Jucio por el crimen de Nito Rodríguez: En un clima de suma tensión, más testigos aportaron sobre la violenta historia que terminó en un crimen
Precisamente el joven imputado ingresaría a la sala de debate fuertemente custodiado bajo una lluvia de insultos de familiares y allegados de la víctima, quienes cargan una pesada mochila de impotencia, bronca y mucho dolor ante la pérdida irreparable, inesperada e insólita, frente a la historia que comenzó a ventilarse pormenorizadamente en los estrados judiciales del Tribunal Criminal 1.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEs que a cada testimonio, cada relato que se agrega al debate, más cabalmente queda en evidencia que Nito Rodríguez nada tenía que ver (mucho menos semejante trágico desenlace) con la controvertida como virulenta historia de lazos sentimentales heridos, perturbados, de aquellos pares de la vecindad.
Sólo su afabilidad por solidarizarse con uno de los promotores de aquella disputa pasional, y el destino, lo colocó en el peor de los lugares, al lado de quien resultaba el blanco de toda aquella ira, con el infortunio -dentro de aquella locura con portación de arma- que el agresor tuvo mala puntería y dio de lleno en su rostro, causándole su muerte.
Nito era, entonces y hasta su muerte, más que un testigo ocasional del conflicto que vivenció toda la barriada. Aquella historia que habla de un Miguel Orojovac alocado y despechado por el desamor de Daiana Pugni, quien había resuelto terminar con él -ver aparte- y relacionarse con Baigorria, el joven que se hartó del hostigamiento cotidiano del ex y decidió terminar aquel acoso de la manera más violenta, a los tiros. Sin medir que dicho disparo iba a dar en la humanidad de alguien que nada tenía que ver con la turbulenta relación.
Por eso se entiende la bronca que se respira en la sala, incluso la culpa que demuestran aquellos que, en definitiva, fueron parte de un conflicto, un drama con final fatal.
Será por eso que Baigorria, sentado en el banquillo de los acusados, ya pareciera ni querer saber qué se dice en la sala sobre él y los demás, e intenta meter su cabeza dentro del cuello de su buzo polar y cierra sus ojos buscando dormitar.
Será por eso que el padre de Nito, Francisco Rodríguez (policía él), mastica bronca y no le saca la mirada al acusado, y secundará en el pasillo en cada cuarto intermedio a los suyos para que la bronca no se propase más allá de los insultos para con el reo.
Médico policial
Todos esos sentimientos a flor de piel, poco y nada tendrían que ver con lo que fiscal y defensa debaten. Más bien hurgan en los articulados del código para conformar su estrategia de cara a la calificación penal que se pretenderá para el crimen. Si se trata de un homicidio simple o culposo.
Para el tecnicismo jurídico en disputa, entonces, sería de vital importancia el testimonio del médico de policía Roberto Leitao, quien le practicó la autopsia y trazó sus conclusiones sobre los impactos detectados en el cadáver y, a partir de allí, arribar a conclusiones sobre la trayectoria desde donde se ejecutó el disparo y el impacto.
Coincidió con la lectura del perito balístico, acerca de las heridas múltiples en el rostro de los perdigones hallados, lo que dejaba entrever sobre la trayectoria de los disparos: entre 5 a 10 metros de distancia. Asimismo, consideró que a partir de la concentración de dichos perdigones no se permitía inferir que el disparo se haya ejecutado sustancialmente de manera diagonal, como busca hacer prevalecer la defensa en la hipótesis del disparo accidental, cayéndose de la bicicleta, como dijo oportunamente el imputado.
Igualmente, el defensor Diego Araujo logró que el profesional aceptara la posibilidad de que ante la postura inclinada del atacado (Nito), el disparo de Baigorria se pudo haber efectuado desde abajo hacia arriba, lo que también configuraría una trayectoria perpendicular. Detalles -no menores- que servirán de elementos para los futuros alegatos.
Madres de un mismo drama
Mientras que la madre de Nito seguía el juicio entre el público, contenida por otras mujeres que han participado de distintas marchas en pedido de justicia, otras madres prestarían declaración frente a los jueces. La madre de Miguel Orojovac y la de Daiana Pugni, respectivamente.
Ambas, según su mirada y al decir de sus hijos, reseñarían aquellos meses de pésima relación que había entre ambos, coincidirían sí en una controvertida y violenta relación, aunque cada una encontraría los responsables en el otro. Contarían sobre los días y horas previas y posteriores al suceso fatal, testimonios que tuvieron su correlato con lo expuesto por sus respectivos hijos.
También pasaría al frente del Tribunal una joven vecina de los protagonistas, quien relató sobre aquellos episodios violentos previos, cuando Baigorria lo repelió en su caballo blanco a Orojovac, quien se había auto provocado cortes en los antebrazos con la faca que siempre portaba, a la vez que le profería insultos a Daiana por su nueva relación y, en especial, por el hijo que llevaba en su vientre que, al creer de él, era suyo, aunque ella lo negaba, y lo sigue negando.
También la testigo recordaría que cuando se anoticiaron del suceso mortal y fueron en busca de Nito, a una cuadra observó a Daiana caminando tranquila con uno de sus críos, saliendo de la vivienda de Baigorria.
Aquí es donde surgió la sospecha que la mujer resultó la instigadora para que Baigorria hiciera lo que hizo. Empero, con el paso de los testimonios y, principalmente el de ella misma, aquella posibilidad se iría diluyendo.
Se cerraría la segunda jornada con el testimonio de una tía del acusado, citada por la defensa, quien hablaría de la personalidad del sobrino (un joven trabajador, introvertido, sin inconvenientes previos) y su difícil infancia, a partir de los padres separados y una madre con problemas psiquiátricos que generaron que él terminara haciéndose cargo de sus hermanos menores.
Sin más, los jueces pasaron a un nuevo cuarto intermedio hasta el próximo martes. Baigorria sería despabilado por el personal penitenciario, que lo volvió a rodear en una cadena humana y lo trasladó hasta el móvil policial. Otra vez en el camino, los Rodríguez y compañía le dispensarían un rosario de agravios y le desearían la peor de las pesadillas en la cárcel, donde parece que ya el joven acusado sabe, resignado, que le tocará purgar su condena un largo tiempo. A esta altura ya pareciera no importarle demasiado. Si hasta incluso intentó ahorcarse en el calabozo, según contó Daiana, la mujer que motivó en definitiva a que cometiera la peor de las acciones, disparar a matar.
Daiana, la chica de la discordia
Muy esperado era el testimonio de Daiana Pugni, en definitiva quien resultó el eje de la disputa entre el “Mula” Baigorria y Miguel Orojovac, que culminó con la muerte de Nito.
La joven madre de cinco hijos, relató con claridad y solvencia el interrogatorio de las partes, dejando en claro una intensa como virulenta vida, a pesar de su juventud. Cabe consignar que la mujer se tuvo que ir de la ciudad frente a la reacción de los allegados a la víctima, que apedrearon su casa, la amenazaron e intentaron agredirla a los días del deceso de Nito, ante la sospecha de que todo había sido por su culpa.
Confió sobre los meses de noviazgo con Orojovac, a quien describió como un golpeador. De hecho, constan las denuncias realizadas por violencia que terminaron con una restricción de acercamiento que, como suele ocurrir en estos delicados asuntos, el hombre no cumplía.
De hecho, Daiana sostuvo ante los jueces que al día de hoy la sigue acosando con amenazas y demás acciones, pretendiendo la potestad de un hijo que, según ella, no es de él.
Luego se referiría a la relación con Baigorria, con quien mantuvo un noviazgo en el mes en que se desarrollarían los hechos que terminaron en “el accidente”, al decir de Daiana.
Posteriormente, se referiría a los días previos como a la jornada en que ocurrieron los hechos, dejando sentada la hipótesis de que ella no había estado con el “Mula” y, por ende, no lo instigó a que reaccionara como lo hizo.
Al respecto aclaró que ante las amenazas constantes ellos siempre actuaron con tranquilidad y llamaron a la policía, como ocurrió el día anterior, cuando Baigorria lo sacó carpiendo en su caballo y se llamó a la policía, quien halló a Orojovac refugiado en la casa de Nito.
Puntualmente, el fiscal Damián Borean la indagó sobre sus conversaciones con el “Mula” una vez detenido en Azul, donde ella también se radicó a raíz de las amenazas que había sufrido.
Al respecto se mostró cautelosa a la hora de responder, dejando en evidencia que no iba a dejar mal parado a aquel joven que la había protegido de aquellas tantas agresiones.
“El estaba shockeado, ni hablaba de lo que hizo y yo no le quise preguntar”, respondió ante la insistencia del fiscal, para luego reiterar que había ocurrido un “accidente”, a la vez que negó que ella lo hubiera mandado a matar.
-“¿Por qué habla de accidente? -repreguntó el fiscal sobre el crimen, y la joven dejó entrever que el “Mula” le dijo que no había querido matar a nadie.
-¿Qué siente por Orojovac? -le preguntó el particular damnificado Marcelo Argeri.
“Bronca no, impotencia. Me da lástima. Me metió en problemas y me hizo sufrir mucho, pero él está peor que yo, está muy mal”, contestó una joven mujer que no dejó fisuras en su relato, más allá de las interpretaciones y preconceptos que se mantuvieron para con ella, llevándose consigo la duda de que sabe mucho más de lo que dijo, pero que nunca lo va a decir.
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