Hugo Nario habla de su pago chico en La Nación
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En el artículo se hace referencia a las pequeñas y grandes historias de la ciudad, a los libros que el autor ha escrito con relación a este pago chico y a una serie de anécdotas entre las que se encuentra una relacionada con este Diario.
No es muy posible que cuando se habla de Hugo Nario, alguien pueda llegar a desconocer nombre y apellido o dejar de asociarlo al mundo de los medios, de las letras; sin embargo, es probable que más de uno desconozca que el periodista y escritor fue antes que nada maestro y luego se “creyó publicitario”: “Nario es periodista desde que siendo maestro y al no poder ejercer tal función en los años cuarenta por cuestiones políticas, se empleó en El Eco de Tandil como publicitario. ´Yo creía que sabía dibujar´, dice con ironía. Paralelamente conseguía suscriptores para el diario y hacía lo que hiciera falta en la Redacción, ´desde corregir hasta llenar el tanque de la estufa´, recuerda con sinceridad y orgullo”.
No es muy posible que cuando se habla de Hugo Nario, alguien pueda llegar a desconocer nombre y apellido o dejar de asociarlo al mundo de los medios, de las letras; sin embargo, es probable que más de uno desconozca que el periodista y escritor fue antes que nada maestro y luego se “creyó publicitario”: “Nario es periodista desde que siendo maestro y al no poder ejercer tal función en los años cuarenta por cuestiones políticas, se empleó en El Eco de Tandil como publicitario. ´Yo creía que sabía dibujar´, dice con ironía. Paralelamente conseguía suscriptores para el diario y hacía lo que hiciera falta en la Redacción, ´desde corregir hasta llenar el tanque de la estufa´, recuerda con sinceridad y orgullo”.
Tinta, papel y anotador
La nota continúa describiendo: “El resto de su historia de escriba se parece a la de muchos profesionales de un oficio de tinta, lápiz y anotador y muchas horas en la Redacción y años a lo largo de los cuales fue testigo, no sólo de lo que sucedió en su ciudad, sino también de acontecimientos nacionales. Una galería de fotos que adornan su estudio lo han retratado junto a Alfredo Palacios, Ricardo Balbín, con Raúl Alfonsín y con cuanta celebridad política visitó la ciudad serrana en esos años; esas imágenes acreditan su presencia muy cerca de la noticia hasta el año setenta y dos en que ´decidí autoexiliarme del periodismo´.
También se hace referencia en La Nación de la labor que llevó adelante Nario como director de Cultura, lo que no menciona y llama la atención es que no se hable de su presidencia durante muchísimos años con una excelente gestión, al frente de la Biblioteca Bernardino Rivadavia, de la que no hace demasiado se ausentó.
La nota continúa describiendo: “El resto de su historia de escriba se parece a la de muchos profesionales de un oficio de tinta, lápiz y anotador y muchas horas en la Redacción y años a lo largo de los cuales fue testigo, no sólo de lo que sucedió en su ciudad, sino también de acontecimientos nacionales. Una galería de fotos que adornan su estudio lo han retratado junto a Alfredo Palacios, Ricardo Balbín, con Raúl Alfonsín y con cuanta celebridad política visitó la ciudad serrana en esos años; esas imágenes acreditan su presencia muy cerca de la noticia hasta el año setenta y dos en que ´decidí autoexiliarme del periodismo´.
También se hace referencia en La Nación de la labor que llevó adelante Nario como director de Cultura, lo que no menciona y llama la atención es que no se hable de su presidencia durante muchísimos años con una excelente gestión, al frente de la Biblioteca Bernardino Rivadavia, de la que no hace demasiado se ausentó.
Escritor prolífero
Se habla de la por lo menos decena de libros que ha escrito y de sus contratapas de fin de semana en el colega vespertino. Y finalmente una anécdota que lo pinta de cuerpo entero relacionada con la vida y muerte de Bepo Ghezzi de quien escribiera su libro: Bepo, vida secreta de un linyera.
“En esta obra –cita el periodista de La Nación-, Hugo Nario relata la historia de José Américo Ghezzi (Bepo), quizás el croto con más trayectoria como linyera y todo un hallazgo de personaje que salió del anonimato gracias al descubrimiento de este autor.
Bepo había andado por caminos, vías, obrajes y materas de la Argentina casi treinta años, y ya en su retiro se conoció con quien sería el autor de sus memorias, que luego dieron también lugar a la película de Ana Poliak, ´Que vivan los crotos´, en la que participa el mismo José Américo Ghezzi. En esas largas charlas compartidas, donde se gestó el libro, nació una entrañable amistad que al morir el ex linyera dejó quebrada el alma del escritor. ´Su muerte no pasó desapercibida: Bepo era una personalidad aquí. Cuando ocurrió su muerte me llamaron para que dijera unas palabras de despedida ya que era quien quizá más lo había conocido, pero no pude´, recuerda aún con dolor este hombre que ha hecho cierto el vaticinio de León Tolstoi, y pintando su aldea, ha contado mucho más que la historia de su propio Tandil”.
Sin duda una muy interesante nota al reconocido personaje de la ciudad, un hombre que más allá de ser un excelente escritor, es uno de nuestros ciudadanos ilustres, aunque todavía no haya recibido el titulo de tal.
Se habla de la por lo menos decena de libros que ha escrito y de sus contratapas de fin de semana en el colega vespertino. Y finalmente una anécdota que lo pinta de cuerpo entero relacionada con la vida y muerte de Bepo Ghezzi de quien escribiera su libro: Bepo, vida secreta de un linyera.
“En esta obra –cita el periodista de La Nación-, Hugo Nario relata la historia de José Américo Ghezzi (Bepo), quizás el croto con más trayectoria como linyera y todo un hallazgo de personaje que salió del anonimato gracias al descubrimiento de este autor.
Bepo había andado por caminos, vías, obrajes y materas de la Argentina casi treinta años, y ya en su retiro se conoció con quien sería el autor de sus memorias, que luego dieron también lugar a la película de Ana Poliak, ´Que vivan los crotos´, en la que participa el mismo José Américo Ghezzi. En esas largas charlas compartidas, donde se gestó el libro, nació una entrañable amistad que al morir el ex linyera dejó quebrada el alma del escritor. ´Su muerte no pasó desapercibida: Bepo era una personalidad aquí. Cuando ocurrió su muerte me llamaron para que dijera unas palabras de despedida ya que era quien quizá más lo había conocido, pero no pude´, recuerda aún con dolor este hombre que ha hecho cierto el vaticinio de León Tolstoi, y pintando su aldea, ha contado mucho más que la historia de su propio Tandil”.
Sin duda una muy interesante nota al reconocido personaje de la ciudad, un hombre que más allá de ser un excelente escritor, es uno de nuestros ciudadanos ilustres, aunque todavía no haya recibido el titulo de tal.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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