La familia hizo su Vía Crucis y la ciudad ya vive con intensidad la Semana Santa
Escaleras arriba, en el Monte Calvario, la columna creyente encabezada por el padre Raúl Troncoso avanzaba lentamente con sus rezos y sus cánticos.
Era noche cerrada y fría la de un nuevo Vía Crucis de la Familia, en Martes Santo. Por eso, grandes y chicos, con velas y antorchas, recorrían cada una de las estaciones que recuerdan la pasión y muerte de Jesucristo.
Era una cara de la liturgia, la que cada año se repite con renovadas muestras de fe.
La otra, ciertamente más terrenal y despojada de credos, se presentaba más abajo, a lo largo de dos cuadras de la avenida Monseñor De Andrea. Allí, los estudiantes secundarios no paraban de ofrecer desde café y tortas hasta rosarios y pizzetas, en una suerte de ritual mercantilista aceptado por la feligresía.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa experiencia de la fe
El Vía Crucis estaba inicialmente programado para las 20, pero un desperfecto en el sonido obligó a una postergación de 45 minutos. Al principio, la paciente espera fue matizada con comentarios y referencias a la especial semana que se atraviesa, pero con el correr de los minutos, mientras una larga fila se formaba por la avenida esperando su oportunidad para acceder al Calvario, la gente se fue impacientando y comenzó a avanzar entre los árboles, ajena al orden de la procesión.
Ante esto, se decidió iniciar formalmente el Vía Crucis, pese a que aún no estaban subsanados los inconvenientes iniciales.
La multitud, entonces, caminó a lo largo de las catorce estaciones iluminada por las llamas. El colorido marco se convirtió en conmovedor. Las oraciones y los cánticos ascendieron entre los árboles y el camino de piedra, inundando cada rincón del bellísimo y sentido espacio serrano.
Los testimonios
?Venimos todos los años con mi marido y mis hijos. Ahora se sumaron los nietos?, comentó Juana, una vecina de Villa Italia que llegó con su familia, bien provista de abrigo y de fe.
?Siempre que puedo vengo con los nenes, es hermosa esta experiencia?, dijo Valeria, una joven madre que se disponía a iniciar la marcha.
Para Oscar, un peregrino que arribó desde Buenos Aires, ?esto es maravilloso. Lo hice por primera vez hace dos años, y ahora tuve la posibilidad de venirme unos días antes para repetirlo?. Asimismo, agregó que ?me voy a quedar durante toda Semana Santa en lo de unos parientes, espero participar de la Procesión y también visitar las ferias y los paseos. Pero este acto, de noche, supera todo?.
María, una adolescente que zafó de sus pares vendedores, confesó que ?es muy lindo, porque uno ve a los abuelos, a los grandes y a los más chiquitos, todos mostrando su fe. Además, lo de las antorchas le pone un agregado especial?.
?Para manifestar mi fe, agradecer y pedir? dijo estar allí Cecilia, con una pequeña hija en edad escolar. ?Lo hacemos siempre que podemos?, sintetizó.
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