Jóvenes escritores de ficción
“La sanción tejedora”, por Rocío Gamondi
Llegó el segundo martes y, como todos los meses, vino el empleado de correos a traernos la carta del inspector pero, esta vez no nos dio nada, sino que nos dijo que iba a llegar a las 14. Fue una noticia que nos alteró, ya que no teníamos suficiente drunken en la fábrica. Así que todos nos tuvimos que esclavizar durante la mañana para llegar a la cantidad justa, sino sabíamos que alguien iba a ser despedido.
A las doce tuvimos un problema: se cortó la luz y las voors dejaron de funcionar, ¡esto no nos puede suceder!, decíamos todos. La hora pasaba y la secretaria asustada empezó a gritar: ¡se acerca la hora, se acerca la hora, ya viene el inspector y va a correr sangre! Pero decidimos tranquilizarnos todos, las voors comenzaron a funcionar y todos nos pusimos a trabajar.
Ya eran las dos de la tarde y el auto de Aankoop estaba en la puerta, nosotros nos pusimos muy nerviosos, porque apenas teníamos la mitad del drunken necesario. Cuando él entró, notó que pasaba algo y, como nadie contestaba a su pregunta, decidió buscar pruebas por sí mismo.
Miraba las voors y tomaba nota, iba a la planta y volvía a hacerlo, pero cuando vio el interruptor llamó a Carlos, el encargado de ese sector. Nosotros no nos preocupamos porque él jamás haría algo para perjudicarnos, pero Aankoop dijo que él había sido el culpable de que no llegáramos con el drunken y lo despidió. Fue extraño porque, cuando lo hizo, Carlos sonrió.
A la semana Aankoop volvió por la mitad de drunken que faltaba. Cuando entró no estaba solo, sino que iba con Carlitos. Todo había sido una trampa para que los trabajadores se ocuparan de su tarea y no de culpar a los demás. Estaba cansado de que quisieran complacerlo una vez al mes.
“Una familia especial”, por Camila Cabrera
Los Malik son una familia musulmana poco común. Zayn es ese tipo de chico que, a simple vista, parece como otros. Le gusta comer, cantar y hacer ejercicio. Pero como cada persona, tiene sus secretos. La verdadera obsesión de Zayn es coleccionar almanaques de animales. Detrás de un joven tan rudo, se esconde una pasión que muchos llamarían debilidad. Cada día recorre negocios de toda la ciudad para conseguir la mayor cantidad posible de ellos. Le encanta preparar café, aunque no es de tomar mucho. Generalmente es para su padre, que bebe unos quince litros por día. También le gusta usar camisas, pero deben estar extremadamente limpias, por eso se cambia unas cinco por día y, cada tarde, manda a lavar las ciento seis que posee para tenerlas siempre impecables.
Doniya, su hermana mayor, es fanática del chocolate: colecciona los papeles y las cajas en donde estos vienen. Come al menos quince bombones al día, a veces más. Los compra con una semana de anticipación para que no vayan a acabarse inesperadamente y lo hace siempre en el mismo lugar. En una ocasión se quedó sin chocolates y “El Gran Festín” estaba a punto de cerrar. De la desesperación salió a la calle sin calzado y, asegurándose de que nadie la viera, tomó la bicicleta de su vecino. Para su mala suerte, el local ya había cerrado, así que regresó a su casa y se puso a dar vueltas. Subió y bajó las escaleras, paseó por todas las habitaciones, salió a la vereda, regresó, sacó el perro al jardín y volvió a entrarlo. Así estuvo hasta las cinco de la mañana, cuando “El Gran Festín” abría de nuevo. Llamó a su madre a las cuatro y cincuenta y cinco para que fuera a comprar. Cuando esta regresó, comió veinte chocolates y se fue a dormir.
El jefe de familia es Yaser, un típico hombre responsable por su trabajo y dedicado a su familia. Usa al menos nueve lapiceras para escribir un informe. Es un gran empresario, dueño de su propio negocio familiar. Sin embargo, le agradan las cortadoras de césped, usadas o nuevas, y las colecciona en el jardín.
Su madre Tricia, es una compulsiva del orden. Cada media hora limpia los adornos con tres clases distintas de cepillos y, a cada pelusa, le pone un nombre para identificar con cuál de los aerosoles debe retocar los muebles y las mesas. También le gusta comprar toallas con destellos y que los colores combinen con todos los objetos del baño.
Waliyha y Safaa son las hijas más pequeñas, inquietas como pocos, únicas en el barrio. Les gusta pintarse las uñas, pero su madre no las deja. Tienen doscientas muñecas por cada habitación y, sin embargo, están solamente con Boris, el shar pei negro de la familia. Cada vez que juegan a las princesas, Boris termina siendo el perro real y, cuando bailan ballet, no puede faltar el vestuario de su mascota. Si juegan al salón de belleza, maquillan y pintan las uñas de Boris. Es su amigo incondicional. Las niñeras jamás les duran.
Pero el destino de esta familia cambia al recibir la visita de Joji Malik, el tío de los chicos.
Llega con una pequeña valija, una camisa desabotonada en el cuello y sin un zapato. Siempre ha sido un hombre simple que no desperdicia dinero. En su vida ha probado un cigarrillo, pero nunca le faltan sus fósforos, le gusta coleccionar las cajitas con dibujos de animales. “Uno nunca sabe cuándo se puede precisar un fósforo”, les dice siempre a sus sobrinos. Los chicos le preguntan acerca del zapato que le falta, y contesta que lo lleva en el bolso, para que alguien se compadezca de él, lo lleve en su auto y no tenga que pagar el viaje.
Joji se instaló unos días en la casa de los Malik. La primera mañana que amaneció en la mansión, se asustó. Boris saltó con velocidad en la cama donde él aún dormía, haciendo que cayera y rompiera el piso. Pronto llegó la familia, que había ido a hacer las compras, y a Zayn se le ocurrió que Joji lo acompañara a ejercitarse.
Tricia comenzó a preparar una gran cena, para que, cuando llegara la noche, todos se reunieran. Waliyha y Safaa estaban con su padre esperando a Doniya, que había ido por sus chocolates. Zayn y Joji regresaron del parque y fueron a ducharse. Juntos se sentaron a cenar a las ocho de la noche. Los cuatros sobrinos estaban muy emocionados por la visita de su tío y querían saber sobre sus aventuras. La noche se hizo larga y a las tres de la mañana todos se fueron a dormir. Zayn cambió de habitación, ya que Joji había caído sobre la suya, y los demás durmieron en sus lugares.
A la mañana siguiente, Doniya no encontraba el dentífrico. Buscó en el mueble, pero no había. Culpó a Zayn por haberlo acabado, fue a su habitación y empujó el colchón hasta tirarlo de la cama. Su hermano reaccionó y comenzaron los gritos. Todos en la casa se levantaron asustados, hasta Boris se escondió debajo de los sillones. Joji no decía nada, sólo escuchaba, hasta que confesó que estaba tan obsesionado con que sus dientes quedaran blancos, que no sólo había usado el dentífrico que estaba en el baño, sino los cuatro que había de repuesto en el mueble. Luego de disculparse, todos se calmaron y Joji fue a comprar los dentífricos que había acabado.
Finalmente, los días transcurrieron con sus actividades y, al cabo de una semana, su tío se despidió de la familia y regresó a su hogar.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios