Hoy cumple los ochenta el papá de Mafalda
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El humor puede generar dos llantos: uno literal y otro íntimo. El llanto producto del exceso de risa, ése que no se puede controlar mientras uno tiene la cara prácticamente desfigurada por la carcajada compulsiva y se acompaña con una contracción de los abdominales; ése es el literal. El íntimo es ese llanto que no genera lágrimas reales pero sí un estrujar del alma por estar frente a una triste realidad convertida en una pieza humorística.
Se podría decir que Quino es un catedrático del llanto íntimo. Sus dibujos son tesis de magisterio del "me río por no llorar". Un ladrón le roba a una mujer; un policía detiene al ladrón; ladrón y policía se saludan como amigos de toda la vida. La mujer los denuncia. Policía y ladrón sentados en el banquillo del acusado; entra el juez; se saludan los tres como amigos de toda la vida. Ese tipo de situaciones dibujó durante años. Muchos años. Más de 50. Sólo durante 10 le dio vida a Mafalda y, sin embargo, alcanzaron para que hablar de él sea sinónimo de hablar de ella. Se convirtieron, sin querer, en esas parejas simbióticas que hacen todo de a dos y, a la larga, con fascinación y crisis varias de por medio, se terminan acostumbrando el uno al otro.
La niña de sus ojos
–¿Qué es, entonces, lo mejor y lo peor que dejó Mafalda en su vida?
–Lo mejor, eso, el afecto de la gente. Y lo peor, que me hablan más de Mafalda que de toda mi otra producción. Porque la otra producción de humor son 50 años de trabajo mío. A Mafalda la hice 10 años y nada más. Me apena que la gente la deje un poco de costado cuando creo que tengo ideas bastante más buenas que las de Mafalda. Pero bueno, entiendo que a la gente le cueste identificarse con un dibujo que cambia cada semana.
–¿Qué puntuación se pone como dibujante?
–Un 8. Y los 2 puntos que faltan se deben a falta de talento.
–Si a usted le falta talento, ¿quién sería un 10?
–Picasso, que era un gran humorista. ¿Acaso no has visto a la langosta de mar peleándose con un gato? Más humor que ése… Me hubiera gustado ser Picasso.
–¿En quién ve su legado?
–Me han dicho que hay que ver a los jóvenes que tienen sus blogs en Internet, que tienen cosas geniales, pero lamentablemente no uso Internet, soy un analfabeto de la informática. No me siento mucho en la computadora. Me parece una maravilla la tableta ésta, hay algunas que vi que tienen guitarras, pianos, una hermosura.
De la armónica al lápiz
–¿Usted toca algún instrumento?
–Tocaba la armónica cuando era jovencito, después dejé por el lápiz.
Formó nido en más de una ciudad alrededor del mundo. De su Mendoza natal se fue a los 19 años a Buenos Aires para probar suerte con sus dibujos, pero antes de cumplir el mes volvió a su casa sin trabajo. Regresó tres años después, ya para instalarse en un cuarto de pensión de condiciones muy precarias. El semanario Esto es fue el primero en publicarle una página de humor. De ahí en más: Vea y lea, Leoplán, TV Guía, Siete Días, Rico Tipo, entre tantas otras. Pero en 1976, durante la última dictadura militar, un grupo armado rompió la puerta del ascensor de su departamento. Coincidentemente, Quino se había negado poco antes a hacerle una ilustración a José López Rega, entonces ministro de Bienestar Social. "Ya había bastante gente desaparecida y algunas estaban en mi agenda, así que era peligroso quedarse", confesó tiempo después. Junto con su mujer, Alicia Colombo –con quien nunca tuvo hijos-, hicieron las valijas y se fueron a vivir a Milán.
Durante la última Feria Internacional del Libro se pasó dos tardes enteras firmando autógrafos, escuchando una y otra vez "gracias por todo, Quino", "lo leo desde que soy chiquito", y otras frases de ese estilo. "Acá la crisis parece no notarse, el entusiasmo que hay por todo lo que sea cultural en la Argentina me sigue sorprendiendo. De las muchas cosas buenas que tenemos, una es ésa. Lo que es lamentable es que Mafalda sigue diciendo las mismas cosas y tienen sentido porque el ser humano sigue cometiendo las mismas estupideces de siempre".
–Lo dice un poco indignado…
–Es que me indigna, claro; el ser humano sigue repitiendo sus estupideces. Es bastante angustiante seguir hablando de lo mismo que volcaba en mis dibujos hace 30 años, pero hay que tomárselo con cierto humor.
–¿Hace mucho que no dibuja?
–En realidad tengo muchos problemas de vista. Escribir, escribo de memoria. Pero con el dibujo no se puede.
Una temeridad
–¿Cómo le caen los 80?
–Como dijo Borges: " es una temeridad" (risas). Me parece una buena definición. Uno ya está privado de mucha energía que tenía cuando era joven y ahora hace falta, eso se extraña. Quisiera tener la energía para poder seguir haciendo cosas durante mucho tiempo, aunque ya sé que mucho tiempo no me queda.
–En la biografía de su sitio web cada año de su vida está acotado con algún hecho de la realidad nacional e internacional, ¿por qué?
–Porque uno no puede despegarse de la realidad mundial. Yo leo el diario todos los días. Ahora, por ahí, me pongo a leerlo en la tableta, vaya uno a saber (risas). No, mentira. Mi mujer tiene una pero no creo que se la use. La primera parte que leo es siempre la primera página. Y luego Internacionales y luego lo que pasa en Argentina, porque lo que sucede en Argentina depende de lo que sucede en el mundo. Lo que pasa es que acá hay poca gente que se da cuenta de eso.
–Apenas pisó suelo argentino se acababa de nacionalizar YPF…
–Acerca de eso pienso que es positivo que un país recupere sus recursos naturales, por supuesto. Pero yo no vi a nadie saliendo a la calle cuando YPF se vendió. Eso es lo triste.
–¿Tiene alguna cuenta pendiente en la vida?
–No haber dibujado mejor de lo que dibujé.
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Joaquín y Quino
Su vida como dibujante comenzó a los 3 años cuando vio a su tío Joaquín dibujar para entretenerlos a él y a sus hermanos cuando sus padres salían al cine. Pese a la corta edad fue consciente en ese instante de las posibilidades infinitas que le podía dar un simple lápiz. Joaquín, ese tío al que le copió involuntariamente el nombre, era pintor y dibujante. Eso lo convirtió en responsable de dos cosas que marcaron la vida de Quino: su apodo y su profesión.
Hijo de un matrimonio de inmigrantes andaluces, nació en Mendoza el 17 de julio de 1932, aunque su documento delate que lo registraron exactamente un mes después. Sus dibujos nunca estuvieron pegados en la heladera de su cocina –y mucho menos las notas que sacaba en el colegio, pues nunca se destacó como un gran alumno–, pero sí había negociado con su madre que ella lo dejaría dibujar sobre la tabla de la mesa de álamo de la cocina siempre y cuando él la cepillara con jabón luego. Infinidad de dibujos por los que hoy se desesperaría más de un fanático, se fue entonces con el agua.
A sus 13 años murió su mamá y a los 18, su papá. Paradójicamente a su realidad familiar, en algún momento en el medio decidió que el humor sería el protagonista en sus dibujos. Era la época en la que soñaba con ser, por lo menos, ayudante de Divito. Se anotó en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Cuyo, pero la soberbia de la edad lo traicionó y abandonó en el segundo año. "Cometí la estupidez de dejar de frecuentarla y después tuve que aprender todo lo que me hubieran enseñado ahí como un tarado en un esfuerzo loco y malo", confiesa. "Lo que le puedo decir a los jóvenes es que no crean que después de Picasso uno puede seguir dibujando como se le da la gana. Hay que estudiar la figura humana, la anatomía, la historia del arte; todo eso hay que estudiar para poder ser, luego, como Picasso, que rompió la figura humana porque sabía dónde había que romperla".
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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