Hugo Cordero, la vida para el arbitraje
Actualmente trabaja dependiendo del departamento de arbitraje, dirigido por Miguel Scime. Está destinado a la parte de designaciones del Consejo Federal de la Asociación del Fútbol Argentino, donde trabaja junto con Darío García y Gustavo Bassi, encargado del área.
Dialogó con este Diario y detalló sus conceptos sobre diversos temas.
-¿Cómo funciona el tema de designaciones?
-Se busca darle mucha continuidad a árbitros jóvenes. Para eso, aprovechamos que el Argentino B tiene mucha cantidad de equipos y de partidos. No quiere decir que no haya árbitros grandes que puedan servir para partidos importantes, que a veces requieren de mayor experiencia.
En cada localidad hay hinchas distintos y sensaciones distintas.
-Igual, debe ser común a todos el hecho de quejarse…
-Por supuesto, pero el que pierde siempre es el que se queja. El que gana, se va contento. Nosotros siempre decimos lo mismo: si hay un árbitro que quiera favorecer o perjudicar a un equipo a propósito, somos los primeros que lo vamos a sacar de circulación. La honestidad es lo primero.
En mi caso, tengo veintitrés años en AFA, es un privilegio y me siento agradecido. En su momento, cuando entramos allá con Roberto Blanco, decían que estábamos por Lucho Mestelán. El tiempo demostró que no era así.
-¿Y tuvieron que sacar de circulación a muchos árbitros?
-No, pero si pasara algo así, seríamos los primeros en pedir darle de baja. De mi celular gasto mucha plata todos los meses, porque ante el mínimo problema, estoy llamando al árbitro para enterarme la verdad de lo que pasó. Todo eso, antes de que llegue la queja al Consejo Federal. La idea es ayudar al árbitro para que se sienta lo mejor posible.
-¿Hay muchos clubes que les piden árbitros? ¿O les piden que no los dirija determinado árbitro?
-No, eso no lo aceptamos bajo ningún punto de vista. Tratamos de que no se repitan demasiado, que pasen al menos quince días desde un partido a otro con el mismo árbitro y el mismo equipo.
Otro tema a tener en cuenta es las distancias. Los clubes hacen un esfuerzo muy grande, sobre todo en el Argentino B.
-¿El Argentino A es diferente en ese aspecto?
-Pasa que en el Argentino A, los árbitros ya tienen un contrato con AFA. De todos modos, se trata de equilibrar que las ternas no tengan viajes demasiado largos. Paga el equipo local, así que se debe tener en cuenta la parte económica.
-Fuera de eso, ¿en qué ligas del interior estás trabajando?
-En Tres Arroyos, soy el director de la escuela de Azul con otro instructor, voy una vez por mes a la cooperativa de árbitros de Bahía Blanca, a Santa Fe, a Arrecifes… La idea es explicarle al instructor de cada liga las cosas que queremos hacer. Y después me invitan de muchos lugares. Casualmente ahora me llamaron de una colonia petrolera que se llama Las Heras, en Santa Cruz, donde están por formar una escuela de árbitros. A veces no me dan los tiempos, pero soy un enamorado de esto y trato de meterle.
-¿Y en Tandil cómo quedaste con la Asociación de Arbitros, después de trabajar un par de años?
-Todavía no lo sé. Desconozco por qué no estoy más en Tandil, nunca me lo dijeron, solamente me enteré cuando lo designaron a Alberto Martínez. Tal vez lo que yo quería promover con los árbitros no les servía a ellos, porque quería darles lugar a los más jóvenes. El tema es que nunca me lo comunicaron, algo que tendría que haber hecho Jorge Pérez Salerno, que en ese momento era presidente de la Liga Tandilense de Fútbol.
Así como me vinieron a buscar en su momento, me hubiera parecido correcto que me dijeran por qué no seguía. Lo hubiera aceptado perfectamente.
-¿Pudiste cumplir en parte lo que proponías?
-Y, por ejemplo llevé a primera división a Marcos Altamiranda, que hoy está número dos en la tabla de méritos e hizo el curso nacional. Otro caso es el de Matías Picot, que también empezó el curso nacional. Hacía un seguimiento importante en las canchas, yendo tanto sábado como domingo. Sobre todo en fútbol infantil, donde suele haber mayores problemas. Nunca decía a qué cancha iba, para que el árbitro no se preparara especialmente.
No guardo rencor a nadie, porque estoy en las designaciones y los chicos de acá siguen saliendo a dirigir afuera. Pero nadie es profeta en su tierra…
-¿Algo similar te sucedía cuando dirigías?
-Totalmente. Parecía que esperaran que me fuera mal, para decirme que los diarios de Buenos Aires me habían criticado. Y cuando me iba bien y los diarios me elogiaban, nadie me decía nada.
-Te pido un concepto de Ignacio Baliño y otro de Andrés Merlos.
-A Nacho lo veo muy bien, creo que éste es su mejor año. Se lo ve más sereno, más aplomado, bien en la conducción y en la parte disciplinaria. Y Andrés está pasando un buen momento, es un muchacho joven para la categoría de primera división. Con el correr de los partidos, va mejorando. Junto con Darío Herrera, de Lincoln, tienen un futuro bárbaro.
Son pocas las ciudades que pueden darse el lujo de tener dos árbitros en primera división, como pasa con Tandil en estos momentos.
-¿Pueden ser internacionales, como fuiste vos?
-Sin dudas, claro que sí, ya sea a fines de este año o el próximo.
Así como fuimos internacionales tantos del interior, como Juan Pablo Pompei o ahora Néstor Pitana, que fue alumno mío en el curso nacional en Corrientes.
Si los chicos de acá saben escuchar y tener autocrítica, tienen todas las condiciones para seguir adelante. Es fundamental que las luces de Buenos Aires no te encandilen, porque estás en el candelero y se te quiere arrimar mucha gente.
Cuando fui de Tandil no conocía a nadie y me advirtieron eso. Fue Juan Carlos Loustau, en ese momento director de la escuela, quien me dio esa enseñanza tan valiosa.
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