistas.
Parece un tema menor el que le asiste a esta columna. Lo lamentable es tener que reflejarlo en la página del Diario, porque esto da la pauta de que realmente ocurre. Que no se pierda el respeto por el otro, que es lo único que permitirá que se mantenga unida la comunidad.*
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