Homenaje a Enio Iommi en el Mumbat
En los inicios de su carrera esculpir el espacio fue lo que se propuso Enio Iommi. Ser artista para él fue debatir y experimentar. Tanto fue así que junto a otros integrantes del Movimiento Arte Concreto Invención –una de las vanguardias artísticas más importantes de la historia del arte argentino– buscaron la manera de volver a hacer conciliar la plástica con la vida diaria, haciendo del arte una herramienta revolucionaria. Del mencionado movimiento, Enio con su hermano Claudio Girola fueron el ala escultórica. Siendo a partir de 1945 los concretos los que invadieron la escena de la plástica argentina, Enio inventó una forma de modelar en el vacío. De esta primera etapa de su producción son Direcciones y Continuidad lineal (ambas obras están en el Museo de Bellas Artes). En ellas el volumen no existe. Son sólo líneas –de hierro, de aluminio, de acero inoxidable, todos materiales no convencionales para la escultura del momento– enfatizando direcciones en el espacio. Así anuló la finalidad decorativa, los procesos y los materiales de la estructura tradicional.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl mismo instinto libertario que lo acercó a la utopía concreta también lo alejó del movimiento. Durante la década del ‘50 Enio inauguró una segunda etapa: las líneas directrices dejaron lugar a planos metálicos que se pliegan y retuercen en formas espiraladas; una geometría que se abre a la libertad. Su obra cobró proyección internacional: viajó a la Exposición Internacional de Bruselas en 1958 y a Zurich en 1960 donde representó a la Argentina en la II Exposición Internacional de Arte Concreto; participó –fuera de concurso– de la Bienal Internacional de San Pablo de 1961 y en 1964 integró el envío argentino a la Bienal de Venecia; hacia 1968 recorrió varios países europeos invitado por el gobierno italiano, participó de la I Bienal de Nürember en 1969 y realizó esculturas para el municipio de Cannes. Del año 60 es la obra “Tandil” de metal y piedra, que donó al Mumbat hace aproximadamente diez años cuando inauguraba su directora la Gnocchini Indiana su primera muestra en nuestra ciudad.
Con la obra “Algo pasó al cubo” de 1972 Enio daba ingreso a la tercera etapa de su carrera. Utilizó materiales de desecho para realizar estructuras en las que se combinan lo abyecto con la violencia y la ironía. Los muñecos brillantes mezclados con las maderas viejas y los fierros oxidados le dan una atmósfera siniestra, en la que resuena el clima de época que se vivía en la calle por entonces.
Su historia de vida
Enio Iommi nació en Rosario en 1926.Hijo de inmigrantes italianos, en 1936 comienza a trabajar en el taller de escultura funeraria, ornamental y conmemorativa de su padre. Allí aprende algunas técnicas tradicionales, entre las que se hallan: cincelado, talla directa y modelado en arcilla y yeso. Cultivó de su padre el oficio de la escultura y de su tío, el poeta Godofredo Iommi, el espíritu vanguardista. Tomó clases de dibujo con al artista Enrique Forni hasta que se trasladó a Buenos Aires, y en su nuevo atelier comenzó su trabajo con metales.
A mediados de la década de 1940 formó con su hermano Claudio Girola, Tomás Maldonado, Alfredo Hlito, Raúl Lozza y Manuel Espinosa, entre otros, la Asociación de Arte Concreto-Invención, siendo las propuestasestéticas de este movimiento las que marcaron uno de los puntos de ruptura con las expresiones artísticas argentinas de entonces. Frente al arte tradicional basado en la representación ilusoria, el grupo tomó como referente los postulados constructivistas y abstraccionistas. La autonomía que se buscó a partir de un arte no figurativo tuvo su desarrollo en las indagaciones en torno a la lógica científico-matemática. La austeridad y el ascetismo dado por la economía de los medios fueron la consecuencia de este período concretista.
A través de la geometría como herramienta, Iommi construyó estructuras lineales y direccionales. La apertura escultórica lograda fue el resultado de su capacidad para percibir el vacío como un elemento más dentro de las composiciones.
La Tavola Calda
Calda es el nombre del grupo de artistas que se unieron para homenajear en el Mumbat a su maestro Enio Iommi. Quienes formaron parte de la experiencia fueron Matilde Algamiz, María Luz Álvarez, Luis Davio, Ester Dentice, Mariela Di Maio, Rafael Girola, Vali Guidalevich, Diana Lebensohn, Ester Nazarian, Mechi Ramognini, Hugo Sciaini, Paula Vieyra, Rosa Wolkowiski y Poli Wulff, con curaduría de Mariana Rodríguez Iglesias, diseño sonoro de Luis Marte y montaje a cargo del Mumbat. En el transcurso de la inauguración realizaron una visita guiada, por cada intervención, recorriendo la línea de tiempo que los unió Iommi.
Todos los artistas participantes homenajearon a su máximo referente de la mejor manera: haciendo lo que le gusta hacer, crear en el espacio.
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