Inchausti, en la cima mundial por tercera vez
Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción
fernandoizquierdo@hotmail.com
Hace ocho días, en la ciudad mexicana de Toluca, el tandilense Gastón Inchausti consiguió, a los 24 años, su tercer título mundial en pelota paleta (el segundo en mayores).
Como parte del seleccionado argentino, subió a lo más alto del podio en trinquete goma masculino, luego del triunfo ante Francia en el match decisivo.
Así, el ahora jugador de Alumni de Benito Juárez enriqueció su palmarés, que incluye otras dos conquistas ecuménicas: paleta cuero sub 22 en Gualeguay ’09 y paleta cuero, entre los mayores, en Pau (Francia) ’10.
A su regreso a la ciudad, Inchausti fue agasajado con un inolvidable y merecido recibimiento que incluyó un paseo a bordo de una grúa, una visita al despacho del intendente Miguel Lunghi y una cena sorpresa.
Aún procesando semejantes emociones, el pelotari local se prestó al diálogo con El Eco de Tandil para recrear detalles de su reciente logro:
-¿Con qué parámetros encaraste esta competencia?
-La expectativa era conseguir el título, no tanto por nuestro nivel, sino porque Argentina hace cuarenta años que no pierde el campeonato de esa disciplina. Sabíamos que enfrente tendríamos a rivales que vienen mejorando, como Francia, México y Uruguay. Los argentinos vamos manteniendo cierto nivel, a partir de ir renovando jugadores. Pero la presión más grande era llevar a cuestas la historia de la paleta argentina. Uno no quiere ser el que corte semejante racha.
-¿Cómo estuvo integrado el equipo?
-Como titulares fuimos Alfredo Villegas y yo. Los suplentes fueron los hermanos Sebastián y Santiago Andreasen. Villegas es de San Luis y los Andreasen, de Vicente López. El entrenador fue Guillermo Filippo, de Capital Federal. Los suplentes pueden reemplazarte durante un partido solamente por lesión, pero en este caso ellos jugaron algunos partidos. Además, cuando llegás no sabés cómo se van a adaptar los titulares a distintos factores como la cancha, la alimentación y la altura, tené en cuenta que jugamos a 2.800 metros sobre el nivel del mar. En principio, Alfredo y yo éramos los titulares porque veníamos jugando bien en Argentina, pero cuando llegás allá puede cambiar todo. Yo jugué cuatro de los seis partidos, tres con Villegas y uno con Santiago. Me adapté bien, aunque en determinado momento estuve descompuesto por el picante de las comidas.
-¿Viajaron con la antelación adecuada para acomodarse a todos esos factores?
-No, llegamos tres días antes de empezar a jugar. La situación económica no daba para otra cosa, aparte la mayoría tenemos un trabajo ajeno a esta actividad, son pocos los que viven exclusivamente de la paleta. Para hacer todo bien, yo tenía que faltar un mes a mi trabajo, algo que me es imposible. Arriesgamos, pero salió bien. De todos modos me preparé muy bien acá, con los chicos de Gymnos, donde voy desde los 16 años, y por otro lado con Germán Groppa.
-¿Encontraste canchas similares a aquéllas a las que estás habituado?
-Son similares, la diferencia más grande tiene que ver con los colores. Acá jugamos en pared blanca con pelota negra, y allá es en pared verde con pelota blanca. Además, la pared de la derecha es de blindex, cuando acá en Tandil está hecha de cemento. Hay cierta diferencia en el reflejo y la forma de salir de la pelota. Aunque no es lo mismo, después de jugar un tiempo te acostumbrás.
-¿Cómo fueron los rivales?
-El primer partido fue contra los suplentes de Francia, ellos guardaron la formación titular para, de algún modo, esconder la táctica, sabiendo que podían volver a enfrentarnos más adelante, como finalmente sucedió. Ellos nos consideraban superiores y piensan que pueden ganarte una vez, entonces guardan lo mejor. Después vencimos a España. Con México fue duro, enfrentábamos a los locales y se notaba que ellos conocían la cancha, pese a ellos nuestro juego fue superior y pudimos ganarles bien. La siguiente victoria fue ante Uruguay, con la cual pasamos a semifinales. Los últimos dos partidos los jugamos con Villegas. Nos consagramos venciendo a Francia.
-¿Cómo fue la final?
-Ajustada. Fue difícil porque ellos están acostumbrados a la superficie y son jugadores atléticos, que supieron adaptarse a la altura. Nosotros jugábamos contra ellos, contra los nervios, contra la final, contra los títulos históricos de Argentina… Se nos notaba nerviosos a Alfredo y a mí, pero con el correr del partido nos pudimos soltar. El primer set lo ganamos 15-13 y el segundo, 15-8. Sin jugar al cien por ciento, yo iba al palo, pero dadas las circunstancias había cosas que no me salían, entonces trataba de cuidar la pelota.
-También ellos tendrían cierta tensión.
-Sí, pero con una menor obligación. No tenían nada para perder, iban por la hazaña, se veían mucho más sueltos. Haber llegado a la final ya era un logro para ellos, si no le ganaban a Argentina no pasaba nada, hace 40 años que nadie le gana.
-¿Jugaron en su máximo nivel?
-No, la presión que tenés no te deja margen para demostrar todo lo que sabés, sabemos que podríamos haber hecho tantos mucho más vistosos. Jugamos al “abc” de la paleta, cuidar la bola y pegar sólo cuando quedaba regalada. Los rivales nos salían a atacar porque sabían que no les convenía esperar.
-¿Villegas es con quien más cómodo te sentís?
-Es el que más juega, quien más nivel tiene. En la cancha me sentí muy cómodo con él, va para adelante, es ganador. Tenemos un carácter parecido, buscamos el triunfo apretando los dientes y acelerando, sin regalar nada. En general, se formó un buen grupo humano, nos conocemos mucho.
-¿Pudieron practicar juntos como para entenderse?
-Muy poco, sólo esos tres días en México. Antes, habíamos jugado apenas un torneo juntos. El equipo se pudo dar ese lujo por el nivel con el que llegamos al Mundial. Tampoco es que iba a ser una sorpresa jugar juntos, más o menos nos entendemos. Uno sabe de quién es cada pelota, no es algo tan complicado, de hecho logramos complementarnos muy bien.
-¿Cómo se dio tu convocatoria al equipo?
-La Confederación Argentina de Pelota (CAP) organiza entrenamientos mensuales, en los cuales cita a jugadores que tienen un nivel adecuado para ir a un torneo así. A mí me fueron llamando, en un momento pensé en no ir al Mundial por la cantidad de días que me demandaba y demás. Me di de baja porque necesitaba tomarme 25 días. Después, por cuestiones económicas, optaron que el viaje sea sólo en 15 y ahí tuve mi chance. Le tengo que agradecer a mi jefe, de la empresa Via, que me permitió ir.
-¿Tuviste en la ciudad el reconocimiento que tanto esperabas?
-Sí, el festejo fue increíble. Es como que celebré mis tres títulos mundiales en estos días. Me recibió una caravana, me subieron a una grúa, me agasajó el Intendente, el club Ferro me organizó una cena sorpresa, me grabaron un video con mis seres queridos dedicándome palabras, me regalaron un cuadro…hermoso.
-¿Qué objetivos tenés a corto plazo?
-Por el momento quiero disfrutar, me surgen muchas exhibiciones. Al ser campeón del mundo, la gente te quiere ver jugar.
-¿Podrías vivir de la paleta?
-Es complicado, también depende de qué vida quieras llevar. Si la querés hacer bien, tenés que vender de todo y al mismo tiempo, jugar. Vivir de esto solamente jugando es muy difícil, te tienen que salir muchísimos partidos y son muy pocos los que lo logran. Además, tenés que mantener un rendimiento altísimo, como para que no dejen de llamarte.
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