La agonía de 2009
Finaliza el año y el tiempo se acelera. Todos parecen querer saldar cuentas pendientes, apurar las demandas y exigir soluciones.
Mientras el Gobierno comunal se centra en la inauguración de algunas obras en los paseos tradicionales, dos barrios de la ciudad han sido ocupados por familias urgidas de un techo.
En las últimas semanas de este agónico 2009, grandes y chicos encabezaron los reclamos desde La Movediza y Villa Laza. Los ocupantes del Plan Federal y Smata animaron una esperanza en el abandono por parte del Estado de dos complejos de viviendas inconclusas, y ahora solicitan la posesión y los servicios.
En una sociedad dominada por la velocidad, la inmediatez en la adquisición de bienes e información y la incredulidad en un futuro pródigo, el problema estaba cantado. Y ninguno de los actores involucrados tuvo una idea ingeniosa para prevenirlo.
Hoy hablan de una lucha de humildes contra humildes, de la estigmatización de los ocupas o del castigo político del Gobierno nacional. Pero nadie advirtió que ante la desesperación y el desamparo, los sectores vulnerables no miden consecuencias.
Durante el año que hoy atraviesa su ocaso, los pedidos por viviendas se multiplicaron. Recuerden sólo el caso de aquella joven de veinte escasos años que atravesó su infancia en un hogar, vivió con su esposo en el campo con un buen pasar y la crisis volvió a dejarla fuera del sistema. Aún resplandece el flash de la foto junto el entonces secretario de Desarrollo Social, Julio Elichiribehety, quien le explicaba que no podía avalar la usurpación de la casa que había tomado en La Movediza, y la réplica de la mujer, que estaba dispuesta a enfrentar a la policía si se venía el desalojo.
Pasaron los meses y la situación social fue empeorando. Hoy se cuentan de a decenas las familias que intentan hacer suyo lo que las administraciones no terminaron. Las falsas promesas de un mundo más justo y equitativo, con justicia social, uno de los conceptos más bastardeados de la historia argentina.
Dependerá de todas las gestiones, de todos los actores y de la tolerancia de la comunidad alcanzar una estrategia para destrabar el conflicto generado por la ocupación y la escasez de viviendas.
En la agonía de este crítico 2009, sólo queda rezar por la paz y esperar que la calma pase al frente durante las primeras horas del Año Nuevo.
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