La frazada, siempre corta
No hay caso. No, no. Siempre, la frazada nos queda corta. ¿Será la frazada? ¿O será otra cosa? ¿O será que hace falta un touch? Sí, sí. Un toque de madurez, de sentido común y de vernos (todos) un poco, aunque sea un poco, como parte del problema. Como el problema mismo y no siempre como si todo fuera una obra de teatro en la que los protagonistas son otros y, desde la platea, dedicarnos a decir cómo y qué hay que hacer.
Y aunque esto podríamos llevarlo a diversos y numerosos ámbitos de nuestro recorrido por la vida, es la foto que ilustra esta reflexión la que es un claro ejemplo de lo que nos pasa a los argentinos. Los de un lado y los del otro. Los que mandan y los que acatan.
Desde hace un tiempo, desde la Dirección de Tránsito del Municipio, y alentados por una comunicación firmada desde el FpV, se decidió hacer hincapié en el estacionamiento de motos sobre las veredas. De acuerdo a la actual Ley de Tránsito, que rige desde hace más de una década, está prohibido que las motos estacionen en la vereda.
Un poco tarde pero al fin y enarbolando la bandera de las veredas libres (lo que es muy loable por cierto), pero olvidando otras; ahora, el problema está en otro lado. En lugar de tenerlo arriba, lo tenemos abajo. Eramos pocos? y ahora ellos, las motos, también se llevan gran parte del espacio que ambicionan libre los automovilistas. La puja por un lugar y encontrar uno, es el gran desafío.
La ley está para ser cumplida (o burlada, cambiada da la impresión a veces, pero eso nos daría para otros temas que harían este escrito interminable) y así debió ser siempre y, por lo tanto, si las motos no van en la vereda, ¿adónde van entonces? A la calle, contestan.
Entonces, cumplimos, pero cuando se acaban los moteros, esas jaulas que suelen verse en algunas esquinas y que nobleza obliga, resultaron ser un acierto pero insuficientes, las motos se van estacionando en cualquier lado. De costado, a 45 grados o como venga, y acá va el tirón de orejas para los de un lado y para los del otro.
Claramente, para solucionar un problema se ha creado otro y más allá de ello, se impone una ley, pero luego no se sigue su desarrollo ni sus consecuencias son sancionadas, como en el caso de la foto, en la que se observa claramente la invasión de la senda peatonal (imaginaria), pero que todos sabemos que está.
Por un lado, quienes allí han estacionado las motocicletas saben que a partir de esa acción dificultan el paso de los peatones, que deben cruzar la calle entre manubrios y pedales, transformándose el asunto no sólo en incómodo sino también en peligroso, mientras que, por el otro, no se concibe que esta situación haya estado ocurriendo (y ocurra) en un esquina céntrica muy transitada, todos los días, sin que se hayan tomado medidas.
Frazada corta. Pecho frío. Pies fríos. En el medio, siempre calentitos, pero ese lugar nunca nos lleva a ningún lado porque no alcanzamos a ver que los de un lado y los del otro, en definitiva, somos todos. Somos nosotros.*
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