José “Pepino” Malisia: ?Me gustaba más la ruta, pero el autódromo es mucho más seguro?
Por Fernando Izquierdo | fernandoizquierdo@hotmail.com
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailSe cumplieron en julio 30 años del debut de José Edgardo Malisia en el Turismo Carretera, uno de los principales referentes tandilenses en la máxima categoría del automovilismo argentino, a la que llegó tras un par de títulos en “cafeteras”.
Tras una carrera de estreno con Dodge, “Pepino” realizó todas las demás con Chevrolet, la marca que terminaría identificándolo.
Una de sus competencias más recordadas fue en San Lorenzo, en noviembre de 1992, cuando junto a Fabián Acuña protagonizó un histórico 1-2 tandilense, con “Zorrito” como ganador y él como escolta.
Entrevistado por La Vidriera, Malisia comienza recordando ese histórico episodio:
“Fabián había largado en la primera o segunda fila, y yo en la tercera. En determinada vuelta, cuando pasamos por el control, él me iba ganando por dos segundos y monedas, ya en el paso por boxes yo le había descontado mucho y lo tenía un segundo y pico más cerca. Pero se paró la carrera y se tomó hasta el final de la vuelta anterior, o sea que perdí esa distancia que había achicado”.
-Y después de la interrupción, largan juntos.
-Claro, y faltando muy poco para que termine la carrera yo venía primero y él segundo. Después de hacer la chicana de la autopista, me pasé de largo en un retome y por no “planchar” las gomas, paré despacio, hice marcha atrás y, obviamente, Fabián me pasó. El público de Chevrolet me quería matar.
-¿Fue cuando más cerca te sentiste de ganar?
-No, en Balcarce, en 1987. Eduardo Marcos me ganó por diez metros. Yo siempre digo, cuando las cosas no se tienen que dar, no se dan. Porque si en ese momento la llegada en el autódromo de Balcarce estaba ubicada como está hoy, ganaba yo.
-¿Lo venías apurando?
-Claro. En la última curva lo tenía para pasar y me encontré con un rezagado y me fui de la pista. Estiré el frenaje y empecé a pasar a Marcos, pero no vi ese otro auto. Y así y todo, llegamos casi a la par.
-¿Fue una carrera en la que siempre estuviste adelante?
-No, llegué a estar noveno o décimo. Se dio algo particular. Empezó a nublarse y a lloviznar entre las series y la final, y la duda era qué neumáticos utilizar. Nosotros teníamos los Michelin, con un pequeño dibujo, y otros slick. En esa época, cuando llovía mucho directamente no se corría. En boxes, estaba el “Chueco” Juan Manuel Fangio, que dijo que en un ratito no iba a llover más. Optamos por las gomas Michelin y al principio me costó, incluso me despisté.
-O sea, casi ganás una carrera en la que largaste desde atrás y sufriste un despiste.
-Sí, es que cuando empezó a secarse la pista, con las gomas que tenía hice mucha diferencia, los pasaba como parados. Marcos tenía las mismas que yo, éramos de los pocos que habíamos elegido para piso seco. En la última vuelta me jugué entero, dije “voy a tirar los cambios lo más alto que pueda”, le tiré la segunda como a 9 mil vueltas, y cuando lo estaba por pasar me empezó a fallar, me quería morir. Tiré tercera, después cuarta y seguía fallando, después llegué bien y casi la terminé ganando.
-¿Ganar una carrera de TC terminó siendo tu cuenta pendiente en el automovilismo?
-Puede ser, pero tampoco es que teníamos los recursos suficientes como para pelear siempre arriba. Hacíamos todo a pulmón con la peña, con colaboraciones de gente amiga, lejos del presupuesto que tenían los pilotos de punta.
-¿Vos metías mano en el auto?
-Sí, el motor lo armábamos con Guillermo Casanova, y después se lo llevábamos a Buenos Aires a Jorge Pedersoli, quien nos acomodaba algunas cosas, lo probábamos en su banco. Aunque solíamos ser protagonistas, sobre todo en las carreras de ruta, no teníamos el material como para pelear un campeonato. Siempre nos faltaban “cinco para el peso”.
-¿Preferías las carreras de ruta o las de autódromo?
-Las de ruta me gustaban más, pero eran mucho más peligrosas. En el autódromo, ante un despiste, tenías muchas menos posibilidades de lastimarte.
-¿Qué relación te unía en tu época de piloto con Acuña y Pernía?
-Nos llevábamos bien, todos defendíamos la ciudad. Claro que en la carrera eran rivales como cualquier otro.
-¿Con qué piloto compartías más tiempo en las carreras?
-Estaba mucho con Roberto (Mouras), con Vanrell y con el “Pato” Morresi, pero simplemente porque a todos nos hacía Pedersoli la motorización.
-¿Cómo era Mouras?
-Una excelente persona. Tenía un perfil muy bajo, era difícil para los periodistas hacerle una nota.
-¿Y como piloto?
-Siempre aceleró. Otros pilotos eran más cuidadosos con el auto, o esperaban su oportunidad, él aceleraba de principio a fin, iba a fondo desde la primera vuelta hasta la última.
-¿Qué recordás de su fatal desenlace en Lobos?
-En la serie, cuando lo pasé, vi que “planchó las gomas” (N. de R: frenada que, de tan brusca, impide que el neumático siga girando y genera un desgaste excesivo) de tal forma que les comió hasta las telas. Para la final, usó las mismas, y tuvo el accidente. Cuando pasé todavía estaba dando vueltas el auto, había una polvareda impresionante, habíamos largado cerca, en pista Roberto venía primero, después el “Chueco” (Romero), “Jony” (De Benedictis), yo y Rodríguez Canedo.
-Empezaste a notar que había pasado algo serio.
-Sí, cuando pasé por el lugar me dijeron que me vaya a boxes. Llegué allí y la noticia había empezado a correr. No sabés lo que era boxes, no se escuchaba una voz, estaban todos mudos.
-¿Y lo de Morresi en La Plata?
-Frenó y el auto se le descarriló, no lo pudo controlar, se le fue para un lado y para el otro. Cuando pasé, vi detenido al coche de “Jony”, pero al del “Pato” no, porque estaba del otro lado. Yo había roto una goma y fui para boxes, ahí me preguntó Pedersoli si había visto el auto del “Pato”, que se había pegado contra un talud.
-¿Esos dos accidentes te hicieron reflexionar sobre los riesgos del TC?
-Y…lo que pasaba es que éramos unos inconscientes, en ruta te despistabas y te pegabas unos palos de aquéllos, no tenías alternativa, contra algo te pegabas. Y le podía pasar a cualquiera.
-¿Te tocó sufrir algún accidente de consideración?
-En Tandil, volqué. Me pasé de largo en Scarminacci y me pasó el Torino de Franco. Lo alcancé y, para pasarlo, seguí a fondo en la curva de la Escuela Granja y fui a parar al campo, no me maté de casualidad y el Chevrolet no sirvió más.
-¿Sentías miedo al correr ese tipo de carreras?
-Mirá, si tenés miedo no podés correr. Pero a partir de esas cosas, tomás ciertas precauciones, que no son por temor sino por tu seguridad, como frenar unos metros antes o evitar “planchar” una goma.
Con Dodge, una vez
Chevrolet fue la marca que identificó a “Pepino” Malisia en el Turismo Carretera. Con ésa, hizo todas sus carreras, a excepción del debut, que fue con Dodge.
Su estreno en TC fue el 3 de julio de 1983, en Nueve de Julio. Así lo recuerda: “Estábamos preparando un Chevrolet para empezar en la categoría, encarando la temporada 1984, pero Santos Izquierdo, que era el presidente de la peña, me insistió para que arranque antes. Le alquilamos un Dodge a ‘Tolo’ Doumic y fuimos a dar una prueba al autódromo de Buenos Aires, en la última oportunidad para conseguir la licencia ese año”.
-¿Y cómo te fue?
-Teníamos una hora para entrenar. Y después debíamos hacer la vuelta en 2’09” al circuito 12 del Gálvez, para lograrlo tenías que ir con un muy buen auto. Doumic me decía que con el suyo se hacía 2’02”. Pero cuando subimos, fallaba en algunos lugares y no bajaba los 2’12”. Para mí era un problema de nafta y “Tolo” me discutía que era de corriente. Se pasó la hora de entrenamiento y salí a dar la prueba, volvió a fallar y no pude hacer el tiempo que necesitaba. Se armó un candombe bárbaro, porque fuimos a reclamarle a Doumic que nos devuelva el dinero del alquiler, porque el auto no había funcionado, y no quería saber nada.
-¿Y te quedaste sin correr?
-Fuimos a hablar con Octavio Suárez, que estaba de presidente en la ACTC y me dieron una nueva oportunidad, para el día siguiente. Pero a la noche empezó a llover, me quería morir, iba a ser imposible hacer el tiempo. Por suerte, cuando amaneció empezó a limpiar y la pista se secó.
-¿Y diste el tiempo?
-Sí, cómodo, bajé los 2’06”. Era nomás un problema de nafta, se había desprendido un pedazo de la goma espuma que se utilizaba en el tanque y se había metido en la entrada de la bomba.
-¿Cómo te fue en el debut en Nueve de Julio?
-Llegué en el puesto 19 en la final, después de tener un inconveniente en la clasificación, cuando quise poner cuarta y entró la segunda.
-¿Cuál fue tu mejor año en el TC?
-1989. Quedamos con el “11” y podríamos haber pintado el “9”. En una carrera estrenamos una caja de cambios, y se nos rompió. No teníamos los elementos para repararla porque todos usaban las cajas viejas, que eran distintas.
-¿Cómo se da el retiro?
-Fue en mayo del ’96. Se alternaba mucho entre autódromo y ruta, lo que te demandaba más tiempo de preparación, aparte con la peña no teníamos los medios suficientes para irnos los jueves a las carreras. Ya venía con ganas de dejar, y el fin de semana en Buenos Aires rompimos dos motores y directamente no corrimos (N. de R: su última carrera fue entonces el 21/4/96, en Nueve de Julio, en el mismo autódromo que lo vio debutar).
-¿Sos hincha de Chevrolet? ¿Por qué elegiste esa marca?
-No, hincha no. Claro que uno tiene una identificación después de tantos años. Se dio porque en “cafeteras” yo corría con Chevrolet, entonces teníamos una parte del motor y otros elementos que nos servían también para el TC. Fue como tener el camino un poco allanado.
El legado Malisia
-¿Te gusta que tu nieto Federico corra?
-Sí, el aprendió de chiquito. Ahora el físico no lo ayuda tanto porque empezó a jugar al rugby y en los kartings el cuerpo es fundamental. Uno a veces se preocupa cuando hace mal las cosas, pero termina entendiendo que es lógico, que todavía tiene que aprender, tiene 15 años.
-¿Lo aconsejás?
-En detalles, a veces le puedo dar algún concepto como “estás perdiendo tiempo en esta curva, probá de hacerla de otra forma”. Pero tampoco es bueno exigirlo demasiado.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios