La depresión del payaso (sin risas)
La manifestación de estudiantes y militantes en el Concejo Deliberante generó un extenso debate, en el que ganaron la puja los repudios, emanados desde los sectores más diversos y lejanos.
El impacto que provocaron las formas dejó absolutamente de lado los fundamentos del reclamo. Y cierto es que con pocas imágenes, las adhesiones que podía sumar la Asamblea por el Transporte Público se diluyeron, dilapidando una oportunidad clave para hacer oír su voz.
La organización se formó a partir de la lucha contra el aumento del boleto de colectivo, pero avanzó en un aspecto que no es posible dejar de lado. Y es la intervención del concejal Esteban Risso en la comisión de transporte del Legislativo, quien al menos hasta el año pasado era accionista de una de las empresas que brindan el servicio.
Más allá de los modos, el trasfondo de la protesta toca un costado sensible, siempre que la duda se apodera de la figura de un funcionario. Allí es donde a los argentinos nos sobran ejemplos y carecemos de certezas.
No causa risa ver a un grupo de gente ganar el recinto de nuestro Concejo Deliberante, contemplarlos acallando a los ediles y maltratando parte del patrimonio histórico. Luego, el abismo entre el discurso en favor de reivindicaciones sociales y las acciones, violentas, irrespetuosas y extemporáneas.
Ahí es donde falla la estrategia, y la nobleza de la causa parece volverse en contra de los que alzan la bandera. Así como ocurre con la depresión del payaso, que muestra su mejor cara para cosechar las risas y llora, oculto, la verdad de sus miserias.
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