Incertidumbre y miedo merodean por las viviendas tomadas de La Movediza
?Vinimos porque no nos dan respuesta, nos dicen que nos van a desalojar, nos tienen amenazados. Dicen que las casas no las pueden dar y se estaban rompiendo, los chicos iban y las destruían. Yo, cuando fui, la casa no tenía nada, estaba rota. Le puse el techo, las ventanas, de a poco hice todo y estamos tratando de que no nos saquen, aunque sea que nos den a pagar una cuota, no queremos que nos regalen la casa?, explica Yesica Mujica, que ocupa una de las casas de la etapa II del Plan Federal I, junto a su nene de dos años y su marido.
En apoyo, se suma a hablar Fiama Constantino: ?No queremos que nos regalen la casa. Queremos pagar una cuota como todos, pagar el terreno, la estructura que ya estaba levantada. Nosotros la necesitamos?.
Y cuenta que llegó ?antes que todos?, el 15 de noviembre del año pasado, porque estaba viviendo ?de prestado, en una habitación de 4 por 4 metros?. Su familia se compone de su marido y una nena. ?No teníamos adónde ir y no encontramos otra salida que la casa?, asegura.
Entre las dos describen la realidad del barrio, divido por cuestiones políticas y en el que las amenazas, el amedrentamiento y los robos son moneda corriente.
Ajenas a las diferencias entre el Municipio y el Gobierno nacional, reiteran la incertidumbre que merodea a una casa tomada; el miedo de invertir el poco dinero que disponen para realizar mejoras y que se contrapone con el deseo de tener una calidad de vida digna, dentro de sus posibilidades.
Entre las idas y vueltas de las versiones, una y otra vez aseveran que no pueden afrontar un alquiler.
Yesica retoma su historia personal. Su esposo es albañil y estaban en una carpa con su nene de dos años. ?Mi marido trabaja en un kiosco en La Movediza, nos enteramos por ahí y nos empezamos a meter en las casas, que estaban abandonadas?, dice apenada.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSi desalojan, pondrán
carpas en la Plaza
?Por lo menos que nos den donde vivir?, reclama Susana Páez con un hilo de voz. ?A mí me avisaron. Mi nieta es la que está ahí, tiene 20 años, no puede trabajar porque no la toman porque tiene un bebé de 8 meses y vive conmigo. Tengo una pensión de 300 pesos y con eso vivimos?, dice la mujer, que espera definiciones antes de techar otro sector de la casa. Hace 7 años llegó de Rosario buscando un mejor porvenir y sólo quiere ?una solución para seguir arreglando?.
?Yo si me echan, me vengo con una carpa a la Plaza (Independencia), porque no tenemos adónde ir?, confiesa Susana.
En cuanto a los servicios, esperaban que ?nos dieran la luz porque todos tenemos chiquitos. En ninguna casa se metieron sin chicos?. De todas formas, reconocieron que los vecinos los ayudan con el agua y algunos también les permiten conectarse de su medidor de energía.
?No tenemos donde vivir, sino no estaríamos pasando lo que estamos pasando, sin agua, sin luz; cuando hay viento, con miedo que se levante la casa porque están todas estropeadas por los mismos chicos. Con el miedo también?, remata Yesica Mujica.*
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