La hermana Calixta cumplió 70 años como religiosa
El Hogar estaba alborotado. Parecía una colmena, niñas y señoras con esmerada dedicación cocinaban las riquísimas empanadas que por la noche serían parte de la fiesta por estos años de entrega de una de las religiosas más queridas de la ciudad, la hermana Calixta (89).
-¿Cómo se siente en este día tan particular?
-Muy feliz porque hace setenta años que profesé, en un día como éste. Y allí nomás me enviaron a trabajar a Flores, donde estuve siete años y terminé de estudiar. Después hice los votos perpetuos y me fui a Brasil, donde estuve trabajando durante quince años, en San Pablo y otras ciudades, lugares muy hermosos.
-¿Cuánto hace que está en el Hogar de Niñas y Ancianos?
-Treinta.
-¿Cómo resume su vida religiosa?
-Mire, si tuviese que comenzar nuevamente con el noviciado como lo hice a los dieciséis, haría lo mismo con idéntico amor y fervor. He tenido una vida plena porque me entregué a Dios y trabajé con mucha alegría y gozo, que es lo principal en la vida.
-Estuvo en colegios dando clases, en el Hogar con las niñas y ahora cuidando a los ancianos, siempre activa.
-Hace unos cuantos años que estoy con ellos y eso me hace muy feliz, son muy cariñosos y siempre estamos viendo qué cosas nuevas se pueden hacer y felizmente tengo un grupo de empleadas muy buenas, muy responsables.
-¿Cómo ha visto cambiar este lugar a través del tiempo?
-Muchísimo, en todo sentido, y se transformó para bien, tenemos una vida comunitaria armoniosa, oración todos los días y leemos el evangelio y lo charlamos entre nosotros y aunque parezca que algunos abuelos no escuchan o no alcanzan a entender, la semilla siempre cae en tierra fértil.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEL CAMINO DEL SEÑOR
-¿Desde chica sintió esta vocación?
-Tenía dos tías religiosas, las hermanas Amable y Clelia que ya fallecieron pero fueron todo un ejemplo para mí.
-¿Qué dijeron sus padres cuando les contó de su intención de convertirse en religiosa?
-Mis padres eran muy piadosos, muy cristianos. Papá aceptó enseguida, a mamá le costó más, pero ambos dijeron ?si es tu voluntad, no vuelvas más, sé perseverante?. Era una manera de incentivarme porque si yo tomaba la decisión la debía sostener.
-¿Fue difícil estar lejos de casa?
-Me costó al principio, hasta que me acostumbré. La mía era una familia muy unida, éramos catorce hermanos y yo la mayor de todas? aunque cuando entré al noviciado no éramos tantos, fueron naciendo muchos después.
-¿Volvió a ver a su familia?
-Claro que sí, en todo acontecimiento familiar, ya sea para festejar o acompañar siempre al lado de ellos y todavía estoy.
-El día que se consagró como religiosa ¿cómo lo recuerda?
-Con mucha emoción y gozo. Con felicidad, como si lo estuviera viviendo ahora, es un día que no olvidaré jamás.
-De modo que siente que eligió bien, que no se equivocó.
-Efectivamente, el camino de la obra de Dios es maravilloso y eso es lo que sembramos nosotras las religiosas.
-¿Le ha respondido la comunidad de Tandil a través de los años?
-Todo el tiempo y muy bien, es una sociedad muy buena y solidaria. Siempre me ha ayudado mucho y lo continúa haciendo.
-¿Cómo era su vida antes de entrar al noviciado?
-Ir al colegio y estar en casa con mi familia.
-¿Nunca hubo un noviecito?
-Me pretendía un chico, pero al darme cuenta le hice una carta explicándole cuáles eran mis deseos y allí quedó todo. Supe con el tiempo que se había hecho jesuita.
-¿Lo habrá hecho para olvidarla?
-No sé, porque me fui a Brasil y no lo volví a ver.
-¿Trabajando en Brasil tenía tiempo para ir a la playa?
-Claro que sí, me encantaba tomar sol. Y de noche íbamos a evangelizar a los hogares en las favelas porque allí era donde encontrábamos a la mamá, el papá y los hijos.
-¿No le daba miedo entrar a una favela?
-No, la gente era muy buena y siempre se portó maravillosamente conmigo. Nosotros les llevábamos mucho cariño y la palabra de Dios y jamás tuvimos ningún problema.
-¿Qué desea para la Argentina?
-Que las familias estén más unidas y que los jóvenes que no saben lo que quieren, que están confundidos, que encuentren el buen camino. Cuando uno quiere se pueden hacer las cosas. Hay que trabajar por la conciliación y la hermandad, escuchando lo que dice nuestro corazón y confiando en Dios.
Dejamos a la hermana rodeada de niñas, religiosas y señoras que se preparan para asistir a la misa de acción de gracias. Se la ve muy feliz, sus ojos se ríen todo el tiempo. Está de fiesta.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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