La autopsia confirmó siete balazos contra la víctima y pone en aprietos la hipótesis de la legítma defensa esgrimida por el acusado del crimen en El Cerrito
Ayer se reanudó el juicio oral y público contra Orlando Reyes Chilla (25), imputado en el crimen de Silvio Eugenio Souto (27), ocurrido el domingo 17 de junio del año pasado, en la zona posterior al Cerro del Libertador General San Martín.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailFinalmente, la expectativa sobre la presencia de la mujer de la víctima fatal deberá mantenerse hasta el martes venidero, siendo que ayer la agenda de testigos demandó más de la rutina estipulada y el testimonio se pasó para la semana próxima. Empero, no dejó de resultar importante la jornada habida cuenta lo escuchado, principalmente de aquellos que participaron en primera instancia tras el suceso fatal como el médico policial, quien brindó precisiones sobre las heridas sufridas por Souto, que cimentarán la estrategia del ministerio público como defensa en torno a si se trató de una legítima defensa o no.
La hipótesis de un asalto sufrido por Reyes en manos de Souto y la participación de su mujer Escalante, quedaba prácticamente esclarecida ayer con los testigos escuchados, que dejaron sentado que el herido, tendido en el piso, le robó a punta de cuchilla, metros arriba del cerro, al ahora sentado en el banquillo de los acusados, y que muy probablemente su mujer formó parte o al menos resultó testigo directo del robo y posterior agresión que luego devendría en la muerte.
Pasadas las 9, el Tribunal Criminal 1 integrado por los jueces Pablo Galli, Gustavo Echevarría y Guillermo Arecha, dio inicio al segundo capítulo, no sin antes dejar ingresar al acusado Reyes, quien evidencia sus dificultes motrices a la hora de movilizarse, característica que también será utilizada por la defensa a la hora de aludir a su tesis, acerca de una clara disminución física entre los protagonistas (Souto y Reyes) y que su pupilo tenía mucho temor de ser agredido y con peores consecuencias a las ya sufridas por accidentes anteriores, por caso, quedar inválido.
Testigos de actuación
El primer testigo citado resultó Miguel Pagnaco, que circunstancialmente estaba en la estación de servicios de Perón y Monseñor de Andrea, donde fue capturado el imputado.
El declarante detalló que se encontraba en el local cuando vio ingresar a Reyes algo agitado, con síntomas de estar acalorado, cuando la noche estaba muy fría, por lo que le llamó la atención. Luego observó que se dirigió a las cabinas telefónicas donde luego sería detenido por la policía que arribó a lugar.
Consignó que Reyes no ofreció resistencia, sólo atinó a decir “yo los llamé”, alzando sus manos.
El vecino también fue testigo de actuación y corroboró lo secuestrado en la mochila: blister, recetas y una bala.
La versión se condijo con la tesis defensista, que fue el propio Reyes quien se entregó e incluso dijo dónde había dejado el arma utilizada.
Algo distinta fue la versión que dejó el policía que tomó la llamada del 101 Mejorado. El policía Juan Manuel David atestiguó frente a los jueces que ya estaba al tanto del suceso de sangre en el Cerrito y quién sería el autor, cuando recibió el llamado de Reyes, quien le pidió que fueran a su casa porque iban a “reventar a su familia” porque había tenido un inconveniente con una persona. En la conversación telefónica el policía le quiso preguntar sobre su ubicación, pero Reyes le cortó. Con el número registrado llamó y atendió la empleada de la estación de servicios, quien le detalló que Reyes aún permanecía allí, por lo que envió a los móviles en su búsqueda.
A preguntas de las partes, el uniformado consideró que el acusado estaba más preocupado por la suerte que podía deparar sobre su familia que por él, y que el tono de voz era de una persona tranquila.
Tras el crimen
También desfilaron por la sala de audiencias aquellos que primeramente se apostaron en el lugar una vez Souto herido, tendido en la calle.
Sería el policía Pablo Loredo y su padre, que vive enfrente a la escena sangrienta, quienes dieron cuenta de su intervención.
Loredo confió que estaba en la casa de su padre cuando escuchó cuatro disparos y, luego, los gemidos de una persona. Fue allí cuando buscó su arma reglamentaria y acudió a la calle y observó el cuerpo tendido.
Al acercarse constató al sujeto herido que balbuceaba, pero a esa altura ya no podía hablar porque escupía sangre. A la vez, divisó que desde el cerro se escapaba una moto, sin poder distinguir de qué características y quién la conducía. Apenas instantes más tarde, se acercó una mujer “desde el cerro” que ya a metros de la escena y sin demasiada luz como para identificar a la persona que estaba tirada se acercaba al grito desesperado de “es mi marido, es mi marido”.
Luego, el testigo confió que arribó primeramente una ambulancia de una firma privada con sede en cercanías del lugar del hecho, y luego la del Hospital.
Estos detalles no fueron pasados por alto por las partes, principalmente para Kolbl, que intenta probar que Reyes fue quien pidió socorro ambulatorio, como así también que la mujer de Souto estuvo en todo momento cuando sucedió el asalto y la posterior resistencia de su pupilo.
También prestó declaración el periodista de este medio, Rodolfo Bianchi, quien al arribar al lugar luego fue tomado como testigo de actuación, quien brindó precisiones sobre la escena observada al llegar como así también certificar sobre la billetera y la cuchilla secuestrada.
Un aporte interesante dejó en la sala cuando se le preguntó sobre la charla mantenida con la mujer en plena consternación, sobre lo que el periodista reseñó que se trató de una conversación muy corta e informal, en la que la señora soltó que se habían enfrentado Reyes y Souto, y que el primero le había disparado. Incluso, ofreció y se escuchó la grabación de aquel breve relato que Bianchi había obtenido en pleno suceso.
Sin más, y tras dar paso a la larga exposición del médico policial, se daría por culminada la audiencia, pasando a un cuarto intermedio hasta el próximo martes.
Siete impactos de bala
Un testimonio clave resultó el del médico policial Roberto Leitao, quien practicó la autopsia al cuerpo de Souto una vez en la morgue judicial.
El profesional brindó precisiones sobre lo observado, dando cuenta que el cadáver presentaba siete orificios de entrada y cuatro de salida, hallándose tres proyectiles en el cuerpo.
Así las cosas, resultará archi complejo para el defensor instalar la legítima defensa cuando de los siete disparos cuatro fueron a la espalda de la víctima, presumiblemente cuando éste huía tras los primeros disparos recibidos.
Detalles de la ubicación y la proyección de los disparos en el cuerpo servirían para que las partes saquen sus conclusiones sobre cómo habría acontecido la agresión y desde qué ubicación, datos que a simple vista resultarían nimios, aunque aquí serán definitivos a la hora de poder considerar si Reyes se defendió de una agresión y disparó con la pistola semiautomática en medio de una emoción violenta (siete disparos efectuados por parte de alguien que tenía permiso para portar armas, léase que sabía disparar) o tiró a mansalva con la clara intención homicida, incluso apuntando cuando el asaltante escapaba despavorido.
Trascendió al respecto que se tiene previsto el comparendo de un armero que podría brindar más precisiones sobre las características del arma y si ésta podría efectuar semejante cantidad de disparos a escasos segundos, situación que favorecería o no al acusado sobre su hipótesis de presunta defensa propia.
También Leitao asintió a preguntas de Kolbl sobre las diferencias físicas de los protagonistas, confirmando las dificultades motoras que padecía la víctima que terminó siendo victimario.
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