Independiente recuperó la sonrisa con un trabajado triunfo en el Martignoni
Para el rojinegro es su séptimo triunfo en sus últimas ocho presentaciones, importante para esperar con el ánimo en alza el choque de mañana ante su tradicional rival y puntero del grupo, el Estudiantes olavarriense.
Antes de celebrar su sexto éxito en casa en la temporada, los tandilenses debieron trabajar y mucho. El comienzo fue poco alentador y por primera vez en la campaña se fueron en desventaja al primer descanso (18-21).
Con altos porcentajes y una buena defensa, los porteños comandaron el score desde el vamos. Con un Pacciotti muy fino para el aro y aprovechando cierta inconsistencia ofensiva del local.
Es que Pedro Echagüe, tras realizar el scouting, supo del daño que podría causarle Arca y se ocupó de maniatarlo, desplegando constantes ayudas toda vez que el pivote recibía el balón. Además Portillo, principal vía de gol en el perímetro de su equipo, no anotó en todo el primer cuarto.
Una ráfaga de Sevegnani (5 puntos en fila) le permitió a Independiente recuperar terreno (14-14), pero los capitalinos cerraron en ventaja el cuarto abridor merced a un triple de Pacciotti sobre la chicharra.
Pero tras el primer descanso, el ganador comenzó a decantar el pleito a su favor. Redujo ostensiblemente el goleo de su adversario y potenció el suyo. Con un doble y falta de Dilascio, tomó la delantera por primera vez (24-23) y llevó, minutos después, la diferencia a su techo (37-27).
Arca comenzaba a sentirse más cómodo en las proximidades del canasto rival, Gastón González aportó en el rebote ofensivo, y desde el perímetro dos bombazos de Varela y otro de Portillo pulverizaron la defensa zonal diseñada por Boadaz.
Al cabo del primer tramo del complemento, el rojinegro parecía comenzar a sellar el pleito. Sin embargo, su dupla de internos principales se cargó de faltas (Sevegnani y Arca llegaron a la cuarta en el tercer cuarto) y el adversario se acercó peligrosamente. Un margen de nueve tantos se redujo a apenas un doble (52-50) en cuestión de segundos. Hubo jugada de doble y falta, posterior técnica a Portillo y los porteños sacaron un enorme rédito de la acción, instalando repentinamente un acentuado marco de paridad.
Pero Independiente no perdería la compostura y lo cerraría mejor. Con la sapiencia de Picarelli en la conducción, un triple vital de Portillo y un decisivo regreso de Arca al rectángulo.
Pedro Echagüe incurrió en una nueva laguna ofensiva y terminó hipotecando sus aspiraciones de dar el batacazo en Tandil.
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