“Jamás me levantó la mano”, una obra imperdible que salta del amor al odio y de la ternura a las risas
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Dos mujeres sostienen, sobre el escenario, una historia de amor: una madre que guarda un secreto para proteger a su hija; una hija que, con la irreverencia de la adolescencia, quiere que su madre baile con ella en un concurso del club; y una ausencia que lo cruza todo. Luego de su paso por el Teatro de la Comedia, “Jamás me levantó la mano”, continúa su exitoso ciclo con cuatro funciones más en el Teatro de la Confraternidad. Marcos Casanova –su autor y director, junto a Alejandra Casanova- y las actrices que le ponen el cuerpo a Fátima y Naiara, Claudia Gayo y Verónica Fernández, charlaron antes de la despedida con El Eco de Tandil.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Que balance hacen de estas ocho funciones?
Claudia Gayo: -Yo estoy feliz de la vida. Primero por la respuesta del público, pero también por el proceso que hemos hecho: la obra cambio tremendamente desde la primera vez que la leí y los primeros ensayos hasta lo que estamos transitando ahora. Va creciendo en cada función. Entonces estoy feliz. Además, con Vero nos llevamos muy bien en el escenario, entonces se hace muy fácil trabajar.
-¿Qué cosas cambiaron desde la primera vez que leyeron la obra?
Claudia Gayo: -Me parece que uno con el tiempo se va afianzando en el personaje, y la relación entre nosotras también se va afianzando. Marcos y Ale, desde la dirección, hacen marcaciones cada vez más finitas después de cada función, entonces le seguimos encontrando cosas pequeñas pero que hacen que se modifique. ¡Y lo maravilloso del teatro es que no hay dos funciones iguales!
Marcos Casanova: -Nosotros fuimos encontrando, desde afuera, muchos por qué y para qué dentro las situaciones que se dan en esta relación madre e hija. Al principio era la anécdota del baile y las cosas que pasaban alrededor, pero después le fuimos hallando, viendo a las chicas, cosas que ni siquiera estaban pensadas en la pluma mía.
Verónica Fernández: -También está lo que vamos proponiendo ensayo a ensayo. Una cosa fue leer el texto esa vez, hace ya cinco meses, y otra cosa es lo que se fue armando a partir de lo que fuimos proponiendo. Yo de mi parte estoy muy agradecida por este grupo que formamos que está muy bueno. Y quiero, por eso, invitar a todos a que vayan a La Confraternidad y aprovechen esta última oportunidad de ver “Jamás me levantó la mano”.
-¿Sienten que el público se identifica con la historia?
Claudia Gayo: -A mí me lo dicen. Y además, aunque no te lo digan, te das cuenta por las reacciones. Más allá de la anécdota, en la obra hay situaciones que son universales de la relación madre hija, como esto de la chica que no estudia y esta todo el día con el telefonito, o la madre que guarda frustraciones y secretos. Eso pasa hasta en las mejores familias.
Marcos Casanova: -Esos secretos que se guardan en pos de que no sufra el resto de la familia. El sacrificio de morfarse todo y después, de última, te enterás que tu vieja se morfó este garrón, o aquel otro, ¡y a vos te agarra esa culpa…!
Claudia Gayo: -Es el rol de muchas mujeres, muchas madres. El rol femenino de quedarse con muchos secretos, el “que no se entere tu padre”. Y en “Jamás…” no hay padre pero si hay historias que la madre se guardó para proteger a su hija. Hasta que la hija ya está grande y tiene que saberlo.
Marcos Casanova: -Y otra cosa que transitamos bastante y que me encanta es la absoluta ausencia masculina en esta historia. Absoluta.
-No hay actores, ni referencias sobre las tablas pero la historia está absolutamente cruzada por los hombres…
Claudia Gayo: -Por las ausencias masculinas.
Marcos Casanova: -O por las presencias tóxicas, que son masculinas: el padre de Naiara con determinado problema, una pareja que tuvo Fátima en algún momento y que pasó como nada. Entonces es la ausencia o la presencia tóxica, y cómo este núcleo sin padre sale adelante contra todo.
-¿Hubo algún comentario que les haya llamado particularmente la atención?
Marcos Casanova: -A mí me encanta que no me hablen de la anécdota, o de lo linda que es Vero o lo bien que trabaja Claudia. Me encanta que me hablen de “qué buena está la relación entre la mamá y la nena” y que sea una referencia a la experiencia personal de cada uno. El otro día me dijeron “¡pero vos espiaste la casa de tal o cual!”. Eso esta bueno. Y que Vero me haya dicho “ay, te juro, es mi vieja” y que Claudia me haya dicho “ay, te juro que soy yo cuando era chica”… Eso habla de que cuando uno se plantea o se imagina una situación, es esa misma que le pasó a ella, a ella, a vos… no importa la anécdota.
-La obra tiene humor, drama, sarcasmo. Hay momentos de tensión y de ternura. ¿Cómo logran pasar de un estado a otro con tanta naturalidad?
Verónica Fernández: -Fue difícil, costó. Primero trabajamos las escenas por separado. Eso ayudó a lograr un clima, una emoción, y después pasar a la otra. Pero costó. De hecho estrenamos y se siguieron acomodando cosas sobre las transiciones entre acto y acto, pero salió.
Marcos Casanova: -Sale, diría, y agregaría a lo que dice Vero que se logró con mucha perseverancia y mucha minuciosidad. Con preguntas bien puntuales sobre momentos bien puntuales. “Mirá Marcos, mira Ale, en este lugar que dura tres segundos no estoy cómoda”. “Bueno, laburemos sobre eso”. En ese laburo muy minucioso y muy artesanal, que es lo más lindo del teatro, es donde se van encontrando respuestas de a poco.
-El público reacciona frente a la obra: hay risas, silencios de tensión, incluso lágrimas. ¿Todo eso influye en el actor?
Verónica: -Sí. Sobre el final, cuando se crea un clima mucho más íntimo, a veces el público se ríe y otras veces no. Uno está ahí, presente, y escucha. No es que estamos idos, actuando.
Claudia Gayo: -Igual uno no cambia lo que tiene que hacer.
Marcos Casanova: -Mirá cómo serán de profesionales y de conocedoras del paño que ellas saben, cuando están esperando atrás del telón que comience la función, qué tipo de público es el que tienen.
Claudia Gayo. -¡Sí! Cuando la sala está llena a veces la gente habla fuerte. El otro día le dije a Vero: “Estos son pum para arriba”. Y, a veces, está la música y hablan todos bajito. Esa gente es de reírse más para adentro.
Marcos Casanova: -O de vivir la situación de otra manera. A veces el público explota de risa un día y al otro día vienen otros que están callados pero cuando salen no paran de agradecer por lo que acaban de ver. Entonces nunca sabés.
-Tanto Naiara como Fátima generan sentimientos diversos: por momentos se las quiere matar y por momentos dan ternura. ¿Eso también está trabajado?
Claudia Gayo: -Marcos en eso, para mí, tiene una gran habilidad, además de que observa cosas muy pequeñas, mucha minucia. A mí lo que me gusta de las obras de él es que siempre todos tienen razón en algunos momentos. Son buenos y malos. Marcos no estigmatiza, sus personajes tienen sus buenos y sus malos momentos. Me gusta cuando uno no tiene la razón sino que todos tienen un poquito de verdad.
-¿Es mayor el desafío?
Marcos Casanova: -Es más trabajo, pero es la parte más linda del teatro: armar un personaje y descubrirle las cosas que tiene. Es fabuloso, es el motor de absolutamente todo.
-¿Qué es lo que más le gusta a cada una de su personaje?
Claudia Gayo: -A mí me gusta Fátima. Cuando arranco con un personaje lo defiendo a muerte después. ¿No? Y me gusta que ella es lo que se ve, no tiene nada escondido: es medio bruta, dice las cosas sin filtro… Eso me gusta mucho. Y por otro lado me gusta que se dejaría matar por su hija.
Marcos Casanova: -Es una guerrera a pesar de que parece que no salió de su casa. Es una guerrera porque llevó sola todo adelante.
Verónica Fernández: -De Naiara me gusta que sea así tan adolescente, que viva medio como en una burbuja de nada. En un momento todo eso se va pero me parece muy divertido.
Claudia Gayo: -Es muy trasparente.
Marcos Casanova: -Y muy irreverente. La irreverencia del adolescente, si no te toca al lado, es gloriosa.
-¿Cómo se preparan para las cuatro funciones que quedan en La Confraternidad?
Claudia Gayo: -Como siempre: con alegría, con ansiedad y con muchas ganas de que la gente nos siga acompañando.
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