Hola, soy Manchita
Señor Director:
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDurante mi vida recorriendo las calles de Tandil conocí a mucha gente. Muchos fueron muy buenos conmigo y establecí una relación de franca camaradería y hasta de ?compinches? con ellos. Me gustaba sobre todo estar con los chicos, escuchar sus risas y ver cómo se mueven ligeros, a veces como el viento. En cambio, algunas otras personas fueron muy intolerantes, demostrándome su rechazo hasta con violencia.
Inclusive una vez fui perseguido por los señores de una repartición municipal que tiene las oficinas en la avenida Colón según me dijeron, aunque nunca entendí qué delito había cometido según ellos. Sin embargo, miren lo que son las vueltas de la vida. Gracias a ellos conocí a la abuela Ketty, quien me brindó un lugarcito en su casa y su corazón, al igual que la mayoría de sus vecinos. En esa casa conocí más seres como yo, cada cual con sus historias de alegrías y tristezas, pero ninguno de ellos jamás perdió la mirada de esperanza en un mañana mejor.
Este es mi mensaje póstumo, ya que después de que murió la abuela Ketty yo quedé muy triste y casi imperceptiblemente me fui enfermando. Vino gente que deseaba brindarme un hogar y cuidarme, pero algo dentro de mí se había ido con esa mujer tan buena que me demostró que el amor incondicional existe. ¿Sabían que los chinos dicen que la tristeza se asienta en los riñones? Justamente ahí descubrieron que estaba mi mal.
No se pongan tristes por mí. Sólo recuerden que hay muchos otros afuera como yo necesitando un hogar y sobre todo amor. No tengo nada que envidiar a nadie. Mientras estuve viviendo en la calle, tal vez nunca disfruté de los mejores manjares o tuve la mejor atención para mis problemitas de salud, pero eso sí, disfruté de la libertad y el cariño de mucha gente. Sólo les pido esto: cuando vean a alguien como yo, buscando comida, no se enojen con él. Piensen que alguien lo abandonó a su suerte y él sólo está tratando de sobrevivir lo mejor que puede.
Si Ud. que está leyendo esto quiere evitar que tantos otros como yo deambulen por la ciudad, ayude a la gente que trabaja por los derechos del animal, haga castrar a su mascota para evitar más nacimientos de perros que pueden terminar abandonados. ¿Sabe que hay una ley nacional que nos protege? ¿Sabe que hay dos ordenanzas en nuestra ciudad que tratan específicamente sobre nuestra problemática y que lamentablemente a veces los que tienen el deber de aplicarlas, las violan?
Por eso, sea buen ser humano y ciudadano: defienda sus derechos porque si lo hace también estará defendiendo los nuestros.
Con mucho cariño, lo saluda Manchita, en honor a la abuela Ketty.
(Manchita hoy ya no está con nosotros, pero sí con la abuela Ketty, quien lo había adoptado para librarlo de un encierro injusto. Hoy deben estar los dos mirándonos desde una estrella).
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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