Juicio por el crimen de los italianos: Las peritos oficiales descartaron tajantemente que el acusado haya actuado bajo emoción violenta
Era el tiempo de los profesionales, psiquiatras y psicólogos que intervinieron en el caso, a los que se les demandó sus impresiones sobre el estado emocional y psíquico del acusado a la hora de cometer semejante hecho.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailComo en otras ciencias y más en ésta que no es exacta, hay interpretaciones distintas sobre un mismo hecho, las dos bibliotecas como suele inferirse a la hora de abordar un asunto; en este caso, las circunstancias y acciones desplegadas por el imputado.
Los peritos oficiales, a su turno, fueron contestes con lo que oportunamente volcaron en la instrucción. No hay margen para considerar que De Agostini actuó bajo una emoción violenta. “Existen pocas posibilidades de que exista un trastorno de la conciencia”, concluyó una de las funcionarias judiciales.
Los peritos de parte, en tanto, argumentarían la tesitura contraria, que sí hubo una perturbación de la conciencia y que se trató de un delito patológico en el cual su autor claramente sufrió una patología, según su entender.
Debate
En el medio de las interesantes disertaciones de los profesionales, De Agostini escuchando atentamente lo que diagnosticaban sobre él y su violento accionar. Su familia, una vez más colmando la sala de audiencias también, tratando de comprender y aferrándose a la idea de lo remitido y explicado por los expertos propuestos por la defensa. Tal vez con aquellos razonamientos psicológicos logren digerir que aquel hombre afable, amigo de los amigos, familiero sin antecedentes violentos, terminó protagonizando el hecho que los propios peritos -confiaron- pocas veces habían visto en cuanto a la escena criminal.
Primeramente pasó frente al Tribunal el médico psiquiatra Martín Modafari, a cargo actualmente del Centro de Atención al Ludópata de Tandil, quien iba a verter sus impresiones y experiencia sobre el tratamiento y los casos de la adicción al juego, lo cual la defensa postula como uno de los trastornos que sufrió De Agostini. Es dable aclarar que el propio profesional nunca lo trató como paciente, sólo mantuvo una consulta con su esposa una vez arribado al desenlace delictivo ventilado (ver aparte).
Tras una hora de exposición, devendrían las disertaciones de los peritos. Alocuciones que demandaron toda la mañana y buena parte de la tarde de ayer, para dar por finalizado el tercer capítulo rumbo a los alegatos, a desplegarse el próximo jueves.
Palabra oficial
La psicóloga María Eugenia Navarro y la psiquiatra Patricia Venegas, entonces, dieron cuenta de su intervención en el caso y sus conclusiones, tras mantener tres entrevistas con el acusado y evaluar los autos del expediente.
Para las exposiciones, se aportó el video en el que se filmó el ingreso y egreso de De Agostini de la casa de los Bravata, prueba fundante, clave, para dar en aquellos días con su detención.
Las impresiones de las profesionales fueron claras como contundentes: De Agostini no tenía ninguna alteración mental, pudo comprender la criminalidad del acto.
Para arribar a semejante sentencia, las peritos dijeron que consideraron el propio relato del imputado como las conductas previas y posteriores del luctuoso suceso, detallando sus respectivas lecturas mientras se proyectaba la imagen del acusado entrando y saliendo de la casa del doble homicidio.
Insistieron en que el imputado tenía capacidad de razonar y discernir al momento de los hechos y no detectaron un estado de alienación, según su mirada sobre su accionar filmado.
Se aludió sobre el estado de ansiedad, de tensión del acusado a la hora de llegar a la casa, aunque se mostraba atento a los movimientos. Para el egreso, consideraciones similares, como aquello de tomar las llaves hasta dar con la indicada para abrir el portón y un detalle nada menor: limpiar el picaporte antes de irse.
A más conclusiones, las peritos refirieron sobre una conciencia lúcida, no sólo en la idea sino en el razonamiento, ya que en la escena del crimen, el antes y el después, se evidenciaron medidas preventivas, se habló de actos complejos, coordinados, léase cambiarse la ropa, correr uno de los cuerpos, buscar y llevarse el documento que acreditaba la deuda, entre otros condimentos que dan forma al menú de parámetros para que las profesionales llegaran a la contundencia de sus opiniones.
Sobre la amnesia alegada por la defensa, también la descartaron, ya que tomaron nota que a medida de las preguntas en las respectivas entrevistas aparecieron recuerdos nuevos que no se condicen con un estado de dichas características.
A preguntas del defensor Diego Araujo, quien evidenció sus discrepancias con las tajantes conclusiones de las peritos, las funcionarias terminaron en coincidir que efectivamente no descartaban que hubo emoción en el accionar de De Agostini, aunque lo que “se discute es el grado de emoción”.
Caso Barreda
Tras un cuarto intermedio tras los extensos testimonios de las funcionarias judiciales, llegaría el turno de otros dos actores, con la misma experiencia o mayor que las anteriores, sobre todo el médico forense, de una dilatada trayectoria en el ámbito académico como judicial.
Se trató del reconocido legista, docente y psiquiatra Miguel Angel Maldonado, quien junto a su colega María Ester Letchuc trazó su mirada muy distinta a la que horas antes habían postulado sus colegas.
Maldonado enfatizó sobre “una grave perturbación de conciencia” del imputado, una situación estresante que lo provocó una alteración mental.
Didáctico en sus conceptos, el profesional aludió a un delito patológico por lo inusual, ya sea en lo sangriento, por lo violento, lo que conlleva a pensar en un homicida con patología.
Para arribar a dichas conclusiones tomó nota de la repetición, velocidad y cantidad de impactos ejecutados con el martillo sobre el cráneo de las respectivas víctimas.
También refirió a “cosas burdas” detectadas en la escena del crimen, como dejar el arma homicida, arrastrar un cuerpo con la supuesta intención de ocultarlo pero dejando las huellas de sangre tanto o más impactantes que el propio cadáver. Dejar la luz prendida, las puertas abiertas, todos elementos que lo llevaron a considerar que se estaba frente a un sujeto que no estaba en plena conciencia. “Si no hubo perturbación de conciencia no podía quedar la escena del crimen como quedó. No podía haber hecho lo que hizo”, sentenció el médico.
Su colega asintió lo expuesto y fue por más, encontrando razones del porqué de las causas de semejante reacción violenta, devenida de un disparador concreto, en este caso las amenazas y el temor que lo llevaron a padecer el psicotrauma diagnosticado.
Añadió que los meses previos al hecho De Agostini vivía en extrema vulnerabilidad, y que padecía una angustia franca, palpable. Según sus entrevistas, el imputado transmitía una angustia insoportable.
Allí Maldonado aportó que en una de las consultas el propio De Agostini, quebrado en llanto, le pidió saber qué paso, qué le pasó.
Al respecto y a preguntas de las partes, ambos coincidieron en la incapacidad del acusado de simular, de poder actuar de manera eficiente como para engañar al interlocutor, en clara alusión a la posibilidad de haber inventado un estado de amnesia y mantenerla en el tiempo.
“Quién le dio letra para cómo actuar y qué decir”, supo graficar el especialista a la hora de descartar una coartada tal que incluso se tomen de parámetros médicos que le permitan construir un relato ventajoso para sí.
Se sucedió un intenso cruce de opiniones con el fiscal, cuando éste le preguntó situaciones puntuales que derivaron en las conclusiones aludidas, dejando al descubierto que Maldonado y compañía, más allá de sus conocimientos, no contaron con detalles propios de la causa sobre la escena del crimen o el propio accionar del imputado.
Igualmente los profesionales se mantuvieron en su mirada, incluso Maldonado citó al caso del dentista Barreda a la hora de graficar cómo un hombre normal, de carácter tranquilo, reaccionó como reaccionó ante un determinado detonante emocional.
Así, con las respectivas conclusiones a cuestas, el Tribunal dio por culminado el juicio en cuanto a la presentación de prueba. Ahora resta escuchar al fiscal y defensor con sus respectivos alegatos. Será el jueves próximo, para luego aguardar por el veredicto de un Tribunal, que siguió atentamente los considerandos de todos los testigos, pero que a estas alturas, y si bien espera las peticiones de las partes, ya guarda su sincera convicción sobre lo que pasó y la responsabilidad penal que le cabe al imputado del doble crimen.
Ludopatía
Martín Modafari fue otro de los interesantes aportes que dejó la jornada al referirse como psiquiatra a la ludopatía, la adicción el juego que, en este caso, se especula podría haber padecido el acusado para llegar al estado emocional que padeció.
Con consideraciones claras y datos precisos, aludió conceptos generales de la enfermedad, señalando que el 1,5 al 2,5 de la población que juega es ludópata, sobre quien señaló que puede entrar en un estado desesperante, desbordante, que lo lleva a una angustia profunda, que sería la última etapa del proceso patológico.
El médico recordó que el caso ventilado lo abordó a partir de la consulta de la mujer del acusado, una vez detenido, a quien describió como una mujer que por esos días estaba sumamente angustiada y que merecía una contención.
Otro dato distintivo que permite a los profesionales hablar de una persona adicta o no al juego: “Si gasta más del 10 por ciento de su sueldo ya se piensa que tiene problemas”, citó Modafari, como así también el síntoma de perder los lazos familiares y sociales, y llegar hasta el descuido personal, información que servirá a las partes para confirmar o descartar si De Agostini padecía esta enfermedad.
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