Juicio por el crimen del matrimonio Bravata: Usura, desesperación, y el homicida impensado
A modo de preámbulo, el ministerio público fiscal, encarnado en el fiscal que llevó adelante la pesquisa, Luis Piotti, reiteró su hipótesis de que se trató de un doble homicidio en concurso real, tal reza la carátula del expediente.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailA más precisiones, detalló que aproximadamente entre las 10 y 11.40 de aquel día, el acusado ingresó al domicilio de calle 14 de Julio 134 y dio muerte a sus moradores, Santos Bravata y Franchesca Croce, aplicándole golpes sobre sus cabezas con un elemento contundente.
Piotti no obvió mencionar en sus lineamientos, cual anticipo, que no hay mayores desavenencias con la defensa en cuanto a la autoría material del hecho (gran parte del material probatorio fue incorporado por lectura), considerándose entonces que el nudo del debate estará dado por el estado psicológico del acusado a la hora de cometer el sangriento suceso.
En efecto, el defensor oficial Diego Araujo compartiría el criterio fiscal, adelantando que alegará por que quede en evidencia que existió en su pupilo un trastorno mental transitorio, bajo la figura de la ‘emoción violenta’, a partir de las fuertes presiones sufridas en torno a las amenazas que habría recibido él y su familia por una deuda que mantenía con Bravata.
Previo a la palabra de las partes, el Tribunal integrado por los jueces Gustavo Agustín Echevarría, Pablo Galli y Guillermo Arecha, dieron lugar al ingreso del público, entre el que se ubicó a familiares y allegados del acusado y algunos estudiantes de derecho que comúnmente participan como espectadores cual práctica de su carrera. En paralelo, personal penitenciario irrumpía en la sala custodiando el ingreso de De Agostini, que mantenía la figura de aquellas últimas imágenes publicadas una vez conocida su detención por el resonante caso.
De Agostini seguiría atento lo que se iba a escuchar a lo largo de la mañana y buena parte de la tarde de ayer de la docena de testigos citados, sobre los cuales se mostró emocionado, quebrándose hasta las lágrimas, cuando fue el turno de sus amigos de toda la vida (ver aparte).
Policías testigos
Como estaba previsto, para la primera jornada se citó a algo más de una docena de testigos, fundamentalmente los policías que intervinieron en el hecho y la consiguiente detención de De Agostini, alias “Pelado” o “Trincho”.
La primera en declarar fue la titular de la DDI local, comisario inspector Patricia Perrota, quien dirigió la pesquisa bajo las órdenes del fiscal, sobre todo en lo que fue la primera impresión de la escena del doble crimen y luego la proyección del video recogido de las cámaras de seguridad de la casa de las víctimas, imágenes que fueron vistas por varios uniformados entre los que se encontraba uno -luego declararía- que sería conocido, amigo, de aquel sujeto que se observaba nervioso en el ingreso y egreso de la casa horas antes del crimen, transformándose desde el primer momento en el principal sospechoso.
Tal se indicó en párrafos anteriores, las preguntas de las partes se apartaron de la investigación y detención del acusado, más bien todo apuntó a dar con elementos tendientes a esclarecer cómo actuó De Agostini y, a partir de allí, establecer si actuó conscientemente.
Cómo fue el crimen
Fue así que las preguntas a Perrota, como luego a otros efectivos que intervinieron en primera instancia, se direccionaron a la disposición de los elementos, los cadáveres en el lugar del homicidio, la vivienda. Cómo se distribuían las dependencias, las ventanas y dónde se hallaron los cuerpos y las manchas de sangre, formaron parte de reiteradas preguntas y sus consiguientes respuestas de los policías.
Quedó claro, entonces, como hipótesis del doble crimen, que el imputado mantuvo una conversación con Antonio Bravata en el comedor diario y allí empezó la discusión que terminó en la brutal agresión con un elemento contundente (un martillo que llevó De Agostini). Luego -se cree como reconstrucción del hecho- la mujer, que estaba en la cocina, salió rauda ante la violenta escena hacia el comedor que daba al frente de la casa, donde fue interceptada por el agresor, que también allí le dio muerte.
No es un dato menor dónde se supone que fueron asesinados y dónde finalmente fueron hallados los cuerpos. Para el fiscal, si Bravata fue asesinado en el comedor diario y luego arrastrado hacia el living -tal lo evidencian las manchas de sangre-, podría inferirse que De Agostini era consciente de lo que había hecho y para evitar que circunstanciales personas (sobre todo el inquilino que vivía en un departamento trasero) pudieran observar el cuerpo desde la ventana balcón que había en dicho comedor, lo corrió de lugar.
Otro dato no menor sobre la conducta del acusado: tras el cruento suceso, salió de la casa con otra muda de ropa y, una vez requisada la escena, no se halló documentación alguna a su nombre, tal luego se supo que había puesto la relación “comercial” que existió entre víctima y victimario.
También los policías relataron sus propias impresiones al ver el video, sobre todo las características de cómo De Agostini entró y luego salió. Coincidiendo en que se veía una persona nerviosa, que a la hora de entrar tocó timbre y aguardó que Bravata le abriera el portón, en el mientras tanto se observaba como que portaba algún elemento en su cintura, tapado por la remera (el martillo).
En cuanto al egreso, también nervioso, saliendo apurado, manipulando un manojo de llaves con las cuales quiso abrir el portón pero se equivocó, hasta dar con la indicada.
Luego a su vez hicieron lo propio los testigos civiles que resultaron los primeros que vieron la escena sangrienta y dieron aviso a la policía, quienes también fueron consultados sobre la disposición de los cadáveres como el resto de los elementos de la casa.
Posteriormente desfilarían otros testimonios vinculados especialmente al círculo afectivo del acusado, como así también aquellos que tenían conocimiento de la actividad de Bravata y la relación con De Agostini (ver aparte), cerrando así la primera de las cuatro jornadas previstas.
Mañana, a la misma hora y en el mismo lugar, más testigos serán los protagonistas de un nuevo capítulo para una historia de ambiciones, usura y sangre que conmovió a la ciudadanía, no sólo por semejante crimen, sino por las características, las particularidades de las víctimas como del victimario.
Los amigos del asesino menos pensado
Un párrafo aparte merecieron los testimonios de aquellos que se consideraban amigos del acusado, quienes coincidieron en el buen concepto que tenían para con él, como así también la incredulidad al enterarse de semejante hecho, aunque todos también reiteraron que no estaban al tanto de la situación económica desesperante que De Agostini tenía, ni el temor por las amenazas que presuntamente había sufrido días antes del terrible desenlace.
A cada testimonio de los amigos devino la congoja del hombre ahora sentado en el banquillo de los acusados, emocionado hasta las lágrimas cuando todos hacían referencia al cariño que le tenían, como las consideraciones que tenían para con él.
El primero que sorprendió en ese sentido fue ni más ni menos que el policía Galante, que admitió su amistad con el acusado y quien fue el que lo identificó cuando pasaban el video de las cámaras de la vivienda de Bravata y todavía no se sabía de quién se trataba el sospechoso.
El policía, quien reseñó mantener una amistad con De Agostini desde hacía un par de años, reconoció su sorpresa al verlo en el video y no dejó de señalar su conmoción al entender que se sospechaba de su amigo por semejante suceso.
En medio del shock que le provocó la noticia, también luego lo recibiría en la dependencia policial una vez detenido, y confió que allí el propio De Agostini soltó, en medio de la conmoción, que había sido amenazado, e incluso su familia, que “el tano le había mandado gente a apretarlo”, confesando, informalmente, su responsabilidad por el doble crimen.
“No lo podíamos creer, él era muy querido, muy buena gente”, dijo el policía amigo, lo que provocó la espontánea emoción del acusado, escondiendo sus lágrimas con su cabeza entre los brazos, acurrucándose hasta más no poder, como queriendo desaparecer a la mínima expresión de la sala.
Luego vendrían los testimonios de otros amigos de toda la vida, oriundos de su ciudad natal, Orense, como Carlos Recupero, Carlos Quiroga y Diego Martínez, quienes también repitieron sobre el buen concepto que tenían para con él, como su sorpresa frente a lo que había protagonizado y el desconocimiento del mal momento económico que padecía.
Aquellas palabras de cariño y reconocimiento replicaron en nuevas emociones, incluso de sus familiares, que siguieron atentamente la audiencia desde los asientos para el público. Todas estas palabras sentidas servirían al defensor para poder “definir” a su pupilo y acentuar sobre los atenuantes a la hora de una eventual condena.
Deudas y documentación faltante
A regañadientes, también otros testigos citados para la ocasión debieron responder sobre la actividad de Antonio Bravata y la relación con De Agostini.
Fundamentalmente, el defensor Araujo buscó acreditar sobre el pasado y presente del italiano a la hora de contemplar la peligrosidad que representaba y que el temor de De Agostini era lógico a la hora de las amenazas sufridas.
No sin esfuerzo, los testimonios terminaron de reconocer sobre la actividad de prestamista de Bravata y su relación con otras personas vinculadas al rubro.
Especialmente, uno de los deponentes reconoció que entregó en persona la copia de un documento de reconocimiento de deuda entre Bravata y De Agostini.
También admitió que el italiano le había confiado que tenía problemas con De Agostini, porque resultaba difícil cobrarle la deuda que tenía, aunque desmintió que haya escuchado sobre alguna amenaza o apriete para cobrarle.
Por otro lado, blanqueó que Bravata había recibido algunos “clientes” de parte de su amigo Ronal De Francesco, quien mantuvo una relación sentimental con la tandilense Brenda Milessi, y que por esos tiempos quedó detenido en Ezeiza por un pedido de extradición de Estados Unidos, por un delito que no supo especificar con claridad.
Llamativo faltante
Dentro del ríspido asunto que hacía a la actividad de la víctima, surgió un detalle que si bien no hace al hecho penal a resolver, al menos llama la atención y, porqué no, sirve para graficar sobre qué circunstancias se estaba transitando.
A días del doble crimen, llamativamente la casa no fue preservada. Cuando volvió al lugar la policía Perrota y un subalterno tomaron nota de curiosas situaciones, como el portón cerrado pero sin llaves, la puerta de la casa entreabierta, la cámara de seguridad que sirvió para identificar a De Agostini sacada del lugar donde estaba primeramente y la falta de la documentación que la víctima habría tenido en un fichero donde, evidentemente, tenía acreditados los distintos préstamos a personas diversas. La irregularidad igualmente no modificó el curso de la causa, pero no dejó de causar una rara sensación en los que estaban en la sala.
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