Hoy se estrena ?Días contados?
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“Días…” es una comedia dramática, en la que Ana -Marcela Juárez-, cuenta los difíciles días en que nos convertimos en padres, tutores o encargados de nuestros (mayores) propios padres, una inversión biológica que tiene un costo altísimo para cualquiera de las partes.
En este caso, Carmen –Beatriz Troiano-, madre de Ana y de Javier –Gustavo Lazarte-, está internada en terapia intensiva, atravesando un serio problema de salud física y metal. Es precisamente en ese momento indeseable: cuando los grandes se infantilizan, que nos volvemos más intolerantes, en vez de, paradójicamente, ser más comprensivos con ellos. Ana se verá obligada a replantearse momentos pasados y a cuestionarse hasta qué punto ella está repitiendo los mismos errores que le achaca a su madre; a revivir situaciones que creía olvidadas con Agustín, su ex marido –Pablo Moro- y la hija de ambos, y comprobar la distancia entre lo que soñó y en lo que se convirtió. ¿Quién no peleó y se fastidió ante la decadencia de los padres amados? ¿Quién no deseó por un rato que el hermano querido desaparezca de la faz de la tierra? ¿Quién no se aborreció sintiéndose débil e incapaz de manejar una situación límite? ¿Quién no luchó por diferenciarse de sus mayores para comprobar que cada día se parecía más a ellos?
-¿Cuál es el personaje de cada uno y qué sentimientos les causó componerlo?
Beatriz Troiano: -Soy Carmen, la mamá de Ana y Javier, una mujer grande, de mucho carácter, muy dominante y que también eso provoca que el resto de la familia esté alrededor suyo. Es muy demandante, posesiva y cuestionadora. Un personaje muy fuerte.
Lo que pude vivenciar es que el personaje está muy alejado de lo que soy, lo que hizo que fuera un desafío muy grande, ya que soy contemplativa, nada invasora. No cuestiona y respeto sus decisiones. Carmen me hizo acordar un poco a mi madre y por eso tal vez no quise repetir el modelo con mis hijos que en la realidad tienen más o menos las edades de la ficción. Marcelo me dio herramientas interesantes para componer el personaje.
Marcela Juárez: -Soy la hija mujer –somos dos hermanos-, es el personaje que está más en riesgo de repetir la historia de la madre y lo interesante es que en la ficción es una dramaturga que además va contando los días de internación de la madre. El desafío fue encontrarse con las contradicciones de uno mismo. También soy madre e hija y que dentro de lo que es uno tiene diferentes posibilidades y fue importante empezar a buscar qué podía haber de parecido o distinto de mí en el personaje y jugar con esas cosas. La obra tiene nostalgia, enojos, cosas divertidas y diferentes sensaciones.
Gustavo Lazarte: -Soy Javier, un psiquiatra de 45 años, hermano de Ana y que no tiene una buena relación con su hermana desde años. Es una relación de encuentros y desencuentros. La situación de la madre los vuelve a unir ante una madre muy demandante y una hermana muy abstracta con su escritura.
Y desde lo personal, esto de la vivencia de estar en un sanatorio, a la espera con la madre internada también es muy cercano porque hasta hace poco mi madre estuvo unos días internada y a veces pensé que me iba a movilizar desde ese lugar, pero no, también se sabe separar la ficción.
Pablo Moro: -Soy el ex marido de Ana… mi personaje que parece ser el más externo a la situación porque acá se está tratando un problema de familia, pero tiene unas intervenciones puntuales y permiten –lo vi así- que Ana evolucione. Soy la que le da los palos. Ana está metida en una situación que no puede manejar y un elemento que viene de afuera le da dos palos muy fuertes relacionados con su hija y con la relación conmigo y hace que Ana evolucione a través del dolor, porque son las dos escenas más dolorosas pero que le hacen cambiar la visión.
En cuanto al personaje en sí creo que es la primera vez que lo veo tan cercano a mí, justo al revés. Así como el año pasado cuando hacía “Exposición”, Román (su personaje) era el opuesto. Este no, se dedica a la literatura, es docente universitario y además tiene esa cosa de que le dice a todo el mundo que “sí” que es uno de mis defectos. Y digo “Soy yo”. Está muy bueno porque uno se ve reflejado en el personaje y para mí es muy entrañable.
Para tener en cuenta
Cabe destacar la obra está tomada con humor. En paso de comedia, con situaciones que escapan del drama y del golpe bajo, Martínez teje una trama escénica signada por lo absurdo y lo cómico de situaciones límites que nos llevan a una reflexión profunda sobre cómo transitamos esos momentos vitales en los que tenemos que hacernos cargo de nuestros padres.
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