La fiscalía pidió 15 años de prisión para el padrastro acusado de abuso
Como estaba previsto, culminada la etapa de presentación de prueba, léase el testimonio de la víctima como de aquellos citados para la ocasión, como la madre, la abuela de la menor, como así también allegados al victimario, ahora era protagonismo excluyente pasó por el ministerio público fiscal, a cargo del doctor Marcos Egusquiza y la defensa oficial, con Carlos Kolbl a la cabeza, dando rienda a sus respectivos alegatos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailTal se había anticipado en los lineamientos de su acusación, para el fiscal estaba claro, y más aún tras escuchar en el debate los testimonios, los hechos en juzgamiento, tipificados bajo la calificación penal de abusos sexuales reiterados agravados, cometidos por el imputado entre 2001 y 2007, desde que la víctima tenía seis años hasta los 12.
Como ocurre en la amplia mayoría de los debates de estas características, el mayor caudal probatorio, sino el excluyente, versa sobre el testimonio de la víctima, sobre quien las partes y el Tribunal ponen la lupa en pos de sentar convicción sobre la credibilidad de la misma.
Como se informó oportunamente, en el inicio del juicio, al tiempo de prestar declaración la joven logró explayarse con cruda contundencia y claridad sobre lo sufrido, dando detalles de los abusos padecidos por parte de quien tenía a cargo su guarda, de hecho llevan el mismo apellido a pesar de no ser hija de sangre.
Para el fiscal no quedaron dudas sobre la credibilidad de la ayer niña y hoy mujer de 17 años, y anudando otros testimonios que corroboraban a modo de indicios aquellos dichos como situaciones, entendió que el Tribunal debía emitir un veredicto condenatorio.
Tras enumerar una seguidilla de agravantes a la hora de la pena a imponer al acusado, Egusquiza planteó como hipótesis de sentencia que el sujeto sea condenado a 15 años de prisión.
La defensa
A su turno, el defensor oficial Carlos Kolbl se extendió con un interesante preámbulo sobre este tipo de delitos ventilados y cómo se revierte -a su entender- la carga de la prueba, teniendo que trabajar en demostrar la inocencia de su pupilo ante un único elemento incriminante, como es el testimonio de quien se presenta como víctima.
Citando bibliografía de autores contemporáneos que hacen a este complejo escenario de entidad punitiva, el letrado cimentó las bases para luego adentrarse en el caso puntual, por el cual ya había anticipado, comenzado el juicio, que los hechos denunciados no existieron y que iba a pugnar por la absolución de su pupilo.
Subrayó el pensamiento de que la palabra de una sola persona resulte el único elemento incriminante para condenar a alguien, más cuando dicho elemento es el testimonio de quien se presenta como víctima, léase, parte interesada. Así, entonces, se está sujeto a la arbitrariedad del denunciante.
“No hay nada en toda la causa como elemento independiente de la víctima”, insistió el defensor, sin dejar de mencionar que ni siquiera el perito psicólogo y los médicos pudieron certificar los abusos ventilados.
En ese contexto y dirigiéndose a los jueces enfatizó sobre la necesidad de imponer la figura de la duda razonable como requisito indispensable a la hora de fijar un veredicto, para luego peticionar, cual ruego, frenar con la ‘voracidad punitiva’ del Estado.
Luego arremetería contra el mismísimo testimonio de la joven, sobre el cual enumeró una serie de contradicciones que lo llevaron a postular que lisa y llanamente mentía en pos de una motivación clara: separar al acusado de su madre ante los hechos de violencia que ésta última padeció.
Sobre las contradicciones, detalló sobre lo dicho en la instrucción penal y ahora en la sala de audiencia, donde dijo que también la había obligado a practicar sexo oral y que le había pegado, cuando en la causa nunca lo había expuesto en las tres oportunidades que fue citada.
También refirió a que hubo fragantes contradicciones sobre lo dicho a la perito psicóloga como a su madre, a la hora de relatar los abusos padecidos.
Kolbl insistió en que la joven les mintió a todos, a ellos ahora en el juicio, a su madre y que dicha fábula se correspondía con una motivación evidente: el odio visceral que tenía con el acusado por haber golpeado y lesionado en tantas oportunidades a su madre.
Cerrando, si bien reconoció que en este tipo de delitos arribados a juicio la “defensa arranca perdiendo el partido 10 a 0”, entendió que en este caso a lo largo del debate se fueron disipando algunas cuestiones y, en todo caso, quedaba el margen de la duda sobre lo que pasó, detalle que debe jugar a favor del imputado. “Si no hay convicción plena hay que absolver”, le dijo a los jueces, quienes cerrando el juicio le dieron la palabra al acusado -ver aparte- para luego fijar un cuarto intermedio hasta el lunes próximo, cuando se dé a conocer su veredicto y eventual sentencia. u
“Pido perdón a la madre, pero nunca la toqué”
Finalizados los alegatos que se extendieron por un par de horas, el Tribunal concedió al acusado la oportunidad de expresar lo que sintiera, si así lo deseaba. El sujeto, se paró y soltó las lágrimas, aseverando que era inocente, que no podía creer lo que escuchó en el juicio sobre su persona.
De reojo miró hacia el público y pidió perdón a la madre de la denunciante –que siguió atentamente la exposición de las partes-, admitiendo que la había golpeado y que estaba arrepentido, pero insistió en su inocencia sobre la joven. “Nunca la toqué, si era como mi hija, hasta el apellido le di”, expresó, para luego sentarse sin más. Ahora le toca esperar al lunes, donde se sellará su suerte procesal.
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