La democracia goza de buena salud
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn medio de los pases de factura, mezquindades y oportunismos políticos, la semana cerró con una buena noticia: el compromiso de que Tandil contará con su terapia intensiva infantil.
Un imposible para el lunghismo, una utopía para un grupo de padres que luchó en soledad en lo que ahora todo el abanico político quiere sacar rédito.
No importa, o mejor dicho a sólo esa casta le importa. Lo superlativo, lo saludable precisamente en materia de política sanitaria es que un grupo de vecinos, sin banderías políticas más que el noble propósito, unidos por el dolor de haber padecido una enfermedad que necesitaba de cuidados especiales, lograron torcer una historia que parecía sellada, depositada en el callejón de las frustraciones que a veces los dirigentes se encargan de direccionar porque lisa y llanamente no se condicen con lo que ellos entienden como prioridades.
El oportunismo del diputado Mauricio D´Alessandro en hacerse eco de aquella lucha, el optimismo del sciolismo en recoger el guante e instalarlo en su agenda, el compromiso kirchnerista por invertir los fondos necesarios para cristalizarlo, como el zigzagueante acompañamiento lunghista, formarán parte del debate coyuntural que hace al folclore político, para lo cual sus actores se encargarán de remarcarlo en el estadio electoral que se viene.
Pero lo que ninguno de ellos debe obviar ni olvidar es que un grupo de madres y padres con su dolor a cuestas plantearon la necesidad y le marcaron la agenda a una casta ensimismada en sus menesteres.
De eso se trata la democracia. No del debate limitado que las mayorías pretenden imponer con la prepotencia de los días del sufragio. Se trata de algo más y este grupo de vecinos lo demostró, con participación, tenacidad y paciencia frente a los desplantes como promesas incumplidas.
Actores
Alguna vez fue Cacha Cena y sus Mujeres sin Techo que instalaron a fuerza de otra necesidad y misma pasión la obligación de encontrar soluciones al déficit habitacional. Luego se sumaron otros vecinos, otras agrupaciones aglutinadas en figuras civiles que permitieron nuevos e ingeniosos proyectos inmobiliarios, por caso los docentes.
También, por ejemplo, lo hicieron los estudiantes no hace mucho tiempo atrás con el debate del transporte público y el polémico aumento del boleto. Con relativa suerte, no lograron revertir el tarifazo pero sí instalar y forzar a que se los escuche y, más tarde que temprano, se esclarezca sobre el funcionamiento de un transporte que debe estar al servicio de los que menos tienen.
Se escucha aún los ecos del reclamo de vecinos que marcharon al compas del dolor de jóvenes que encontraron la muerte demasiado temprano en manos de una inseguridad cada vez más impiadosa.
Esos vecinos no siempre tenidos en cuenta por las plataformas electorales también han ganado la calle clamando por cambios no sólo de cúpulas policiales sino de actitudes y compromisos de los encargados de representarlos.
Estos también, a sus formas, han hecho despabilar a una dirigencia que se incomoda frente al reclamo porque no estaba acostumbrada a que el vecino gane la calle y no se conforme con la mera instancia representativa que implica el sufragio cada dos o cuatro años.
Se trata, en definitiva, del compromiso ciudadano por querer cambiar su historia y la de la sociedad en la que eligieron vivir. Salvando las distancias, no es otra cosa que lo por estos días comienza a recordarse y homenajearse con la semana de la Memoria.
Hace un año, Tandil vivía una instancia histórica en el que se juzgó y condenó a los responsables del asesinato del abogado olavarriense Carlos Moreno en los días del terrorismo de Estado.
Más allá de la reparación histórica, en aquellas audiencias quedó a flor de piel la lucha incansable de pocos, muy pocos, que lucharon contra el poder dictatorial y sufrieron las consecuencias. Todavía se guarda en las emocionadas retinas el relato de vida de la viuda e hijos de Moreno, quienes por años lucharon con otros que acarrearon el mismo dolor para llegar a la verdad y justicia.
Aquella lucha y juicio que por estos días se recuerda no encuentra mejor reivindicación en estas manifestaciones populares contemporáneas, donde el dolor y la pasión de unos pocos luego se transforma en la de todos, incluso de los que no querían escuchar.
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