?Hoy las islas están más lejos que antes?
Antes de asistir a la ceremonia por el Bautismo de Fuego, Carlos Enrique Corino, Manuel Valdevenítez y Roberto Janett abrieron para este Diario la página de una historia vivida en carne propia y relataron su experiencia en la Guerra de Malvinas.
Los tres convergieron en el teatro de operaciones desde distintas tareas y hoy reflexionan sobre lo que vivieron, sobre el pasado y el presente de Argentina. Afirman que la experiencia más intensa que atravesaron fue la de trabajar en equipo.
-¿Cómo se enteraron de que la Guerra de Malvinas había comenzado?
Carlos Enrique Corino: -Yo era jefe del Grupo 8 de caza en Moreno y la noche del 1 al 2 de abril hubo un adiestramiento especial de Mirage. Como había sido destinado hacía poco tiempo, mi preocupación era ponerme a tono con mi nuevo sistema de armas. A las 5.45 de la mañana me golpean para decirme: ?Señor, ¿sabe que recuperamos las Malvinas??. ¡Se imagina mi sorpresa! Yo tenía una escuadrilla de M3 en Gallegos y otra en Comodoro Rivadavia y no tenía función en el teatro de operaciones sur. Mi función en caso de conflicto era jefe de Estado Mayor de la zona de seguridad de frontera noreste. Cuando esto me sorprende, pedí todas las autorizaciones correspondientes para estar en el teatro de operaciones, porque mis pilotos iban a estar ahí. Me dieron lugar y me mandaron allá. Me tocó comandar el escuadrón de Dagger con la gente de Tandil que eran subordinados de un compañero y amigo mío. Para mí fue un gran honor, porque toda la gente que intervino tuvo mínimo 120 personas en la zona, en el sector de defensa, alojados en una base aeronaval en Río Grande. Para mí era gente nueva. Allí conocí el alma de esta unidad. Tuve el gusto de vivir con ellos y comprobar la profesionalidad con que actuaron. La gente que estuvo bajo mi dependencia hizo correctamente lo que tenía que hacer. No era más que servir a la Nación en un momento difícil. Las cosas fueron como fueron.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl comienzo del combate
-¿Cómo recuerdan el comienzo de la guerra?
Ricardo Janett: -La noche anterior al 1 de mayo tuvimos el cumpleaños de uno de nuestros pilotos y a la mañana siguiente amanecimos con la noticia de ?tomaron las Malvinas?. No sabíamos nada. Siendo una de las unidades de élite, no lo sabíamos. Esta unidad ya estaba preparada y afianzada y teníamos experiencia, pero nos sorprendió a todos. Malvinas siempre fue un objetivo nacional, un sentimiento patriótico que lo aprendimos desde chicos en la escuela.
Unos años antes hubo un operativo muy grande que dividía la fuerza en dos bandos y se hacían una serie de acciones y había árbitros que dictaminaban quiénes eran derribados. Esos tenían que volverse con el avión. Cuando derribaban a alguno, las mujeres estaban contentas porque uno volvía antes. Mi hijo mayor vio que eso era bueno porque el papá volvía, hasta que empezaron las acciones. Cuando vio por televisión que el avión está destruido, que iban a rescatar, mi hijo entró en crisis y dijo: ?Tiran con balas en serio? y fue una situación difícil.
Vivencias de la guerra
-¿Cómo experimentaron la guerra?
Carlos Enrique Corino: -Esa fue una batalla, que es parte de una guerra y la guerra tiene algunas características: violencia, niebla, incertidumbre y azar. Así que todos esos factores confluyeron en el momento de Malvinas. Particularmente nosotros nos preparamos toda la vida para defender a la Nación con profesionalidad y me tocó ir a comandar y mandar gente a morir. El 1 de mayo yo perdí a Ardiles y a García Cuerva. Ese día yo perdí esos dos pilotos.
Ricardo Janett: -Fue el golpe con la realidad. En esa época se acostumbraba al despliegue de los escuadrones. Nosotros en el año vivíamos sólo tres meses en Tandil y el resto recorríamos el país con diferentes unidades. Pero principalmente operábamos en Gallegos. Eso nos permitió llegar a Río Grande dominando la zona sur. Así nos habíamos empezado a consustanciar con el equipo y con el radar. Lo destacable es que acá se hizo un excelente trabajo de equipo.
Los miedos y la realidad
-¿Qué preocupaciones sentían?
Ricardo Janett: -Cruzar el charco era un temor terrible porque estábamos acostumbrados a volar sobre tierra, nunca sobre mar. Sabíamos que si caímos al agua teníamos tres minutos de vida porque nos congelábamos. Así aparecieron pilotos congelados en los botes. Se salvaron aquellos que cayeron en el agua, muy cerca de la tierra y pudieron llegar a la isla. Como la operación nuestra en principio no era ofensiva, sino en base a lo que el inglés hacía, tuvimos mucho tiempo de espera, que fue muy desgastante.
Nos turnábamos tres o cuatro horas para estar en alerta en la cabecera por si se recibía el ataque… Estaba frío y vivíamos la tensión de ver salir… Nosotros vimos salir a Ardiles y no volver, no volver, no volver… y escuchábamos la frecuencia del radar.
En un momento sentimos que no podíamos esperar más. El 15 de mayo, me dice un muchacho: ?Yo quiero salir, aunque no vuelva… ya no doy más?. No podíamos dormir de noche.
El 21 de mayo fuimos los primeros que atacamos en San Carlos y cuando estábamos entrando en el ataque, éramos tres aviones. Entramos y vimos el desembarco. Parecía como cuando uno vuela sobre Buenos Aires y en San Isidro ve todos los barquitos. Les falló el pronóstico y había sol, así que ese día parecía un puerto lleno de barcos. Cada uno preocupado por su avión y yo no sé que pasó con los que estaban al lado mío… Fue ver que a este chico lo alcanzó un misil. Y ahí escuché: ?Se eyectó el dos?… Hay que pensar que estábamos a máxima velocidad, a más de mil y pico de kilómetros por hora… Era una eyección marginal. Y esa velocidad produce desmembramientos y eso lo pudimos comprobar. Este chico debe haber caído desmayado en el canal y se debe haber ahogado… ésta es mi interpretación.
El sentimiento patriótico estaba muy arraigado en nosotros. ¡Hubo tales actos de heroísmo de gente que volaba lears! Se quedaban para traernos de vuelta. También hubo actos de temor… muchos teníamos miedo… todos. Teníamos muchas cuestiones terrenales que nos aferraban, como las esposas, los hijos… pero cundía el ejemplo. Y eso formó un grupo sin defecciones. El eslabón más chico también hace que funcione el engranaje. En esa época todos íbamos a misa, comulgábamos, porque estábamos cerca de la guadaña… Y era de destacar que uno de los mecánicos, cada vez que salíamos entregaba su crucifijo y volvió todas las veces. Otro armero ponía en la mira el crucifijo sin que lo supiéramos. Ver a mecánicos, a la gente joven de 20 años, era un sentimiento de todos los que estábamos en lo mismo. Si nosotros no teníamos el casco limpio, lo que parece una tontera, una manchita en el visor, o era una manchita o era un avión.
Ojo privilegiado
-¿Cómo vivió la experiencia en su tarea de radarista?
Manuel Valdevenítez: -Fue la culminación de una tarea para la que fuimos preparados en la Fuerza Aérea. En ese momento, una inteligente conducción y una comunión entre los pilotos y los radaristas dieron como resultado operaciones muy eficaces.
Lo que nos tocó vivir a los radaristas lo habíamos practicado en un montón de ejercicios, pero ahí vivimos cosas reales, como el piloto que vuelve de una misión en estado de tensión, o cantando, o insultando, o calladito y uno trata de comunicarse con ellos para darles tranquilidad y devolverlos a casa. A veces se logra y a veces no.
Es espíritu de equipo lo que había en ese grupo. Acá está el resultado, porque después de 27 años seguimos dándonos un abrazo con emoción y continuamos honrando a nuestros muertos. Hay héroes vivos y muertos. Mis hijos siempre me preguntan: ?¿Héroes son los que murieron?? No… yo he visto gente en distintos puestos cumpliendo diferentes misiones que en época de paz no se cumplen. Hemos visto gente mayor de edad limpiando una pista llena de hielo y les decíamos: ?Cuidesé… usted ya es grande? y no, ahí iban.
La guerra son las veinticuatro horas. El radarista es el primero que se entera de los que vuelven y de los que no. Era tremendamente pesado cuando la conducción preguntaba quiénes volvían. De los cuatro volvían dos, volvía uno, o uno que salió solo no volvió. Nosotros somos los primeros que vemos a quien se va y a quien viene. Somos los ojos de la defensa.
Capítulo personal
-¿Y sus familias?¿Cómo vivían estar lejos de ellas?
Manuel Valdevenítez: -Ahí estaban los que nos daban fuerza para combatir. Con todas las maniobras militares que mencionamos, no hay que olvidar el apoyo que teníamos de nuestras familias. El llamado telefónico, la carta dándonos aliento, diciéndonos que no nos preocupáramos. Yo me fui cuando mi mujer tenía un mes y medio de embarazo, sin saber si volvía o no. Hoy me está acompañando en Tandil la hija que nació en esa época. Qué me dijo mi hija: ?Yo quiero ir con vos y estar en el acto?. Ese apoyo siempre lo tuvimos. Siempre nos cuidaron y ésa fue una inyección.
Ricardo Janett: -Somos trashumantes en nuestra vida profesional, no éramos originarios de Tandil y nuestras mujeres quedaron solas en la ciudad, sosteniendo lo más importante que teníamos, la familia. Tuvieron que esperar que nosotros volviéramos, sin saber, con toda la tensión.
Todo fue equipo y por ejemplo, la gente de Fuerza Aérea que estaba en Río Grande y tenía allí sus familias, si había un cumpleaños nos hacían las tortas para que tuviéramos algo que compartir.
El regreso
-¿Cómo fue el regreso? Malvinas es un tema socialmente complicado?
Ricardo Janett: -Particularmente volver a Tandil para nosotros fue fuerte. Yo regresé el 6 de junio y fui a buscar mis chicos a la Escuela Normal; cuando llegué me empezaron a preguntar y me produjo un encuentro emocional muy grande. Pasaba de la euforia a la desazón y no sabía qué decir. Esos días no salí de casa… Fue complicado… Estábamos en medio de una dictadura, había otras motivaciones detrás. Nosotros lo que hicimos fue cumplir con el ?sí, juro?. Prometimos eso y eso se cumplió con mucho temor, pero superando el miedo.
Carlos Enrique Corino: -Debemos entender que los argentinos necesitamos que los políticos entiendan que la política nos debe garantizar la Constitución y las leyes y gerenciar el bien común. Hay funciones indelegables del Estado: salud, educación, seguridad, defensa y convivencia en paz. Nosotros estamos formados para valorizar la paz. La guerra no es la mejor solución. Argentina necesita una política de Estado socialmente relevante, económicamente factible y operacionalmente eficaz.
Retrospectiva y futuro
-¿Qué reflexiones pueden hacer al mirar hacia atrás?
Carlos Enrique Corino: -Han pasado años, un cuarto de siglo. Uno dice qué querría hoy… Me gustaría que la sociedad argentina tuviera la conciencia de funcionamiento de trabajo en equipo que tuvo esta gente que operó sin precio. Todos estuvieron dispuestos a dar la vida. El concepto de heroísmo que yo tengo es de aquellos que entregaron su vida sin poner precio y aquellos héroes anónimos que permiten que se constituya un equipo. Es una institución, Fuerza Aérea, que funciona con eficacia.
Todos tenemos claro que la guerra es la última solución de la política y tratamos de ver que cuando hacés una conjetura racional, tenés que asegurarte que la paz de después va a ser mejor que la paz de antes, sino no tiene sentido la guerra.
Los militares elegimos una forma de servir que tiene marcos jurídicos más estrechos que del ciudadano común. Nuestra profesionalidad pasa por el manejo de las armas. No debemos tener autonomía, sino que obedecemos a un control político. No sé si la decisión política fue la adecuada. Hoy, si pensamos si las islas están más lejos o más cerca que antes, hoy yo las veo más lejos por varios motivos.
Cuando tuvimos que sentarnos en la mesa de negociaciones, hay tres contendientes: los británicos, los argentinos y los habitantes de Malvinas. Desde el punto de vista de ciudadanos, hoy estamos más lejos. Pero la historia se compone con pasos adelante y pasos atrás. Yo creo que la Argentina sigue ofreciendo grandes posibilidades.
El reencuentro
-Se reúnen con motivo del XXVII aniversario de Bautismo de Fuego de la Fuerza Aérea?
Ricardo Janett: -Sí, vuelvo al pago. Nuestro equipo, las Avutardas Salvajes, comenzó a reunirse nuevamente después de tanto tiempo. Hay una natural y normal cicatrización de la herida. Yo era capitán. Mi escuadrilla era cuatro aviones, cuatro pilotos. El único que no fue derribado en la guerra fui yo. De los otros, uno volvió con vida, y otros dos no… Cuando volví de la guerra, regresé solo y fue una circunstancia muy difícil. Y nosotros seguíamos en el sur, sin contacto con las familias.
En esta reunión hemos podido encontrarnos con muy buen trabajo por parte de Tandil, que asumió el desafío de juntarnos este año acá, con todos los veteranos de la zona, que en aquellas circunstancias trabajaron como equipo, un mecanismo que funcionaba como un reloj.
Nosotros cumplimos con nuestro deber. Fue una situación límite y fue el trabajo en equipo lo que hizo que el grupo se destacara y hace que converjamos en esta reunión con gente de todo el país, donde nos movía el espíritu, que estaba firme y presente. Esto es homenajear a los caídos y a nosotros mismos, motivados por todo el esfuerzo que han hecho desde Tandil.
Manuel Valdevenítez: -Estamos muy felices de la tarea cumplida y de poder honrar a los muertos con nuestra familia. Estamos contentos de que Tandil nos haya abierto las puertas para la recordación que es algo muy emocionante. Tengo una emoción tremenda, porque vinimos a rendir homenaje a los muertos que pertenecieron a nuestro grupo. Nos encontramos con los hermanos y las mamás de los fallecidos y muy contentos porque nuestras familias nos acompañaron en esto.
Carlos Enrique Corino: -Creo que esto es una expresión de nuestro sentimiento en acción. Creemos que estamos regando las raíces. Hay que saber dónde tirar el ancla. La familia, la Nación, un Estado que funcione y no reniegue de la Nación, donde haya memoria completa, nos parece importante.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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