La ciudad convive con sucesos policiales no resueltos con víctimas de manos asesinas como anónimas
El conflicto social en Las Tunitas, que se transformó en una puja política sobre cómo abordar la problemática y casi exclusivamente instalar un destacamento policial o una subcomisaría más acá o más allá, puso sobre el tapete una vez más la inseguridad que padecen los vecinos. Para dar respuesta a la demanda, cual receta mágica, se habla de más policías, cámaras, centro de monitoreo y demás yerbas.
Evidentemente el costado que hace a un abordaje más amplio que habla de una contención social deficitaria no reditúa en tiempos de respuestas rápidas como facilistas.
La prevención resulta casi la palabra exclusiva para combatir el flagelo en cuestión y, en verdad, mucho de ello hace falta más allá del costado con el que se quieran abordar dichas acciones preventivas.
Empero, la inseguridad o la sensación de la misma también está dada por la incapacidad de dar respuestas a hechos consumados, sobre todo aquellos de alto impacto, léase homicidios.
En efecto, casos irresueltos contemporáneos también aportan en silencio a una inseguridad que cala hondo en los sentidos de los ciudadanos. Matan o desaparecen vecinos y poco o nada sucede. Se gana los principales títulos de las tapas y marcará la agenda periodística por semanas, pero ante la impotencia de no esclarecerse y la prepotencia de nuevos sucesos noticiables, van desapareciendo de la escena pública pero no por ello queda impregnada en aquellos sentires inseguros.
A saber, más allá de reacciones populares con marchas por resonantes sucesos que sí contaron con un desenlace procesal (detenciones mediante), hay otros tantos luctuosos hechos que no han encontrado una respuesta eficiente de quienes investigan, léase funcionarios judiciales y policiales, con una llamativa complicidad de vecinos varios que factiblemente podrían aportar como testigos para ayudar a las hasta aquí frustradas pesquisas.
Se trata de asesinatos impunes. La pregunta es si son entonces crímenes perfectos o deficiencia investigativa a la hora de dar con los responsables. La impunidad también aporta y mucho a la inseguridad ciudadana y Tandil ha ganado, lamentablemente, mucho terreno en este delicado escenario.
Apretándolo en tiempos contemporáneos podría remitirse que desde el misterio de la mujer sin nombre hallada muerta en el acceso a Gardey (hace 11 años) a las recientes desapariciones de Abel Barbero y Gregorio Gómez, coincide un frustrante denominador común: no hay ninguna pista que aliente a un esclarecimiento, más bien todo hace presagiar que formará parte de un abultado expediente que se guardará en el cajón de la impunidad. La lista ya se ha transformado en larga como preocupante. El jubilado José Mesquidas, Margarita Herrera, Luis Fernández, Adrián Gómez y hasta Rosa Magdalena Lara, hallada muerta en su casa de avenida Balbín, sobre quien aún hoy no se sabe si la mataron o sufrió un accidente doméstico, integran ese fatídico listado de haber sido blando de manos asesinas como anónimas.
La mujer sin nombre
El 7 de julio de 2003 se daba cuenta del macabro hallazgo del cadáver de la mujer sin nombre. La hipótesis principal apuntó siempre a un crimen vinculado con la trata de personas. Nunca nadie reclamó por ella y si bien se pidió colaboración hasta a Interpol, nunca se avanzó en la causa.
Hace exactamente 11 años, la comunidad de Gardey se conmocionaba con el hallazgo del cuerpo de una mujer en el camino de acceso a la localidad, a pocos metros del puente del arroyo Chapaleofú, tejiéndose las primeras hipótesis sobre un crimen vinculado con la trata de personas. Pasada más de una década, no se sabe de quién se trata.
En uno de los tantos artículos publicados se destacaba que “tenía entre 25 y 40 años y medía 1,60; de tez trigueña; cabello ondulado largo y de color castaño; estaba embarazada de tres meses y las estrías abdominales indican que fue madre con anterioridad”.
Se dedujo oportunamente que “las cicatrices paralelas en su muñeca izquierda revelan que en el pasado había intentado suicidarse” y se evaluó que el crimen “puede estar vinculado con el tráfico y trata de personas”.
“Con un 80 por ciento de aproximación”, divulgando la imagen del rostro reconstruido, se creyó como muy probable que alguien tuviera datos sobre la mujer, sobre todo porque se trata de un crimen cometido en una localidad pequeña donde es muy difícil que alguien pase inadvertido, se decía, con todavía un halo de optimismo, que ya, a tantos años, se ha diluido.
“Al momento de ser hallada, vestía pulóver de hilo a rayas horizontales de colores verde, amarillo y turquesa, y sobre éste, un buzo de color gris con inscripción en la parte delantera que dice Deer Ridge Mountain-Resort Gatlinnburg Tennessee. Además, tenía jeans de color azul gastado en su parte delantera, medias de toalla de color blanco, corpiño blanco, bombacha con colores de la bandera argentina, zapatos Leyde negros número 38 y pañuelo de cuello azul. En su muñeca izquierda llevaba una pulsera del club Boca Juniors y en la derecha, una cinta rosada, mientras que en el tobillo derecho tenía colocada una cinta negra”.
El crimen en los monoblocks
El 12 de agosto de 2010, era asesinada la jubilada Margarita Herrera. Desde aquel entonces, apenas un condenado por falso testimonio y sin responsables por el homicidio.
Margarita Herrera fue asesinada en lo que se presume un intento de robo en su departamento de los monoblocks de avenida Perón. A pesar de los esfuerzos investigativos, no surgieron avances sustanciales que permitieran generar un halo de optimismo en una causa que ha quedó estancada, a partir del escaso probatorio para endilgar la responsabilidad sobre quien pesaban las sospechas y la poca colaboración de actores -vecinos- que pudieron aportar información en pos de dar con el autor del homicidio.
Precisamente, la nula colaboración de posibles testigos mereció una ramificación de la causa, en una instrucción paralela por el delito de falso testimonio, arribándose a una condena de un vecino por faltar a la verdad.
Sobre el hecho, se recuerda que Herrera, por entonces de 67, años era sorprendida por una agresión inusitada de parte de alguien que evidentemente conocía. La disputa en su propia morada de los monoblocks de Perón al 1600, terminó con la jubilada (con limitaciones físicas a partir de una hemiplejia) tendida en el piso, sobre un charco de sangre producto de varias puñaladas, en medio de un departamento que a todas luces había sufrido un desorden mayúsculo, pero que alguien (se sospecha de otro implicado más allá del autor material) se encargó de ordenar, incluso limpiar.
Cabe consignar que oportunamente el fiscal interviniente, doctor Gustavo Morey, considerando la participación del menor sospechado, derivó el expediente al aquel entonces Juzgado de Menores. Empero, desde dicho organismo, se consideró por aquellos días que los elementos reunidos no eran suficientes. En consecuencia, la doctora Mabel Berkunsky resolvió archivar la causa.
Más allá del imaginario popular y las conjeturas de los investigadores, en torno a el o los posibles responsables, lo concreto es que las indefiniciones procesales, como el complejo entramado de contradicciones y complicidades del entorno a la víctima, atentaron con un posible esclarecimiento de uno de los crímenes aún impunes en nuestra ciudad.
La muerte de Mesquidas, causa archivada
El 14 de julio de 2007 el jubilado José Mesquidas fue asesinado a golpes en su casa de calle Vicente López, en lo que se presume un intento de robo. A esta altura, pasados los años podría calificarse el hecho como un crimen perfecto. Si los investigadores, después de tanto tiempo, no han logrado siquiera dar con algún sospechoso, ni hay pistas que lleven a hilvanar una hipótesis sobre el trágico suceso, se está hablando de una impericia investigativa o el delito llevado a su perfección. Cualquiera de las dos posturas conduce a un mismo callejón sin salida: la impunidad.
El homicidio del jubilado lo cometieron manos asesinas y anónimas, quienes gozan de una frustración investigativa que terminó en el pase a archivo.
El crimen de Mesquidas ocurrió en la casa de la víctima, Vicente López 817, quien murió como consecuencia de los traumatismos sufridos durante el presunto intento de asalto.
Mesquidas recibió una golpiza con un elemento contundente que desencadenó en su muerte y se dejó de lado lo que se había barajado en un principio, respecto a que el deceso había sido producto de un golpe en la nuca al caer.
Se presume que los delincuentes que ultimaron al jubilado tenían el convencimiento sobre una importante transacción inmobiliaria de la víctima, quien había vendido una casa producto de una herencia por el fallecimiento de un familiar directo.u
Luis Fernández, otra víctima de la impunidad
Ya más acá en el tiempo, en agosto de 2011, la policía trabajaba con tenacidad para esclarecer otro homicidio, el de un hombre de 75 años, cuyo cadáver fue descubierto un viernes en la vivienda de Las Malvinas 1722. La autopsia determinó que Luis Oscar Fernández falleció por un paro cardiorrespiratorio traumático y su cuerpo presentaba una herida contusa grave en el rostro.
La operación de autopsia determinó que Luis Oscar Fernández murió a raíz de un paro cardiorrespiratorio traumático provocado por una herida contusa grave en el rostro. El cadáver también presentaba contusiones en el cráneo y heridas cortantes en la zona del cuello y el abdomen.
La hermana de Luis Oscar Fernández descubrió el terrible hecho cuando se dirigió a cumplir con su rigurosa visita semanal al hombre de 75 años, que presentaba problemas de movilidad debido a las secuelas que le dejó una poliomielitis que había padecido en la niñez.
El hombre no mantenía vínculos con vecinos, ni tenía amistades y vivía en soledad desde la muerte de su esposa, ocurrida hacía una década.
La víctima era un jubilado que percibía los haberes mínimos y no contaba con otro tipo de ingresos. Así, su existencia austera y ermitaña resultó uno de los principales obstáculos a vencer por los investigadores.
Sumado a la cerrada personalidad de la víctima, los vecinos manifestaron que no escucharon gritos ni observaron movimientos extraños, más allá de una moto que permaneció estacionada frente al domicilio varias horas antes del crimen.
Ya prácticamente agotadas las diligencias procesales, la causa por “Homicidio en ocasión de robo” (tal reza la carátula) que lleva adelante el fiscal Marcos Egusquiza, quedó sujeta a que los rastros hallados de ese informe hasta aquí no sirvieron para dar con el o los responsables o, al menos, con alguno de los que pudieron tener que ver con el homicidio y así arribar al esclarecimiento del más reciente de los crímenes que la ciudad aún mantiene impune.
Mecánico asesinado por manos anónimas
El 9 de abril de 2013, cerca de las 2.30, Mónica Echeverría regresó del Casino a su casa, donde también funcionaba un taller de electricidad del automotor, y encontró a su concubino tendido en el patio, en medio de un charco de sangre.
Un portón de chapa de doble hoja, con guías en color naranja, hace de acceso a la finca. Luego de un extenso patio, otro portón abre el paso al taller mecánico y detrás del comercio se ubica la vivienda de dos pisos que compartía la pareja.
El cuerpo de Gómez yacía en el piso, a metros del taller. Tenía un golpe en la cabeza y estaba bañado en sangre. Horas después se comprobó que también presentaba dos balazos en el cráneo.
Adrián Gómez llevaba más de 25 años afincado en Piedrabuena al 100, con su taller mecánico. Vecinos y allegados lo describieron como una persona normal, aunque algunos resaltaron su carácter irascible y vehemente. También comentaron sobre su vínculo con el juego y sus frecuentes visitas al Casino de Mar del Plata.
Solitario, Gómez había tenido dos parejas antes de su relación con Mónica Echeverría. También era padre de dos hijos, aunque no mantenía vínculos con ellos.
El misterio de la mujer
hallada muerta en su casa
Apenas hace unos meses, a mediados del pasado diciembre, Rosa Magdalena Lara fue encontrada muerta en el interior de su casa de avenida Balbín 1026. La mujer fue vista por última vez un lunes, ya que solía salir de su vivienda a realizar los mandados. Ante su ausencia, vecinos se contactaron con una de sus hijas que vive en la ciudad, quien ante la imposibilidad de establecer contacto por vía telefónica autorizó a uno de los vecinos a acceder a la casa gracias a que contaba con una copia de las llaves.
Así, el jueves alrededor de las 15, uno de los habitantes de la cuadra ingresó y encontró el cadáver en el baño. Al toparse con la escena, inmediatamente advirtió al servicio de emergencias 101 Mejorado.
Al lugar acudieron móviles policiales y minutos después entraron a la morada el secretario del fiscal Marcelo Fernández, el jefe de la Seccional Segunda, comisario Jorge López, el médico de policía y el cuerpo de peritos, que no pudieron determinar en un primer contacto las causales de muerte, por lo que solicitaron la operación de autopsia.
El cuerpo de la víctima fue hallado con un golpe en la cabeza en el interior de un baño, donde también se encontró una mancha de sangre. Por ello, una de las hipótesis planteadas sobre la base de un examen preliminar apuntó a que la muerte habría ocurrido a raíz de un golpe de un objeto contundente en la cabeza, a raíz de la intervención de un tercero o un accidente doméstico, aunque las fuentes consultadas resaltaron la importancia de aguardar los resultados de la autopsia y los peritajes para establecer fehacientemente lo sucedido.
Las fuentes consultadas detallaron que la autopsia realizada por el cuerpo forense de Azul dio cuenta que el deceso se produjo por un paro cardiorrespiratorio traumático, a consecuencia de un golpe sufrido en la región craneana.
En ese contexto, se ordenó remitir las vísceras a la ciudad de La Plata, donde se buscaba determinar si los pulmones de la mujer presentaban lesiones compatibles con una asfixia.
Consecuentemente, con el correr de las horas se reforzó otra de las líneas de investigación: el homicidio.u
Barbero y Gómez, desaparecidos
Al cumplirse un año de la misteriosa desaparición de Abel Barbero, una treintena de personas se manifestó en el mes de diciembre pasado en la puerta de la Fiscalía. Familiares, amigos y personas que se plegaron a la causa se congregaron en el lugar para pedir públicamente que siga vigente la búsqueda.
Hernán Alonso, el nieto de Barbero, explicó que el principal objetivo del encuentro fue “mantener vigente la búsqueda, requiriendo la colaboración de los medios, que nos han ayudado fuertemente, para que no pase al olvido, que nos acompañe la ciudadanía y tratando que aquel que tenga alguna información, por más mínima que sea, que la aporte”.
En cuanto a la investigación, de los cuerpos del expediente que se consultó, se hizo todo lo que se realiza normalmente en estos casos: se tomaron las declaraciones, se giraron actuaciones, se ordenaron peritajes, lo que llevó incluso a que los familiares no resultaran tan críticos con los investigadores.
A más misterio e impunidad, el listado de casos en la ciudad lo cierra la desaparición de Leonardo Gregorio Gómez (96) quien fue visto por última vez el pasado 1 de enero cuando salió de su domicilio para celebrar la llegada del año nuevo con un familiar.
Se realizaron rastrillajes en distintas zonas de la ciudad, incluso por caminos vecinales y todo arrojó resultados negativos. Leonardo Gregorio Gómez es de tez blanca, de 1,55 metros de estatura, delgado, ojos color marrón, calvo. La noche del 31 vestía camisa manga larga color azul, chaleco polar color celeste, campera polar color azul, pantalón de vestir color beige, mocasines color marrón y gorra visera.
En caso de que alguna persona pueda aportar datos sobre el paradero del hombre, puede hacerlo comunicándose por teléfono al 101, ó 442-6662 ó 442-5230.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios