Juicio: Con cuestionamientos al accionar del acusado, el fiscal pidió prisión e inhabilitación para ejercer como médico
Ayer llegó el tiempo de los alegatos por el juicio que se siguió contra al doctor Daniel Pardini por el fallecimiento del joven Jorge Matto Luján en el Hospital de Niños, ocurrido en enero de 2010, producto de un cuadro de apendicitis aguda.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailComo habían anticipado desde los lineamientos iniciado el debate y tras lo visto y escuchado a lo largo de las dos audiencias previstas por el juez Carlos Pocorena, el fiscal Luis Piotti se mantuvo en su acusación, calificando el delito como homicidio culposo y ratificando la condena que oportunamente había planteado en la requisitoria: un año y seis meses de prisión condicional y seis años de inhabilitación para ejercer la medicina.
El defensor Ernesto Erramouspe, por su parte, también mantendría el pedido de absolución, argumentando que su cliente no fue responsable del deceso del joven.
Como en jornadas anteriores, Pardini estuvo muy atento a lo dicho en la sala, aunque pocas veces levantó su mirada del expediente que leyó y releyó párrafos varios, subrayando con marcador aspectos que él consideraba importantes para apuntarle a su defensor. Más luego, volvería a dirigirse al juez para insistir en su inocencia y recordar su vocación médica (ver aparte).
Más de cuatro horas demandaron los alegatos de las partes, cada uno manteniendo enfáticas y sólidas alocuciones que buscarían persuadir al magistrado Carlos Pocorena, quien tendrá la última palabra a ventilarse el próximo miércoles por la mañana, tiempo de veredicto y eventual sentencia.
Fuerte acusación
Pasadas las 9 entonces, el fiscal Luis Piotti arremetería con su alegato, cargado de fuerte enjundia en varios de sus párrafos, dejando entrever que el caso investigado le llevó un especial interés no sólo por quien resultó la víctima y el clamor de su madre, sino también por ciertas conductas, posturas que afrontó de parte de médicos varios a la hora de ser consultados en la materia.
Para el ministerio público se dio a lo largo del debate una cabal prueba que fundamentó la acusación. Primeramente, quiso señalar una situación previa a modo de visualización del caso: un niño internado que a los seis días falleció. Se interna por un cuadro de apendicitis y luego muere de dicha patología. Así, adujo, era dable sospechar sobre una mala praxis. “Lo primero que a uno se le cruza por la cabeza es que aquí alguien se mandó una macana”, indicó en tono coloquial.
Piotti subrayó que se puso en crisis el deber de cuidado y prudencia que el médico debe tener. Y allí arrancaría con la cronología de los hechos que terminaron en el fallecimiento de Jorge Matto Luján.
“Dolor en la fosa ilíaca derecha (región inguinal), blumberg positivo (descompresión brusca dolorosa del abdomen y tiene gran importancia en revelar irritación peritoneal)”, como indicadores claros de una apendicitis. También el cuadro venía acompañado de vómitos y fiebre. Clínicamente se aludió a un abdomen agudo por apendicitis, por lo que ameritaba a realizar una laparotomía exploratoria (una cirugía que se hace con el propósito de abrir, explorar y examinar para tratar los problemas que se presenten en el abdomen).
Frente al citado cuadro, el fiscal insistió en base a las aseveraciones de los peritos oficiales que en caso de dichas altas posibilidades de apendicitis que presentaba el paciente se debía operar.
Luego arremetería contra la estrategia defensista, cuestionando con severidad a los médicos colegas de Pardini quienes a su entender “buscaron nublar la verdadera situación”, acerca de hablar de cuadros similares con una gastroenteritis.
Al respecto, subrayó que el cuadro de las deposiciones de diarrea se sucedieron luego del primer cuadro que había ameritado la internación.
Según Piotti la defensa estuvo vacía de contenido, quedando demostrada la confusión generada por los peritos de parte consultados.
Sin pausa, aludiría sobre el “desvío” causal de la muerte que intentó pergeñar la defensa.
Desviar la responsabilidad
Como primera teoría dentro de ese intento, Piotti apuntó a que según la postura defensista no se sabe de qué murió el chico, intentando demostrar –sin suerte a su criterio- que la apendicitis fue posterior a la internación, y así volcar la carga de la responsabilidad en la madre que no atendió a su hijo como se había sugerido una vez dada el alta.
Después, siguió analizando el fiscal, se empezó a justificar los hechos, criticando que hubo una mala lectura del dolor, sin tener en cuenta que se trataba de un menor que posiblemente quiso ocultar lo que padecía por miedo a la operación que se había pronosticado como posible en primer término.
Arremetiendo contra el presunto cuadro de gastroenteritis, el fiscal se preguntó por qué entonces no se exploró dicho cuadro, por qué no se analizó la materia fecal, se hizo una ecografía, por caso. Nada de eso se propició.
En otro tópico de la emulada estrategia de la defensa, Piotti habló sobre desviar la responsabilidad de Pardini en sus colegas clínicos primero y en la madre después, cuando era –y es- el cirujano quien “lleva la sartén por el mango” en este tipo de situaciones.
Si bien recordó que el doctor Scarcella estuvo primeramente imputado en la causa, luego quedó determinado que él actuó y le dio el alta según el diagnóstico que le había trazado el especialista Pardini.
Asimismo, se dijo sorprendido que se le pretendiera achacar a la madre por darle un Sertal a su hijo una vez en la casa, siendo que la mujer se fue del Hospital con el alta médica, que para el común de los mortales resulta un alivio al suponer que el hijo entonces sólo tenía problemas estomacales.
Ya contra los profesionales médicos que actuaron como peritos o resultaron testigos en el debate, no escatimó en críticas, siendo que los expertos consultados no respondieron lo que el fiscal preguntaba, no fundamentaron el porqué del accionar coincidente con Pardini en un caso de dichas características.
Y también para con Pardini tuvo sus apreciaciones, especialmente cuando se remontó a la escena cuando Matto Luján muere en el Hospital y donde el pediatra le preguntó a la madre si tenía problemas cardíacos. “¿Cómo pudo decirle eso?”, enfatizó, “cuando el médico bien sabía cuál era el cuadro”. Dejando en claro que a su entender fue un claro intento de evitar la situación.
También no olvidó subrayar sobre las valoraciones “falsas” del imputado cuando habló de una apendicitis sana.
Piotti cerraría su entusiasta como contundente alocución aclarando que no se acusó al médico de darle el alta, sino por el mal diagnóstico que llevó a otro colega a hacerlo. A la vez recordó con especial ahínco aquella sensación que quedó en la sala desde la aparición del testigo Scarcella y lo planteado en las preguntas de la defensa: “Quisieron decir ´señora quizás usted mató a su hijo´”. Finalmente, tras enumerar atenuantes y agravantes, pidió la condena citada en párrafos anteriores.
Las corporaciones
El particular damnificado en la representación del letrado Gustavo Ballent, a su turno, se tomaría de la vehemencia del fiscal para coincidir en un todo en la argumentación acusatoria, para luego hacer una lectura de cómo funcionan las corporaciones, en este caso médicas en especial en una ciudad chica como Tandil. Por ello, no dejó de destacar la intervención de un médico del propio centro asistencial que el día del fallecimiento del joven le sugirió a la mujer que hiciera la denuncia porque “se habían mandado una macana”. Al mismo tiempo destacó el profesionalismo del doctor Roberto Leitao a la hora del resultado de la autopsia como su compromiso con sus conclusiones.
Tomándose de una frase futbolera habló de la manta corta a la hora de graficar lo que fue sucediendo a lo largo del juicio por parte de la defensa, queriendo quitarse responsabilidades y desnudando sus deficitarias actuaciones a la hora de diagnosticar erráticamente lo que padecía Matto Luján.
Los reparos de la defensa
Con la misma intensidad que la acusación, el defensor Ernesto Erramouspe buscó desacreditar una y cada una de las aseveraciones del ministerio público para así arribar a la conclusión que no hubo negligencia por parte de su pupilo, el doctor Pardini.
Se tomó un largo tiempo para citar a aquellos profesionales que oportunamente opinaron en el caso y que a su entender el fiscal no tuvo en cuenta porque no le servían para mantener la acusación.
Afirmó que se trataba de un cuadro meramente clínico, que ameritaba analizar su evolución, sin dejar de mencionar que por el niño pasaron como mínimo tres manos, acerca de los tres profesionales que lo atendieron en el Hospital. Que Pardini actuó por una interconsulta y que el paciente estaba a cargo de la guardia activa del Hospital, no de su cliente.
“No se puede abrir por las dudas”, en referencia a la urgencia de operar al chico cuando ingresó al centro asistencial, aseverando que había que ir descartando posibilidades y actuar con prudencia.
No dejó de mencionar que el caso revistió la paradoja que fue disminuyendo el dolor en el paciente y su abdomen se presentaba blando al tacto de los médicos, cuadro diametralmente opuesto a una apendicitis.
A la vez, aclaró que el dolor tiene una expresión autómata y no se puede ocultar.
Afirmó que según sus cálculos, la perforación de la apéndice se sucedió en la externación y nada se investigó sobre qué se hizo con el chico durante su estadío en la casa, apenas se quedó con los dichos de la madre que contradijo las indicaciones que le había dado Scarcella, con aquello de volver al Hospital ante el primer síntoma de dolor.
Subrayó que Pardini actuó bien, con diligencia, correctamente como marca la prudencia médica. Agregando que no hubo negligencia clínica y el cuadro se complicó una vez dada el alta, factiblemente por la medicación casera que eligió la mamá.
Ya abocado a los dichos de la madre, no tuvo empacho en señalar contradicciones varias y la “mendacidad” en la que incurrió, intentando desacreditarla como testimonio de prueba. Insistió en que no siguió los consejos médicos, y que el día 3 “en vez de darle un Sertal por el dolor lo hubiera llevado al Hospital hoy no estaríamos debatiendo acá”.
“Me dediqué toda la vida a los chicos”
Ya en el epílogo de la audiencia, el doctor Pardini volvió a hablar. Dijo lamentar la muerte del chico, pero que no podía arrepentirse de lo que no hizo mal.
“Desde los seis años dije que iba a ser médico. Recibido, quise ser pediatra y cuando operé por primera vez decidí hacerlo con los chicos. Me dediqué toda la vida por los chicos y para los chicos”, cerró el galeno que por primera vez alejó su vista del expediente y miró al juez, quien el miércoles decidirá su suerte procesal.
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