Kevin Echeveste: “En el Dakar se sufre mucho más de lo que se disfruta”
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2017/01/Photoeche.jpg)
En su segundo intento, Kevin Echeveste se dio el gran gusto de completar el Rally Dakar. A bordo de la Husqvarna número 112 cubrió la totalidad de la prueba en motos, arribando en el puesto 60 de la clasificación general y metiéndose entre los diez primeros en la categoría Male Moto (pilotos sin asistencia en su vehículo).
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailTras la frustración de 2015, el tandilense disfruta los días posteriores a la misión cumplida, luego de casi dos semanas de un extremo esfuerzo, con permanente sufrimiento propiciado por el cansancio, la temperatura y otras vicisitudes de esta durísima prueba.
En una extensa charla con El Eco de Tandil, Echeveste comenzó narrando que “estuve el año entero pensando cómo hacer las cosas lo mejor posible, qué hacer para no equivocarnos y poder completar el Dakar. Quedan un poco de ganas de andar más rápido, creo que podría haber llegado unos diez o quince puestos más adelante, pero intentarlo hubiese significado arriesgarme a golpear la moto o a no llegar por otro motivo. Pero lo que queda es que “dimos la vuelta”, en unos días nadie se va a acordar si llegué en el puesto 90, el 25 o el 60. Tengo claro que la velocidad de mi moto no daba para buscar un sponsoreo ni para estar en puestos de punta. Si llego a correr otro Dakar, algo que veo difícil, buscaré estar un poco más adelante. Para lograrlo se tienen que dar un montón de cosas. Hay que tener en cuenta que los primeros 25 son campeones del mundo en alguna u otra especialidad. Ellos son inalcanzables, de ahí para atrás uno empieza a buscar el mejor puesto posible”.
-¿Desde la puesta a punto de la moto apuntaste a la confiabilidad o sólo tu manejo fue lo que adaptaste a tu prioridad de completar el Dakar?
-Tiene que ver solo con el manejo. La puesta a punto va variando de acuerdo con los lugares que vas a transitar. A la hora de conducir, vas cuidando la moto de diferentes formas. También encaré la carrera de una manera diferente a la de 2015 porque era consciente de que yo debía arreglar la moto. Por ejemplo, no exigía el embrague de la misma forma que lo hubiera hecho en caso de tener una asistencia. Si sabía que al finalizar cada etapa me esperaba un mecánico con repuesto libre, hubiera forzado un poco más, no solo el embrague, sino también las gomas o el motor. Pero en este caso, sabía que lo que rompía en el día yo mismo lo tenía que arreglar a la noche. Además, en el día de descanso yo no podía componer el motor.
-¿Por qué?
-Abrirlo para hacer pistón y aro te puede llevar medio día. No soy un experto en mecánica pero podría hacerlo, sin embargo no era la idea. Es algo que pueden hacer quienes tienen asistencia.

-Redoblaste la apuesta al hacer el Dakar sin asistencia.
-Sí, me di cuenta de lo que significa correr en Male Moto cuando fui a anotarme y quienes nos inscribían se ponían de pie y nos daban la mano. En la carrera se acercan también muchos pilotos, varias veces vino Pizzolito a ver qué necesitábamos. Ellos no pueden tocar tu moto, pero sí asesorarte, valoran mucho lo nuestro porque ven el esfuerzo que hacemos. Los pilotos que corren con asistencia vuelven de correr, dejan la moto y se van al kinesiólogo, mientras vos trabajás sobre tu moto. No pensé que sería lo difícil que fue, pero es un orgullo haber completado el Dakar en esas condiciones, no sé si volvería a correrlo en esa categoría porque es muy desgastante. Pero fue un lindo desafío y además me permitió ahorrarme mucho dinero, la inscripción en la categoría con asistencia costaba alrededor del doble.
-¿Mecánicamente estabas capacitado para solucionar lo que fuera o determinado desperfecto podría haberte obligado a abandonar?
-No es que sé todo. Creía que había cosas que no se me iban a romper, como la horquilla. Y con el barro que hubo, se me rompió dos veces. En mi categoría no se permitía que alguien la arregle, solo te puede ayudar un competidor de tu misma categoría, pero estábamos durmiendo entre dos y media y cuatro horas por día, nadie podía ponerse a trabajar en mi moto. Me permitieron que busque un ingeniero. Fui a hablar con un holandés y me explicó en inglés, idioma que no manejo demasiado, y con gestos. Al lado, había un veedor que verificaba que él no meta mano. Suponía que era algo que yo no podría solucionar, y lo hice. Creo que era el cuarto día de carrera, quedaba mucho por delante. Eso fue lo más considerable que me pasó, después tuve un problema con el embrague y tareas de mantenimiento, algo que sé hacer.
-¿Qué pasó con el embrague?
-Fue el único error de mi moto. Vino con el líquido del embrague viejo, hervía. Al no ser mi forma de manejo la más rápida, lo usé demasiado y me quedé sin embrague en los médanos, llegando al límite con Bolivia. Cometí el error de querer repararlo ahí en los médanos y cuando quité las piezas me quemé la mano, cambié el orden de ellas y suplanté el embrague con un disco, un arreglo que acá hacemos muchas veces. Cuando lo quise armar, a las apuradas, me compliqué. La mecánica no es lo mismo en tu casa que cuando estás trabajando con un reloj que te dice que te quedás fuera de carrera, en mi caso con el antecedente de lo que me pasó en 2015. Me desesperé, pensé que no lo podría armar más y que abandonaría el cuarto día. Desarmé de nuevo, le busqué la lógica, armé y pude irme de los médanos con el embrague lastimado y con 500 kilómetros por delante. Fue uno de los días que más lento anduve, quedamos alrededor del puesto 80 en la etapa.
-¿Esa reparación fue algo que aprendiste en el momento?
-Es que los embragues con los que trabajamos acá funcionan con resorte, y éste lo hace con unas arandelas de chapa que dan la fuerza. No era ninguna tarea difícil, pero cuando desarmé no miré bien, por la desesperación de repararlo rápido. Nunca me hubiese perdonado quedar afuera por algo así.

-¿Qué sentiste al pasar por Uyuni, donde abandonaste en 2015?
-Cuando pasé a Bolivia, lo único en lo que pensé fue en irme, para colmo eran cinco días ahí. En mis tiempos, lo más lento y conservador fue lo de Bolivia. Aunque no pasamos esta vez por el mismo lugar donde abandoné hace dos años, esta vez no cometieron la “animalada” de hacernos largar en la sal. En esa ocasión, como iba Evo (Morales) hicieron eso, algo que no debió hacerse porque la noche anterior había diluviado. Largamos en agua y sal, era meter la moto a que se rompa, de hecho abandonaron quince. Este año nos hicieron ir hasta el borde y largamos hacia otro rumbo. Mi segundo inconveniente con el embrague fue llegando a Uyuni, pensé que era un lugar en el que siempre me iba a pasar algo. Los recuerdos estuvieron, dormí en el mismo lugar, en el último tramo iba perseguido, como los pilotos de autos que dicen que en la última vuelta escuchan todo tipo de ruidos, iba así, sentía que se rompía todo en la moto. Bolivia me inspira mucho respeto, el recuerdo de 2015 es muy malo, cuando llegué a la aduana y empecé a ver banderitas argentinas me sentí como en casa.
-¿Sufriste alguna caída?
-Algunas veces, en la arena, donde más me cuesta manejar. No sufrí ningún golpe de importancia. El sueño hace que te vayas desplomando un poco y eso se suma a que no soy un experto en ese terreno, entonces caí un par de veces, pero sin gravedad. En todo el Dakar, solo un par de veces estuve cerca de darme un palo fuerte. Una cuando pegué contra una piedra y por muy poco no me di vuelta hacia adelante. Mi búsqueda de no romper la moto hizo que bajara el ritmo y así disminuyera el riesgo de accidente. Si corría más cerca del límite, podía golpear la moto, lo que me demandaba tener mucho más trabajo después.
-¿Cómo respondiste físicamente?
-Bien. Lo que es exigente es hacer mucha fuerza en los médanos en la altura, estuvimos cuatro días a más de 4.000 metros. Cuando hacés el esfuerzo para andar rápido, te agitás. Hubo un par de días que en el comienzo de la etapa me sentía pesado y pensaba que no podría terminarla, pero a medida que hacía kilómetros me iba sintiendo mejor. El desgaste es importante, en el Dakar perdí unos cinco kilos. Gastás mucha energía y no la recuperás por más que comas como un animal. Te vas quedando sin piernas, sin brazos. Pero la adrenalina te impulsa, yo me levantaba después de dormir dos o tres horas y me sentía muy bien. Tras de la carrera, después de estar diez horas durmiendo me levantaba reventado, mucho peor que antes de acostarme.
-¿Cómo fue tu preparación?
-Hicimos un buen laburo con Luciana Puerta, Germán Groppa y José Betelú. Empezamos el 10 de enero, antes de que termine el Dakar 2016. Hicimos un montón de cosas, fuimos probando alimentos en la carrera Ruta 40. Con Germán tuvimos entrenamientos de altura, también funcional. De julio para adelante, el trabajo me complicó un poco pero tratamos de hacer doble turno todos los días. Lo que me hizo muy bien en el Dakar 2015 y esta vez no tuve es el masajista. En una hora me dejaba impecable, volvía de la etapa todo golpeado y al otro día no tenía una sola molestia. Pensé en llevarlo, pero al tener que asistirme yo la moto no sé si hubiese tenido tiempo para que me atendiera.
-¿Padeciste más el frío o el calor?
-El frío. Fui preparado, pero 2 grados de mínima y 9 ó 10 de máxima, y los enlaces con lluvia jodían mucho. Quienes corrimos en moto o cuatriciclo, lo sufrimos bastante. Vas con indumentaria adecuada y el agua no te pasa, pero la ropa se te pone fría y la pasás mal.
-¿Personalmente, te afecta más el frío?
-Sí. No sé si es porque me dedico a la apicultura y estoy habituado a temperaturas altas o qué. El calor lo pasás, el frío te deja duro de manos y se te complica para manejar, incluso es peligroso. En los enlaces en Bolivia, te permiten una máxima de 80 kilómetros por hora, estás como dos horas y media manejando con una temperatura muy baja. Hubo días con neviscas y rayos. Cuando pensás en el Dakar te imaginás que te va a matar el sol, pero en Bolivia fue lo contrario. Para dormir estaba bueno porque te metías en una bolsa y listo, mientras que en Asunción y Chaco era difícil por el calor. Noches ideales, de 18 ó 19 grados, tuvimos una o dos, en las demás era un extremo o el otro.
-Recibiste una penalización.
-Sí, hay sectores en los que se establece una velocidad máxima. El GPS marca una raya imaginaria a partir de la cual tenés 90 metros para acomodar tu velocidad al máximo que te exigen. Venís fuerte y cuando ves esa línea clavás los frenos, en mi caso no llegué a frenar lo suficiente y recibí cinco penalizaciones de dos minutos cada una. Una lástima porque además del tiempo que te agregan, te cobran una multa, que en mi caso fue de 500 euros. Y es algo que no se justifica, porque no sacás prácticamente nada de ventaja al ir más rápido de lo permitido.

-Aunque tu prioridad era completar el Dakar, seguramente después de cada etapa estarías pendiente de tu posición.
-No da el tiempo, recién el día de descanso pude averiguar quiénes iban ganando en autos y motos, antes no tenés idea de nada. Sobre lo mío, me iba informando cada día antes de irme a dormir, porque en dos grupos de WhatsApp mis amigos iban subiendo mis resultados parciales. Y otra referencia que tenía era por mi puesto de largada, el cual me indicaba cómo había llegado el día anterior. Después, por cómo había andado, yo sabía más o menos mi ubicación, si estaba entre los 60, los 70 o los 80, tenía una referencia aproximada. En días normales, estaba entre el puesto 55 y el 60, cuando me pasaba algo me iba cerca del 80.
-¿Cuánto disfrutaste y cuánto sufriste en el Dakar?
-Se sufre mucho más de lo que se disfruta.
-Ahora debe ser cuando disfrutás.
-Sí. Hay momentos de manejo que disfrutás, hay lugares hermosos y la pasás muy bien. Me condicionó mucho el abandono de 2015, iba todo el tiempo buscando el ritmo y la forma para que no me volviera a pasar.
-Es que incluso yendo muy lento y tomando todas las precauciones no tenés garantías de que vas a llegar.
-Claro. Te puede pasar cualquier cosa. Hice el mejor entrenamiento en el año, alquilé una Husqvarna, que es la mejor moto, me mandaron la mejor comida desde España, tenía la mejor bolsa de dormir, la mejor carpa… pero llegás a Asunción y te dicen “tenés un 50 por ciento de posibilidades de llegar”. Te vino mal una biela de fábrica y te salió por el carter, y perdiste todo tu trabajo del año. Obviamente, si vas con elementos de m… tenés más probabilidades de abandonar. En un momento de la carrera venía pensando en que nunca había abandonado salvo en el Dakar 2015 y de golpe me crucé un ovejero alemán y no lo atropellé por un metro, también eso me podría haber dejado afuera de la carrera. Como hay un millón de cosas para hacer en el intento de llegar, hay un millón de motivos que te pueden dejar afuera. Mirá Sainz, quedó afuera cuatro veces en cinco años por errores suyos, y nadie puede discutir su capacidad como piloto.
-¿Qué hubiera significado para vos un nuevo abandono?
-Para arrancar, me hubiera mandado a un psicólogo. O se me daba por buscar una nueva revancha o quizá venía, cortaba el cable y nunca más miraba un Dakar. Me parece que hubiese buscado la forma para ir de vuelta. Pero quizá me hubiera replanteado si, después de dos abandonos, mi manejo da para un Dakar. Necesitaba esto para decir “ya está, si no lo corro más logré el objetivo”. Volver es todo un tema, más allá del dinero que hay que invertir y el entrenamiento que te demanda, es todo un año que le quitás a tu familia en cuanto a tiempo. No sé si estoy dispuesto a volver a hacerlo. Los entrenamientos con Germán (Groppa) fueron muy duros, un sufrimiento, era ir una hora y media a pasarla realmente mal.
-Seguramente, fue reconfortante el respaldo que te brindaron tu novia y tu hermana.
-Seguro. Estábamos en contacto permanente, las vi casi todos los días. En ocasiones pudieron meterse al vivac y me llevaron ropa seca, además las veía en los enlaces. El día que se suspendió la etapa en Bolivia por lluvia, el lugar donde debíamos armar las carpas estaba lleno de barro, y nos mandaron a un hotel, allí pude estar con ellas, además de disfrutar una buena ducha y demás. Eso es una diferencia con los europeos, que no ven a nadie. Arrancar y ver a los tuyos dándote algo es importante. El esfuerzo de ellas fue muy grande, porque siguiendo el Dakar hacían mil kilómetros por día, y dormían en carpas armadas en lugares donde podían. Yo no lo notaba hasta que veía sus caras de cansancio.
Kozac, su amigo
El pampeano Julián Kozac es uno de los amigos que el motociclismo le ha dado a Echeveste. Sobre su relación con él, Kevin cuenta: “Lo conocí en el rally, en Ruta 40, él es de General Pico, La Pampa, y apicultor como yo. A través suyo me puse a averiguar qué era Male Moto, porque él ya había corrido en esa categoría el año pasado. En esta edición, él fue por el triunfo en Male Moto, de hecho hasta el día 8 ó 9 venía primero, y 28vo. en la general”.
-Con él sufriste un accidente.
-Sí. Habíamos tenido los dos un día malo. Largamos juntos y decidimos avanzar sin separarnos. Había mucha niebla y no veíamos, entonces decidimos sacarnos las antiparras. En un tramo, de cornisa leve, veníamos rápido y en un momento, viniendo unos quince metros detrás de él me impactó una piedra cerca del ojo y me lo dejó negro. Se aconseja no sacarse nunca las antiparras, pero fue una situación especial, no se podía manejar porque no se veía. También tenía la alternativa de esperar que se fuera la niebla y colocarme las antiparras de repuesto, pero cuando venís tirando con alguien y no querés dejarlo ir, es difícil. Al final de la etapa, en la ambulancia nos hicieron un lavaje de ojos porque los teníamos rojos.
Agradecimientos y exhibición
A la hora de los agradecimientos, Echeveste quiso destacar “a Germán Groppa, Luciana Puerta, José Betelú, Michielotto, Arenas Neumáticos, a Citroën L’Effort, Luciano Chiacchio y Cipsa”.
Además, contó que su moto “estará exhibida a partir del miércoles en SPN Motos (Marconi 1354). Ahí se vende la marca Husqvarna y los chicos van a exhibir mi moto en un rincón”.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios