La gente de la Casa de Santiago del Estero tuvo una práctica de amor desinteresado
A pesar de las malas noticias diarias, siempre existe un lugar para aquellas historias que nos conmueven, que nos hacen reflexionar, personas que son dignas de admirar porque trabajan en silencio, sin esperar nada a cambio, sólo por amor.
Esta es la historia que nos contó Yolanda en el día de su cumpleaños, junto a su compañero desde hace casi 35 años, Angel, quienes tuvieron la oportunidad de viajar a un pueblito en Santiago del Estero llamado La Aurora, que tiene unos mil habitantes, donde compartieron experiencias inolvidables, difíciles de narrar.
-¿Cómo empieza esta ?caravana? solidaria?
Yolanda Giannarelli: -Esta institución está trabajando desde 2003 y nuestra iniciativa fue ser solidarios y reunir a los santiagueños que están desperdigados fuera de su provincia. Con ese objetivo, comenzamos a trabajar. Durante el año hacemos dos eventos: el primero es el festival que se hace en febrero y el otro, en el mes de julio, con los festejos del aniversario de Santiago del Estero.
-¿Y qué pasó este año?
Y.G: -Por primera vez tomamos la iniciativa de hacer un festival solidario y recaudar alimentos, ropa, calzado para una institución en Santiago del Estero. Reunimos 2000 kilos. En el festival no se recibió tanto, pero la gente después fue llevando a nuestra casa, nosotros fuimos a buscar.
-¿Y viajaron a llevar todo?
Y.G: -No teníamos con qué trasladar tantas cosas, pero presentamos una nota al comodoro de la Sexta Brigada Aérea, Rafael Nieto, por el que nos sacamos el sombrero en agradecimiento, porque fue una persona que enseguida nos solucionó el problema y gracias a ellos, pudimos trasladar todo hacia allá, junto a los oficiales que ayudaron muchísimo, porque no sólo hicieron el traslado, sino que ayudaron a subir y bajar las cosas. Ellos fueron Gabriel Chantre y Walter Cabanillas. Con nosotros también colaboró la esposa del comodoro. Gracias a ellos pudimos llegar a Santiago.
-¿Cómo eligieron el lugar?
Y.G: -Hay una institución allí, que es la asociación civil del Norte Grande, que cubre todo el norte. Ellos vieron que La Aurora era uno de los lugares más necesitados. Allí trabaja un grupo de alumnos y docentes de la capital de la provincia, que son de una escuela privada católica, una escuela estatal y una bilingüe, que viajan los sábados para alfabetizar a la gente de La Aurora.
Angel Ibarra: -Los chicos se pagan el colectivo y enseñan a grandes y chicos.
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-¿Cómo administraron todo lo que habían recaudado?
Y.G: -Nosotros lo repartimos personalmente. Entregamos una parte de mercadería, calzado y ropa a la iglesia Señora de los Milagros de Maylin, donde trabaja el padre Tenti, y la otra parte la llevamos directamente a La Aurora. Los papás, los alumnos y amigos colaboraron para transportar todo.
-¿Cómo se desarrolló el reparto?
Y.G: -Fue todo una cuestión de organizarnos. Centralizamos todo en un mismo lugar y en los días siguientes nos fuimos a La Aurora, donde nos encontramos con unas sorpresas realmente muy conmovedoras.
Vivencias inolvidables
-¿Cómo vieron la situación de la localidad?
Y.G: -Tienen un comedor que hay que verlo. A veces decimos ?cuántas cosas nos hacen falta? y uno se da cuenta lo que realmente es la carencia. Allí comen de lunes a viernes 100 chicos por ochenta centavos al día. Pero los sábados y domingos quedan descubiertos. Los mismos alumnos de estos tres colegios de la capital juntan su dinero para el pasaje y también para la comida de cien chicos y grandes. El amor y la dedicación de esos chicos y los profesores que los acompañan son maravillosos.
A.I: -La localidad tiene mil personas más o menos. La mayoría de la gente se va del pueblo, porque no hay fuentes de trabajo y viajan a Tucumán, a Santa Fe, Córdoba, La Pampa. Es muy complicado, es lejos, de difícil acceso. No hay colectivos de línea, salen a hacer ?dedo?. Es complicado. Para vivir ahí hay que nacer ahí. Ver eso es muy terrible. No puede ser que la gente esté así.
Y.G: -Yo miraba a mi alrededor y me preguntaba por qué la pobreza de la gente, no tener una alimentación adecuada, no tener una vida adecuada, el agua está contaminada con arsénico. Estuvimos con gente que tiene piel de cristal, con chiquitos con parálisis. Esto es terrible y uno dice: ¿cómo puede pasar esto? Nosotros sabemos que el gobierno tiene cosas que hacer, pero nosotros también tenemos que hacer algo, porque si pudiendo lograr un poquito nos quedamos de brazos cruzados, no puede ser.
Tendría que haber visto lo que fue descargar. No puedo explicar lo que se siente cuando se vive, lo que fue encontrarnos con José Luis (N de la R: padece una parálisis cerebral congénita, tiene 14 años, está postrado y pesa entre 20 y 22 kilos) y con Darío (N de la R: que vive a 30 metros de José Luis, tiene 15 años y padece la misma enfermedad, aunque puede decir algunas palabras).
-¿Cómo vivieron el encuentro con José y Darío?
Y.G: -Son unos dulces los dos. José es un amor. No habla, tiene una sonrisa, pero siente cuando lo acaricias y lo besas. Yo le agarraba la mano y él sentía eso. Me miraba con amor. Estos chicos no saben mucho del amor. La mamá de José murió y quedó a cargo del papá. Estaba en un rancho, en un catre. Cuando los chicos de los colegios empezaron a ir a La Aurora, lo descubrieron. Nosotros estuvimos en noviembre y hacía unos quince días que, por intermedio de una profesora, le habían conseguido una reposera. Lo sacaban a upa y lo ponían debajo de las plantas, porque estaba amarillo de estar siempre encerrado. A través del presidente del Rotary Club le consiguieron una silla de ruedas adecuada para él. Empezó a poder pasear y ?revivió?, según dicen los profesores. Pero estos chicos no están bien de alimentación, no tienen una obra social. Dice el médico que si estos chicos pudieran alimentarse bien, tener acceso a la kinesiología, mejorarían su calidad de vida. Hay un montón de casos de chagas y los fumigadores se encuentran con frascos enteros de vinchucas que andan por las camas, por las mesas, los techos. Una cosa es contarlo, pero otra es verlo.
-¿Es positivo el balance de la cruzada solidaria y del viaje?
Y.G: -Es duro, nosotros estamos aportando un granito de arena, nada más. La gente de Tandil es solidaria. Imaginate que para conseguir dos mil kilos de cosas hay que caminar y nosotros no tenemos vehículo, pero lo logramos. Es un poquito de todo lo que se puede hacer.
-¿Por qué lo hacen?
Y.G: -Por amor. Angel es santiagueño, y yo de acá. Ahora va a hacer 35 años que estamos casados y siempre tuvimos la idea de hacer esto y siempre falta un empujoncito. Un día nos juntamos un grupo de amigos y nos decidimos. Tenemos personería jurídica, nos gustaría tener nuestra sede, algún día lo vamos a lograr, pero hoy estamos en nuestra casa. El que entra sabe que está en una casa de familia, con mis nietos correteando.
Si no tenés amor, honestidad, ganas de hacer las cosas, no vale la pena. Y por eso agradecemos a toda la gente de Tandil y a las instituciones y personas que nos ayudaron a hacer esto realidad.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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