La escritora Ana María Shua fue homenajeada durante un acto en la Sala Abierta de Lectura
A las cinco de la tarde la sala se encontraba lista para recibir a Ana María Shua. Autoridades de la Dirección de Cultura como Claudia Castro y Analía Ríos; representantes de la Sala Abierta, de algunas bibliotecas populares de Tandil, y público en general se acercó a compartir el grato momento, junto a la novelista.
Valeria Rabal afirmó que: ?Les agradecemos desde la Sala de Lectura por acompañarnos en este pequeño homenaje. La intención es inaugurar la placa, porque una de nuestras salas va a llevar el nombre de Ana María Shua, que siempre ha estado muy dispuesta a acompañarnos. Estamos muy contentos de que estés con nosotros?.
En primer lugar se procedió a compartir un videoclip con fotos de Shua, portadas de sus innumerables libros y lecturas de párrafos de los mismos realizadas por niños.
Luego de la proyección, Shua expresó que: ?Les quiero decir que me acuerdo del afecto y del cariño con el que me han recibido siempre en Tandil y en la Salita de Lectura en particular y por eso les agradezco muchísimo?.
Acto seguido, personal de la Sala Abierta de lectura efectuó una selección de textos que se leyeron a viva voz y sobre los que Shua realizó algunos comentarios.
Finalizada la proyección, el público y la homenajeada se trasladaron a la puerta de un aula, donde se procedió al descubrimiento de la placa que rezaba ?Sala Ana María Shua?.
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-Está trabajando actualmente en mitos, leyendas y cuentos populares…
Ana Maria Shua:-Trabajo permanentemente en el tema. Todo empezó en el año 90 con La Fábrica del Terror que fue el primero de mis libros sobre este tema.
-¿Qué le llevó a indagar sobre cuentos populares?
A.M.S:-Siempre se trata de leer, que es uno de los grandes placeres de mi vida. Es algo que fue sucediendo poco a poco. Todo empezó cuando mis hijas eran chicas y yo buscaba material de lectura que fuera interesante, atractivo, que tuviera conflictos fuertes. Lo que yo me encontraba en esa época era una literatura argentina que había pasado por una especie de pedagogía mal entendida y se había convertido en una cosa que verdaderamente no interesaba. Nuestros mejores autores se escapaban por el lado del humor y, entonces, la literatura para chicos de humor era lindísima, pero era la única posibilidad y no había otra cosa. Si uno quería otros temas, tenía que buscar en el cuento popular.
-¿Y entonces qué pasó?
-Allá fui, empecé por los cuentos populares de Ítalo Calvino, que son doscientos, divididos en cuatro tomos, maravillosos, geniales, bellamente escritos; los leí como uno les lee a los chicos, muchas veces. No puedo decir cuántas veces los releí y entonces me los aprendí. La mejor manera de enfrentar un corpus inmenso e infinito como es el del cuento popular, es precisamente conocer muy bien una pequeña parte, para a partir de allí empezar a ampliar.
Después leí Las mil y una noches, empecé a buscar cuentos rusos, las historias completas de los hermanos Grimm. Mis hijas eran insaciables y yo les contaba más y más cuentos e iba aprendiendo con ellas. Hubo un momento que sentí que estaba inmersa en el cuento popular. Ahí se me ocurrió la idea de hacer Fábrica del terror. Investigando y buscando cuentos de diversas culturas me di cuenta que era como tirar de un hilo y resulta que el ovillo era gigante.
-Una cosa la fue llevando a la otra…
A.M.S:-En fábrica del terror yo quería que hubiera un cuento judío y entonces empecé a encontrar muchísimo material con fantasmas y demonios y allí hice otro libro que fue Cuentos Judíos con fantasmas y demonios. Descubrí inmensas posibilidades en todos los campos. Había emprendido un camino que no se iba a detener. En un momento dado, en la editorial Alfaguara me pidieron -sabiendo que yo trabajaba mucho con cuento popular, mitos y leyendas- un libro para adultos que tuviera que ver con este tema y de allí salió Los pecados, los vicios y las virtudes. Viendo que ese libro había funcionado tan bien, yo propuse El libro del ingenio y la sabiduría. Con cada libro uno va aprendiendo y se va metiendo más en el tema.
-¿Qué me puede decir de la creación de Cabras, mujeres y mulas?
A.M.S:-Empezó con la recopilación de copla popular que yo había hecho por pedido específico de una editorial. Cuando las recopilé me encontré, para mi sorpresa, que había una gran cantidad de coplas populares hispanoamericanas de un grado de agresión altísimo para la mujer y que no servían para el libro que yo quería publicar, porque quería que entrara en colegios secundarios. Las empecé a reunir, y recordé una serie de cuentos populares que había leído y no me olvidaba porque cuando se los leía a mis tres hijas, tenía que darles una larga explicación, porque ponían a la mujer en muy mal lugar. De ahí salió Cabras, mujeres y mulas que reúne cuentos de la misoginia, de muy distintos pueblos y culturas.
Caminos heterogéneos
-Una intención inicial con el cuento popular la transportó a múltiples
lugares…
A.M.S:-Así fue, como un viaje mágico que sigue adelante.
-En su producción destaca la gran versatilidad: poemas, novelas, guiones, cuentos, humor, mitos..¿Cómo hace para pasar de un lugar a otro con tanta naturalidad?
A.M.S:-Yo soy una lectora muy ecléctica, me gusta leer de todo y yo creo que esa lectura me lleva a un tipo de escritura muy variada. A mi me gusta la palabra escrita.
En un momento casi me perjudicó esa versatilidad porque cuando salió El marido argentino promedio, un libro de humor que tuvo muchísimo éxito, casi me sacó del lugar de escritora. La gente se olvidó, o simplemente no sabía que yo tenía publicado otros libros, y me convertí en una experta en maridos. Me encasillaron ahí y me costó mucho salir de eso. Ahí dije: ?nunca más voy a escribir un libro de humor costumbrista, por más que me divierta el género, porque no es ese el lugar donde yo quiero estar?. Alguna vez lo hice, pero con pseudónimo.
-Además de versátil, es muy prolífica…
A.M.S:-Es que cuanto más libros uno escribe, más libros escribe (risas), porque los libros van saliendo de otros libros y como en este momento estoy trabajando simultáneamente con muchas editoriales, también hay pedidos. Yo tengo límites muy rígidos en cuanto a lo que yo puedo inventar. No se me ocurren tantas cosas, tengo cinco novelas y tres libros de cuentos y otros de mini-ficción, pero no es que todo el tiempo se me ocurren ideas literarias.
Todo lo que es adaptación de cuento popular es ilimitado. Es un trabajo que se puede hacer siempre y que no me hace caer en desprestigio, que es lo que me pasaba con el humor, que está rodeado de un injusto desprestigio. Si uno escribe humor, pareciera que no puede ser considerado un escritor serio. Por suerte, con el cuento popular, no pasa, no hay ese problema.
La literatura popular es infinita y muy sencilla. Para mí escribir un libro propio es como nadar en el mar en una noche de tormenta, por otra parte, hacer adaptación del cuento popular, es como hacer la plancha en la pileta (risas).
Para los niños…y no tan niños
-¿Y cómo es la experiencia de escribir las historias de niños?
A.M.S:-A mí no me costó nada. Yo ya era escritora de adultos cuando Editorial Sudamericana me vino a proponer que escribiera. ¡No mentira, me costó! Los primeros intentos los tuve que tirar a la basura. En esa época mis hijas eran chicas y yo las había criado como maceradas en literatura, eran muy buenas lectoras y escuchadoras muy exigentes, y cuando les leí las primeras cosas que había escrito, me las bocharon sin piedad: ?mamá eso es todo lo que vos siempre decís que no hay que hacer cuando uno escribe para chicos, son cuentos en chiste, están estirados, no pasa nada y se hacen muy aburridos? y tenían razón. Empecé otra vez.
-Pero al leerla, uno nota que es una literatura muy respetuosa con el lector…
A.M.S:-Para mí la literatura es una y única. Cuando se escribe para chicos grandes que, en realidad son adultos jóvenes, yo escribo tan en el límite que después muchos de los cuentos que nacieron para chicos los pasé para libros para adultos. Yo estoy un poco en contra de lo que se llama literatura juvenil, porque los adolescentes son jóvenes adultos que esta sociedad compleja no les permite o no aprueba que se reproduzcan, y los mantiene en esa especie de limbo que es la adolescencia. En sociedades más simples, a los doce o trece años ya están formando su propia familia. Entonces, no necesitan ningún tipo de literatura especial.
Un género particular
-¿Qué me puede decir de los micro-relatos?
A.M.S- Es un género que yo adoro y que me gusta especialmente, en el que creo que me he destacado. En España acaba de salir un libro que se llama Cazadores de letras que tiene toda mi mini-ficción reunida.
Cuando yo empecé a escribir mini-relatos, La Sueñera, de 1984, provocó cierta sorpresa y me hablaban del género como si fuera algo nuevo o algo raro. Yo fui la sorprendida de la recepción que tuvo el género que para mí era absolutamente tradicional. Es algo que escribieron Kafka, Borges, Bioy Casares, Denevi, todos los grandes cuentistas. Yo sentía que me estaba insertando en una tradición muy establecida y donde me siento muy cómoda.
-Hay que resolver la historia en muy poco espacio…
A.M.S:-Si, pero esas historias nacen así, breves.
Cierres e intenciones
-¿Qué satisfacciones te ha dado la profesión?
A.M.S:-Muchísimas. Una es esta, llegar a Tandil, que me reciban con tanto cariño y le hayan puesto mi nombre a una sala, esto me emociona muchísimo. Pero además, los viajes, el reconocimiento internacional es muy lindo, lo mismo que el que tengo en mi país.
-¿En qué proyectos continuará trabajando?
A.M.S:-Con los relatos populares voy a seguir porque es muy placentero. Y te cuento de dónde los saco…Cuando estábamos en el 1 a 1 compraba mucho en Amazon y cuando se terminó dije: no voy a poder comprar más, pero descubrí que también venden libros usados, entonces sigo comprando textos muy baratos, que me hago mandar a casa de mi hermana en Chicago y ella me los trae.
Con mi propia literatura, el tema es más sufrido, porque con los años uno va cargando libros sobre el lomo; un autor siempre tiene el sueño de la originalidad y quisiera hacer siempre algo distinto a lo que hace, aunque cada vez es más difícil.
Nunca fue sencillo escribir para mí. Hay escritores que dicen que sus temas o su literatura los acosa o los desborda. A mí no me pasa nada de eso…escribir siempre fue un acto de voluntad ?te sentás acá y no te levantás hasta que te salga algo?. Trabajo, y trabajo y trabajo, lo que no quiere decir que la musa no exista, sino que existe y a veces viene, pero uno tiene que estar trabajando aunque no venga. Y eso lo aprendí porque trabajé quince años en una agencia de publicidad como redactora creativa y lo primero que aprendés es eso. Te tienen ahí para que se te ocurran ideas y el día que no se te ocurre nada, te echan. Entonces, aprendés a no depender de la inspiración, porque una redactora creativa no va a decir ?hoy no se me ocurrió nada?. Por razones de oficio y voluntad algo sale. Eso es lo que hoy sigo haciendo.
Ahora estoy escribiendo, y con eso estoy contenta, un libro de mini cuentos que tienen que ver con el circo. Una vez que agoté todas las ideas convencionales, me puse a estudiar temas de la historia del circo que me dan un material riquísimo. La investigación enriquece muchísimo lo que se llama, quizá erróneamente, creatividad. En realidad, lo que se inventa es poquísimo y lo que uno hace es construir un pequeño mundo con trocitos de la realidad. En todo caso, lo que se llama invención es una especie de habilidad combinatoria.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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