Juzgan la responsabilidad penal de los dos menores acusados de asesinar a Estanislao Giacone
La instancia judicial no cuenta con precedentes en la ciudad, será el primer juicio oral del Fuero Penal Juvenil en la ciudad. Según se explicó, las razones fundamentalmente para que el Tribunal se traslade a la ciudad se deben no sólo a la conmoción social que generó el caso sino principalmente por la gran cantidad de testigos citados (una treintena) que de lo contrario implicaría su traslado a Azul, lo que acarrearía un costo de logística importante.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSe cree que la nueva experiencia, que debió ser aceptada por la Cámara, sentará precedente para próximos hechos de características graves como los que desde hoy se ventilarán.
Cabe consignar que, ante ser menores de edad los imputados, las audiencias -a priori tres- no podrán ser presenciadas por el público, y sí lo podrán hacer Carolina Baca, por ser la madre de la víctima, y Patricia Escobar, quien se ha presentado como particular damnificado (bajo el asesoramiento del doctor Gustavo Ballent) en representación de la hija del joven asesinado.
Precisamente Escobar será la primera de los treinta testigos citados para la ocasión, entre los que se desprende también el comparendo de aquellos amigos del joven que caminaban junto a él el día de los incidentes que terminó en muerte, además de los peritos y policías que intervinieron en el caso, previéndose que hoy por la mañana desfilarán siete, por la tarde otros siete y lo mismo sucederá el miércoles hasta el jueves, con la posibilidad de que ese mismo día se realicen los alegatos.
Sobre la instancia judicial, la familia de la víctima supo definir las circunstancias como de suma expectativa, aunque “los van a condenar como menores, obviamente, pero como menores esperamos la pena máxima”, se señaló oportunamente a este Diario.
El delito
Tal se informó en ediciones pasadas, oportunamente los implicados quedaron alojados en el instituto azuleño Lugones, al ser considerados responsables del delito de “Homicidio agravado por el uso de arma de fuego y portación de arma sin la debida autorización en concurso real”.
Oportunamente se detalló que la “discusión” procesal no sucedió sobre la autoría material del suceso sino por la responsabilidad del acusado.
Sobre la autoría quedó más que claro, y contundentemente, a través de las declaraciones de los testigos presenciales del hecho de sangre y los respectivos reconocimientos en rueda de personas, que el sindicado como ejecutor del disparo era quien quedó sentado en el banquillo de los acusados. Empero, el debate versó por la disparidad de criterios que naturalmente protagonizaron fiscalía y defensa a la hora de calificar el caso. Mientras que para el ministerio público fiscal hubo una actitud dolosa, léase hubo intenciones homicidas, la defensa buscó plantear el delito culposo, que el hecho debía inscribirse en una riña callejera que, en el medio del forcejeo y sin intención de matar, se ejecutó el disparo que terminó con la vida de Giacone.
Por lo que se confió a este Diario, fue clave en estas miradas encontradas de las partes el resultado de la autopsia como el informe del peritaje químico que se realizó en las ropas secuestradas al acusado en aquel allanamiento de calle Darragueira.
Es que la hipótesis de la defensa aludió a un desenlace fatal a partir de un forcejeo entre Giacone y su pupilo, quien estando debajo de aquel (tirado en el piso ya casi reducido) por la propia violencia de la pelea se habría percutido el gatillo y disparado contra el tórax de quien luego resultaría víctima fatal.
Al respecto, la autopsia detalló que las características del orificio en la humanidad del fallecido daban cuenta que el disparo fue levemente de arriba hacia abajo, y, contando además con las características físicas disímiles de los protagonistas (el acusado de baja estatura y la víctima más bien alto), podía llevar a la conclusión defensista.
Pero finalmente un informe sumó y mucho a la teoría acusatoria. Un peritaje químico de las vestimentas oportunamente secuestradas en la casa del imputado reveló que no existen manchas de sangre de la víctima Giacone, por lo que difícilmente entonces pudo darse el escenario planteado por el acusado, acerca de un forcejeo, puesto que de ser así debió haber sido salpicado por la sangre de la herida mortal.
En las ropas en cuestión (pantalón y remera), que habían sido previamente lavadas, sólo se detectaron rastros de sangre del imputado, lo que sirvió y mucho, entonces, para la acusación.
A la vez, también corrió con la misma suerte procesal el segundo implicado de 17 años, acusado de partícipe secundario en el hecho, quien fue detenido tras una serie de diligencias y el recogimiento de testimonios que aludieron a este sujeto como el que conducía la moto que trasladó al homicida, quien también fue reconocido en rueda de personas.
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