La ciudad, detenida en el tiempo por la selección
De repente, la ciudad cobró vida. Habían pasado las diez y media de la mañana y el pitazo final del árbitro belga Frank De Bleeckere eyectó de hogares, bares y escuelas a miles de tandilenses que durante las dos horas precedentes habían padecido una suerte de hipnosis frente a las pantallas.
Como si el tiempo se hubiese detenido, en ese lapso las calles desiertas habían potenciado el eco de cuatro gritos que escaparon multiplicados luego de retumbar puertas adentro.
Es que la goleada argentina, abierta por la fatalidad coreana en una pelota detenida, y coronada con tres tantos del Pipita Higuain, había pospuesto cualquier compromiso laboral, de estudios, o de lo que fuere.
Fue, es y será así. Mientras dure el Mundial para la albiceleste, cada vez que el equipo de Diego Maradona salga a la cancha, la pasión dejará en off side a empleos y aulas. Todo puede esperar entonces para los seguidores de la religión futbolera, que cada cuatro años suma fieles imbuidos de una fe que empuja hacia el altar donde se encuentra la copa. Y más aún cuando, esta vez, la divinidad de Leo Messi promete el milagro.
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El ritual
Mate, café y tostadas en todas las mesas. Facturas para los que pegaron el madrugón y aceitaron la logística casera como si se tratara de táctica y estrategia. Con atuendo y cábalas recargados.
Frente al televisor, familiares y amigos, compañeros de trabajo y vecinos. Hasta desconocidos que compartieron mesa en los bares y que, al cabo del primer estallido, sellaron abrazados un pacto fraternal.
Todo eso sucedió ayer en Tandil, como en cada rincón de la Argentina.
La Municipalidad volvió a sumarse a la fiesta y colocó pantallas gigantes en cinco barrios, para que chicos y grandes pudieran tener, y sentir, bien cerquita a sus ídolos.
En La Movediza, Las Tunitas, Maggiori, Palermo y la EGB 32, de Palacios y Darragueira, hubo espacio para el griterío ensordecedor y el festejo loco, echando mano a todo lo que pudiera revolearse por encima del hombro. Después vendrían los sorteos de pelotas y camisetas, y la posibilidad de volver a casa con doble premio.
En las escuelas se vivió idéntico panorama, aunque con ausencias tan sobradas como previstas. Ni los 15 minutos de tolerancia tras el partido motivaron a muchos de los más jóvenes, que eligieron continuar los festejos en el centro, especialmente en Pinto y Rodríguez, o en cualquier escenario de rateada celeste y blanca.
Con un pie en octavos de final, hasta el martes se hablará de Grecia, de la recuperación de Verón y Samuel, y de si efectivamente será México el rival repetido en esa instancia.
Hasta el martes, cuando en la ciudad vuelva a detenerse el tiempo.
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