Hermenegildo Sábat en el Mumbat
Nació en Montevideo en 1933 y es una de las personalidades más llamativas del cono sur. Residente en la ciudad de Buenos Aires desde 1966 y ciudadano argentino desde 1980, hace más de 30 años que sus comentarios periodísticos en forma de caricatura se publican en el principal matutino porteño Clarín, convirtiéndose, sobre todo en períodos en que la libertad de expresión se vio seriamente limitada, en una de las voces más prestigiosas. El Mumbat tiene el honor de contar con una vasta producción de sus óleos en las salas de la institución a partir del 29 de septiembre, donde exhibirá “Héroes de la dependencia”. Nos relata Marcelo Ruiz el espíritu de ésta muestra de Sábat de la siguiente forma: “Están ahí. Y allá. O donde estuvo aquella sombra. Son los que habitan el espacio suspendido de una certeza, el haberla peleado. Y hoy atraviesan las bocinas, enfrentan los crucigramas de las avenidas, se sientan en la mesa del fondo, miden las monedas y piden un cortado. Fumándose los recuerdos. Hablando a media voz con los fantasmas de ellos mismos. Discutiendo con la conciencia. Repasando esas historias mínimas. Pero propias. De cuando bailaban con la más fea. Aquel tiempo de creer. Pálidos de luna y sueños. Vestidos de ganas con pancartas de gritos en plazas llenas. Pintando las paredes de quimeras y desprejuicios. Inventando un mundo de convicciones. Con la ingenuidad de los santos, el entusiasmo de los locos y la riqueza de pobres. Sus propias vidas. Encandilados de futuro. Reclamando por ese otro que es uno mismo. Abrigando promesas. Incumplidas. Gastándose hasta la última utopía. Descubriéndose expulsados de todas las tierras prometidas. Soportando los días de las noches negras. Oliendo el miedo y el oprobio. Aguantando. Espiando por el resquicio del insomnio la débil luz de la mañana. Esperando. Esperado siempre. Que es otra manera de luchar. Y aquí están. Aferrados al mismo rezo: lo intentamos, lo intentamos, lo intentamos. Desfilando silenciosos entre los que dieron batalla. Con el dolor en bandolera. Pero ocultando heridas por pudor. Actores anónimos de una leyenda diaria. Guerreros sin estatuas ni tumbas. Héroes de la Dependencia. Alguien tenía que rendirle honores. Por eso se inclinan en cálido homenaje los pinceles elocuentes, sabios y amables de Hermenegildo Sábat”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLas caricaturas de Sábat acentúan algunos rasgos de sus personajes, deforman, pero lo necesario para traducir una intención sin violentarlos, manteniendo siempre el contorno de la forma de los rostros. Al analizar las obras de Sábat (dibujos, caricaturas, pinturas), notamos que la abrumadora mayoría tiene como eje el retrato: el rostro y el cuerpo humano. Además de seguir dibujando, lenguaje que no abandonará nunca, en la década de los sesenta Sábat comenzó a pintar. Sus pinturas de entonces estuvieron dedicadas a personajes notables y notorios, de las artes visuales, de la literatura, de la música, de la política: su amigo, el caricaturista Al Hirschfeld; el pope de la crítica de arte de a Argentina, Jorge Romero Brest, fumando un habano infinito (El Profesor Ego); Borges, Paco Espínola, Lezama Lima, Louis Armstrong, George Gershwin y Carlos Gardel –el Troesma–, Domingo Arena y Marylin Monroe y hasta el Dr. Sigmund Freud, entre otros muchos, a los cuales primero había cultivado en sus caricaturas. El tema del parecido, la cualidad metafísica del parecido, constituye la motivación central de la experiencia de Sábat como pintor. El caricaturista manipula un vasto repertorio de tales esquemas, vueltos conocimiento que aplica y corrige. Los retratos de este Olimpo personal de Sábat alcanzan un grado de humanización trémula. En estas pinturas, Sábat acude a la materia (casi informal) y, también, al dibujo neto de la silueta, del contorno de las formas que pueblan estos paisajes, y de allí emerge una tensión de opuestos que dota a las obras de gran fuerza expresiva.
Un relato de Elba Pérez sobre su pintura, nos aporta: “Los personajes creados por Hermenegildo Sábat, parecen salidos de un sueño o de una pesadilla. Estos personajes fueron captados y metabolizados por la pintura, desde ese mirar hacia adentro, autorreferente, donde se condena o legitima toda mirada. Sábat encara sus obsesiones y pretende resolverlas con la pintura. De reojo, merodeando la presa, su mirada atrapa su imagen fugaz. Este ejército de sombras, de rostros transfigurados, sometidos a veces a distorsiones violentas y recomposiciones tal vez más fuertes, se trasforman en signos plásticos. Es conveniente investigar estas visiones buscando alguien conocido. Vale la pena, cuando se barrunta la identidad del modelo, corroborar que está allí, presente a pesar de la metamorfosis que le impulsó Sábat. Se puede ir aun más lejos y comprobar que la semejanza esencial es mayor cuando mayor fue el poder de la distorsión ejercido sobre la semejanza aparente. La imagen parece advertirnos Sábat, tiene que desprenderse hasta de la razón. Hay por lo tanto una sucesión de despojos y renunciamientos de distorsiones aceptadas que remiten al secreto obrador de la percepción del artista.
Por su parte, Marta Traba advirtió que Sábat pinta con saña, con amor, con ironía y con ternura. Con el trastorno de la lógica Sábat da acceso a otras revelaciones más profundas. Estas surgen del comercio entre el color y la forma que dan verosimilitud a las propuestas mas peregrinas. En esas ocasiones el pigmento se agruma, toma densidades secretorias impone un ritmo violento a la pincelada….Porque se recuerda con ira y se pinta para no olvidar. Sábat huye de la rutina tanto como de la desgracia de plagiarse a sí mismo. Cada imagen debe, él lo sabe, encontrar su acento propio. El óleo es, lo ha dicho Sábat un noble instrumento al que ha de ganarle el sonido. El oficio de pintor purga a Sábat del comercio excesivo y obligado con la realidad. Está obligado a observarla diariamente, con respuestas cuya eficacia de adivinación y soberanía del dibujo se conoce sobradamente dentro y fuera del país. En esta comedia humana hay pocas protagonistas femeninas. La viuda de marras y la seducción transida de Marilyn Monroe constituyen las excepciones al predominio masculino…”.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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