La foto que nadie quiere mostrar
Por Daniel Bilotta
Que la clase dirigente política de la Argentina tiene poco para decirle a la sociedad es la primera conclusión objetiva que puede extraerse de la competencia desatada por poner a circular en los Medios y en las redes las fotografías de quienes pugnan por darse a conocer y medir en los sondeos de opinión, consagrados de esa forma como una nueva fuente de legitimidad previa e imprescindible para aspirar a representar a la ciudadanía por el voto.
Es tanta la abundancia que es difícil elegir una muestra significativa de este fenómeno. Así que la secuencia, que no es efectuada al azar, solo persigue el afán de mostrar apenas un ejemplo: Florencio Randazzo resuelve retratarse con Diego Bossio quien hasta hace poco hacía lo propio con Daniel Scioli, preocupado en difundir las instantáneas donde se lo ve cerca – y, obviamente, no distante – de Martín Insaurralde.
El diputado nacional deshoja la margarita mediante un festival de fotogramas que, de modo invariable, repiten su mecánico compás: una como pétalo desgranado por el gobernador bonaerense y otra por su amigo, Sergio Massa
Juan José Mussi, viejo patrón del PJ bonaerense, prepara una campaña para que su hijo e intendente de Berazategui, Juan Patricio, termine de instalar su imagen y sea el candidato a gobernador que acompañe al ministro del Interior y Transporte que aspira a postularse como presidente. Molesto porque haya posado recientemente con el jefe de la Anses, a quien le achaca no tener peso territorial en Tandil, donde no pudo conmover el liderazgo del intendente Miguel Lunghi, el diputado provincial dio una muestra más de los reflejos que lo mantienen vigente: corrió a mostrarse con Scioli.
Dispuesto a sacar partido del aparente boom comercial en las relaciones con China, Mauricio Macri promueve su presencia en los Medios con la fórmula que le dio más réditos para volverse un personaje popular: ligarse al fútbol con convenios para que jugadores de ese lejano país se formen en clubes de la ciudad de Buenos Aires. Quien podría ser una socia política el año entrante, Lilita Carrió, procura por Tuíter capitalizar el skketch de sus amoríos con Pino Solanas en “Periodismo para todos” y difunde imágenes suyas cuidando una muñeca similar a la Argentina, proceada en conjunto con el jefe de Proyecto Sur.
La intención de mostrarse en sintonía con aquello que la sociedad, en apariencias, tomaría como la última moda en comunicación parece campear detrás de este tipo de estrategias que pierden de vista un concepto central: cualquier modernidad comienza siempre siendo política para luego convertirse en tecnológica. Es decir que los adelantos en esa materia serían imposibles sin la intervención de una decisión política que la auspicie y ponga en marcha los centros de producción – intelectual e industrial – que los propician.
Es en ese punto donde terminan convergiendo todos los aspirantes al cetro de campeón por la lucha de la independencia y la autonomía del Estado para tomar decisiones , algo muy presente en estos días, no solo por el mundial de fútbol sino además por las arduas negociaciones que se tejen alrededor del reclamo de los holdauts beneficiados por el fallo de la Corte de Nueva York Todos, a su pesar y en el fondo de la cuestión, terminan siendo subsidiarios de iniciativas que marcan crudamente hasta dónde el criticado carácter colonial sigue presente entre nosotros.
No es lo único. Llama la atención esta brutal e infortunada coincidencia entre quienes presuntamente querrían cambiar las peores prácticas de la política con aquellos que supuestamente más han hecho por prohijarlas. Véase si no, el indecoroso papel del jefe de la bancada del Frente Renovador, Rubén Darío Giustozzi, quien hace dos semanas debió hacer votar en el Concejo Deliberante de su distrito una licencia al cargo de intendente luego que los 18 ediles – sobre 24- que le responden le rechazaran la renuncia que debió haber presentado el pasado 10 de diciembre, tal como se había comprometido.
Pesó más el aparente clamor de su aparato político que el respeto del acuerdo que prometió a la sociedad como señal de transformación. No es el único. El impulso a la candidatura de gobernador de su hijo, es parte del proyecto que acaricia Mussi padre para el 2015: volver a candidatearse como intendente de Berazategui, luego de un breve intervalo de “refresh” de su imagen de caudillo forjada en el ejercicio ininterrumpido de ese cargo entre 1987 y el 2011. Mussi, para quienes no lo recuerden, es hoy un puntal en el Conurbano del Frente para la Victoria.
El mismo que en nombre de Eduardo Duhalde negoció listas para una alianza con Néstor Kirchner y terminó pasándose a sus filas contrariando la decisión de su hasta allí jefe político es quien cuestiona a Bossio por haber llegado a la Anses de la mano de Massa.
Una sociedad cada vez más indiferente al cruce de mensajes en clave que intercambian dirigentes por pura especulación personal asiste a un espectáculo que no concita interés y no representa el que aparece en cualquier muestreo serio de los últimos 20 años: unidad – que las dirigencias suelen distorsionar en componendas – poca disposición al cambio – interpretada como convalidación del status quo – y estabilidad económica antes que la flagrante desigualdad cuya peor ilustración suele ser el inexplicable e injustificable crecimiento patrimonial de quienes abrazan esa actividad.
La foto que nadie quiere mostrar.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMás de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios