La Escuela 32 supera las dificultades desde la acción y avanza en favor de la lectoescritura
Los proyectos que genera la comunidad educativa de la Escuela 32 tienen una valiosa característica: se ajustan a la realidad. Y no es poco para los tiempos que corren. Docentes y alumnos se comprometen en hacer; el resto queda reservado a las discusiones teóricas.
Uno de los inconvenientes que detectaron a principio de año fue que de 33 alumnos que asisten a segundo grado, al menos 15 presentaban dificultades de aprendizaje en la lectoescritura, situación que no es exclusiva de esta escuela, sino que se ha convertido en un mal general para las aulas de la ciudad y del país.
?Lo importante es reconocerlo para poder abordarlo. Si seguimos negando la realidad, obviamente trabajamos sobre algo ficticio?, revalorizó la directora Laura Mónica López.
Los problemas de lectoescritura aparecen en todos los sectores, dibujando un panorama general contra el que luchan los docentes. Sin dejar de lado la tecnología, desde la Escuela 32, la directora destacó la necesidad de darle importancia al libro, de nutrir la biblioteca de la escuela y recurrir a otras disciplinas que pueden asociarse, como las artes plásticas.
?Es una problemática país, porque en las escuelas del centro el chico tampoco tiene ganas de leer y no se acerca al libro?, dijo Gabriela D?Annunzio, docente de segundo y sexto grado, e impulsora de ?Lecturarte?.
La estrategia es establecer un vínculo con los alumnos, estar involucrados para que los chicos se motiven y logren los objetivos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa muestra ?Lecturarte?
En este caso, la novedad es que los alumnos de Gabriela D?Annunzio han formado una sociedad que produce grandes resultados, reunidos en la propuesta bautizada ?Lecturarte? y que hoy se puede observar en los pasillos de la escuela.
El gran equipo inicial está conformado por los chicos de sexto grado y los de segundo. Los más grandes preparan cuentos y actividades para los alumnos de segundo, pero además asisten a contraturno para apoyarlos en el aprendizaje. Luego, plasman en dibujos aquello que les inspira la lectura, a lo que se suman los integrantes de otros cursos.
En cada dibujo hay un chico y cada uno tiene su propia historia. ?Gracias a Dios tenemos muchos chicos en los salones?, dijo Gabriela y explicó que esto posibilita trabajar en forma conjunta con las integrantes del gabinete psicopedagógico, la bibliotecaria y las maestras integradoras.
Los chicos de sexto prestaron su colaboración, organizaron las tareas y solicitaron autorización para poder venir a la tarde a leer con los más chicos. Por turnos, seis de ellos colaboraban en las mesas, asistiendo a los grupos, para facilitar el aprendizaje.
?En menos de un mes, de los diez chiquitos que no leían, cinco ya estaban alfabetizados. Era un paso, pero alguien me tenía que ayudar?, destacó Gabriela, y lo definió: ?Es un proyecto de tutorías?.
Durante todo el año pasado trabajaron en esta propuesta que arrojó ricas estadísticas, ya que no hubo alto índice de repitencia y dio sus frutos. ?Los chicos de la tarde ahora ven esto y todos quieren un cuento para pintar?, dice orgullosa sobre las obras de arte de los alumnos de cuarto, quinto y sexto.
La directora marcó que en la cronología primero fue la acción, el espíritu de colaborar para que otros aprendan con ayuda de sus pares, y después vino la teoría. Así, ahora enmarcan esta linda senda como resultado de una ?tutoría?, pero ante todo, los hechos.
Contra la agresión
Desde la misma postura, ahora elaboran un proyecto que busca que el patio de la escuela sea cada vez menos agresivo. Con este fin, en lugar de colocar juegos van a pintar una ciudad de cuatro manzanas en el piso, para destinarla a la educación vial.
Sobre una base de cemento y la pared, armarán las avenidas, sendas peatonales, un mural con la continuidad hacia el campo. Sólo les falta rellenar el terreno y el Municipio colaborará con el material, mientras que la comunidad educativa aportará la mano de obra.
Por último, también avanzaron en la propuesta ?Recuperación de espacios?, por medio de la cual restauraron un depósito y lo convirtieron en una cocina, donde los chicos tienen clases y aplican los conceptos del aula en este atractivo lugar.
El ex depósito se fue transformando gracias a la colaboración de padres y docentes, desde el reacondicionamiento edilicio con fondos de cooperadora, hasta la decoración con estantes y cortinas.
Todo esto se logra desde el corazón de Villa Aguirre, donde los chicos disfrutan de estar en la escuela y aprenden a quererla. En una breve recorrida, la energía positiva se nota; desde las ganas con las que los más chicos se llevan el tenedor a la boca cargado de fideos con salsa, hasta el ímpetu que le pone un grupo de adolescentes que ensaya una coreografía en el SUM.
Ver la realidad para transformarla parece una máxima en la Escuela 32… Y observar los cambios cotidianos, devuelve la convicción de que cualquier esfuerzo vale la pena.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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