Inestables por naturaleza
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Para contrarrestar el crudo invierno parece que la casta política se las ingenia para recalentar el ambiente. Si de por sí la presentada como inestabilidad económica trae consigo el malhumor generalizado, flaco favor está haciendo la dirigencia por atemperar aquel denso escenario, con tensiones que debieran evitarse para no repetir viejas malas experiencias.
Escenario que parece reacomodarse según la coyuntura, arrebatos de una pelea de poder distante al interés general, más proclive a conmoverse por las consecuencias económicas que por el manoseo y atropello institucional que pudieran provocar los responsables de conducir un país, una provincia, una ciudad.
Dentro de aquella inestabilidad económica devenida en política, ha provocado o empujado a reacomodamientos que confunden a propios y extraños.
Que lo digan los justicialistas vernáculos, frente a la puja kirchnerista-Moyano-Scioli. Que lo digan los radicales, con el desaguisado de la frustrada interna.
Al son de las pujas de arriba se van recostando las apetencias de abajo. Por eso tal vez los dirigentes sindicales que hasta ayer estaban con el modelo, ahora debieron ubicarse detrás del líder de Camioneros y alejarse de la anunciada alianza para respaldar, por caso, a Néstor Auza nuevamente como candidato a senador, quien se muestra muy distante del Gobernador y más afín al vice, con todo lo que ello representa.
Y allí aparece en escena un armador sciolista como Alejandro “Topo” Rodríguez, quien parece estar decidido a conducir la ambulancia para recoger primero a todos los heridos que dejó el bossismo y armar luego el espacio del motonauta rumbo a 2015.
Y más acá deambula el lunghismo, penando por la austeridad que obliga la administración comunal y sonrojándose al tener que formar parte de una lucha intestina radical que no conmueve a nadie más que a ellos mismos.
De todas formas, muy lejos queda el escenario electoral cuando la realidad política imperante se muestra tan inestable como cíclica.
Si apenas se estaba celebrando y debatiendo el anunciado plan de créditos para viviendas y el lunghismo improvisaba una adhesión proponiendo terrenos que ahora sí parece tener a disposición, cuando comenzó la preocupación por un eventual desabastecimiento.
Todo es vértigo. Nada parece planificado. Más bien todo resulta en arrebatos para marcar la cancha y mantener la cuota de poder que supieron concebir.
Arrebatos a la hora de lanzar plausibles acciones como la expropiación de YPF o planes de construcción de viviendas (¿las bases estaban al tanto de lo que se iba a anunciar?). Arrebatos de quienes se muestran opositores a la gestión a la hora de apoyar el contraataque encarnado por Moyano (¿no era un enemigo imposible de digerir?).
En el medio, los ciudadanos zigzagueando, aprendiendo a rotar para no marearse. Esperanzados y renovando el optimismo, anotándose en el registro para el crédito hipotecario o aguardando con romanticismo por la llegada de un tren que promete precios accesibles y vías transitables. Sintiéndose liberales en el sentido literal de la palabra cuando le hablan de las reformas al Código Civil y la despenalización de la droga, pero sometidos cuando no pueden cambiar un par de dólares o no pueden cargar combustible. Una realidad fluctuante que conmueve y pone en vulnerabilidad a cualquier mortal.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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