La deuda interna
El déficit habitacional y sus bemoles, descriptos con claridad meridiana en esta columna la pasada semana, se convirtió en la noticia por excelencia del verano en las sierras.
Claro que cualquier lector más o menos prevenido se permitirá observar que una de las condiciones sine qua non de la noticia es su costado novedoso, cuando esta problemática acarrea décadas de postergaciones, ríos de tinta, interminables minutos en los medios electrónicos.
En rigor, mientras el Intendente busca su mejor bronceado en las playas de la Costa Atlántica, por estos lares su equipo entrecruza datos y ya calcula, Registro Unico al margen, que Tandil requiere de unas tres mil viviendas para frenar definitivamente la creciente exclusión a la que se ve sometida buena parte de sus ciudadanos.
Desde el Ejecutivo se apelará, una vez más, a imposibilidades presupuestarias para emprender un plan sustentable en el tiempo, más allá de la presente administración. Se justificará lo de los paliativos, en forma de alquileres y otras ayudas, para finalmente apuntar a los gobiernos nacional y provincial como responsables máximos de la carencia. La herencia maldita monopolizará el prólogo del diagnóstico.
Puede que alguno de los argumentos sean, al menos, atendibles, pero cierto es también que en épocas de vacas gordas el Gobierno eligió otras prioridades. Se cebó con aquellas obras de ?bajo costo y alto impacto? pergeñadas desde su génesis, y ni qué decir con el gasto político defendido a capa y espada.
Sucedió entonces que desde el affaire chacarero, las vacas flacas no pararon de desfilar por Belgrano al 400. Sea por lo que los K entienden como traición, o por una verdadera falta de fondos que lleva hasta hoy al Gobierno nacional a manotear de donde fuere, la administración lunghista se quedó sin los aportes externos indispensables para culminar las obras prometidas desde arriba.
La reanudación del Plan Federal I, concretada esta semana, puede representar una buena nueva. Aunque celebrarla en el actual contexto sería como intentar tapar el sol con un harnero.
Para marzo estarán bien claros los números, más frías las mentes pero también los cuerpos. A esas alturas el Intendente deberá aguzar el ingenio para comenzar a pagar una deuda interna. Esa que supo honrar en campaña cuando prometió firmar el certificado de defunción de ?los dos Tandil?.
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