Jorge y Amado Azar
Eran dos hermanos cordobeses. Uno de ellos fue el que le abrió los ojos al boxeo a Julio Ernesto Vila, pues fue la primera pelea que vio, aunque él mismo confiesa que se quedó dormido entre las piernas de su padre. A Jorge le decían ?El Turco?, tenía una pegada potente, seca, era apático e irresoluto. A Amado lo llamaban ?El Sapo? y a su golpe, poco potente, la revista El Gráfico lo bautizó ?El almohadazo?; al contrario de su hermano siempre iba para adelante, decidido, descargando sus golpes con convicción. Jorge era un manojo de nervios y Amado tenía una pasmosa tranquilidad. Si ambos hermanos Azar hubieran podido fundirse en uno solo, se habría conformado al boxeador ideal.
Las victorias que no pudo conseguir uno, las obtenía el otro, entre ambos se tomaron revancha con sus vencedores. Si para Jorge era difícil Ignacio Ara, para el Sapo era fácil. Jorge nunca supo por qué no podía ir hacia delante. Por qué era irresoluto, aunque el grito de ?amargo? lo hiriera. Y no era lo que le gritaban, era algo genético. En una de sus últimas peleas su manager le dijo: ?Si hubiera ido para adelante habría ganado?. El ?Turco? le contestó: ?Si hubiera podido ir para adelante, habría llegado a campeón del mundo?. Nació en 1910 y militó entre los medianos, disputó 27 peleas ganando 16, 9 por nocaut, perdió 7, una en su despedida, por nocaut ante Antonio Rodríguez, y empató 4. Le disputó el título argentino a Jacinto Invierno perdiendo por puntos en el Luna Park, un campeón a quién tampoco pudo ganarle ?El Sapo?. Supo hace guantes con Tito Lectoure en el Club Gimnasia y Esgrima cuando el promotor tenía 17 años.
El ?Sapo?, tres años menor que su hermano, realizó 66 peleas. Era el que iba para adelante, el que podía, el que peleaba tranquilo, el que no tenía el golpe potente, el que era menos preciso. Con 18 años, en 1932 se alzó con la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. En el profesionalismo fue campeón argentino medio pesado, ganándole el título a Rodolfo Lapolla por abandono en el séptimo en el Luna Park. Debutó con un conocido nuestro, Armando Stafolani, que anduvo peleando por Tandil en 1937 (con Scarfó y con Caferatta) y fue ganador de Caferatta dos veces por nocaut, del Tigre de Alfara, de Félix Expósito y tres veces Ignacio Ara. Se tomó revancha de los vencedores de su hermano; Raúl Landini y de Antonio Rodríguez. Su última pelea fue en 1945 ganándole a John Young Herrera en Córdoba. Recién ocho años después de ese combate, la FAB le quitó el título argentino. Ganó 53, 22 por nocaut, perdió 6, una sola por nocaut ante el chileno Antonio Fernández (Fernandito) y empató 7, una con el brillante comprovinciano Raúl Rodríguez en 1944, cuando éste era campeón argentino. Falleció en 1971.
Ambos dejaron una huella honda en el pugilismo argentino y especialmente en Córdoba, donde cuando se habla de boxeo es imposible no mencionarlos. Un detalle: cada vez que boxeaba uno de los hermanos, el otro, antes de comenzar el combate, le daba un beso en el rincón.
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