La espera
A los 36 años, a José Lobos le cambió la vida. Este hombre sencillo, de pueblo, que trabajaba en un almacén para llevar el sustento a sus dos hijos y se ganaba una yapa con su pasión por el turf, sufrió en una rodada deportiva lo que quizá no había conocido antes, al menos de manera tan cruda. Los golpes del accidente, pero en especial la desidia, la incomprensión, y el total abandono, lo conminaron a su casa, a esperar mejores días.
Allí aguarda hoy que Vistas Serranas cumpla de una vez por todas, y que la Municipalidad -responsable en definitiva de lo que pasa en el circo de carreras- haga lo suyo. Y deje de rodar en un cómodo cuesta abajo. *
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