La cizaña y el trigo
Finalizó esta semana con más legisladores nacionales que abandonaron la bancada oficialista, situación que generó repercusiones no menores. Los senadores nacionales Carlos Reutemann, jefe del peronismo de Santa Fe, y Juan Carlos Romero, varias veces gobernador de Salta, renunciaron al Frente para la Victoria, denunciando la negación al aperturismo desde la Casa de Gobierno. Con ellos van quienes los siguen: diputados, legisladores provinciales y concejales o consejeros locales, que se suman a la sangría iniciada en 2008.
Esta escalada de renuncias muestra el retroceso de un proyecto político que por algunos años se plantó en avanzada. La matriz utilizada durante seis años para la construcción de poder es la misma que hoy lo licúa. Matriz que dejó de ser funcional a la sociedad, pese a que el Gobierno resiste a darse cuenta de ello.
En períodos de cierta estabilidad y crecimiento económicos, las dificultades propias de la crisis de representación y de los partidos políticos fueron sorteadas sin mayores dificultades, momentos en los que el Gobierno logró mayor aceptación social, mientras la sociedad exigía a la vez la recuperación y fortalecimiento de los canales de decisión públicos. Circunstancia obvia tras padecer la crisis de desgobierno que los argentinos sufrimos en 2001.
No obstante, aquella primera etapa de gobierno, caracterizada por sus altos niveles de construcción política, fue el mismo tiempo en que Kirchner junto a su trigo, fertilizó también la cizaña que hoy lo ahoga.
Néstor Kirchner, ex presidente y conductor del frente que lidera, sujetó a cuantos actores se le cruzaron a sucesivas confrontaciones, que lentamente fueron replicando en el interior de aquel cuerpo político. La derrota legislativa en la batalla por la resolución 125 desnudó esa hemorragia interna, hoy ya insuperable.
La ?pejotización? junto a los cuestionados intendentes del Gran Buenos Aires con la dejadez hacia la fuerzas aliadas del campo progresista que resultaron imprescindibles para la victoria electoral de 2007, por un lado, y la presión alrededor del manejo de los recursos públicos sobre intendentes y gobernadores, por el otro, fueron los dos factores que minaron aquella construcción política que Kirchner inició en 2003.
?Hacia afuera?, la relación con las organizaciones sindicales para el futuro cercano es cada vez más incierta; otro tanto respecto de los sectores del capital, nacionales y todo, hoy en abierta confrontación. Otro tanto en cuanto a la prensa, los sectores de la cultura, los credos religiosos, por citar actores no menores.
La encerrona de debilidad en la que hoy cayó el Gobierno es consecuencia directa de su lógica centralizada que indujo al fracaso en la generación de un proyecto político trascendente y sustentable. El creciente flujo de legisladores y gobernadores, dirigentes y caudillos provinciales que marcan su enfrentamiento a la Casa Rosada es natural derivación de un poder concebido y ejercicio de forma concentrada y excluyente.
Tal es la extenuación, que se abandonó la práctica de aquel juicio categórico de ?traición? que meses atrás se impartió sobre dirigentes que manifestaron disidencias y dejaron de apoyar al Gobierno. Al punto que mientras Reutemann quita su apoyo aminorando aún más al Gobierno, por ejemplo, éste implora que el senador sea su candidato en los próximos comicios de Santa Fe. Actitud impensada meses atrás.
El derrumbe de poder (derrumbe del poder, no derrumbe del Gobierno) parece ser análogo y concomitante a aquel ritmo de recuperación de la autoridad presidencial y capacidad de decisión que los Kirchner supieron impulsar: el problema fue que fraguaron su construcción con elementos endebles y prácticas que adulteran el ideal republicano.
Los gestos y la eventualidad de síntesis que en las últimas semanas exhibieron los partidos y dirigentes de la oposición es un antecedente propicio, al margen de las simpatías y antipatías profesadas respecto de aquellos mismos dirigentes o partidos. Los acercamientos entre sectores del arco opositor, antes dispersos, facilitará que el sistema político descanse en un número cierto de alternativas viables y con necesarias diferencias de sustancia y de propuesta: para que así el ciudadano elija, contribuyendo a la recuperación de la gobernabilidad y la paz social.
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