La Justicia condenó a 11 años de prisión al hombre que pasó de mendigo a asaltante
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Antes de iniciarse la feria judicial, desde el Tribunal Criminal 1 se ventiló uno de las últimos sentencias que cerraron 2011, por la cual se resolvió en primera instancia la situación procesal de un hombre acusado de robarle a un matrimonio en su casa de avenida Monseñor de Andrea al 100, previo golpearlos. Asimismo, se lo juzgó por otro atraco contemporáneo ocurrido en una heladería de avenida España, donde a punta de cuchillo se alzó con dinero de la caja registradora.
La particularidad del caso es que el imputado, Cristian Omar Ariel Rodríguez fue reconocido claramente por sus víctimas. Principalmente el matrimonio, quien en su relato confió que el hombre que los había golpeado con ferocidad y robado no era otro que aquella persona que hacía unos 15 años iba a su finca a pedir por comida.
En efecto, en referencia al primero de los hechos, con el parte policial, informes médicos, y con los testimonios de Mario Oscar Durdeu, Hugo Alberto Capra, y Marta Esther Ortega, se acreditó que el 22 de noviembre de 2010, aproximadamente a las 7.30, Rodríguez ingresó en el domicilio de avenida Monseñor de Andrea 145 y previa intimidación a sus ocupantes con un caño de metal, de aproximadamente 30 centímetros que llevaba en su mano, con el cual los golpeó, logró apoderarse ilegítimamente de un anillo de oro de 18 quilates con brillantes en la parte superior.
Como resultado de la agresión, Capra resultó con contusión cortante en cuero cabelludo de aproximadamente seis centímetros de longitud en región frontal media y herida contusa en dedo anular izquierdo y en la palma de mano izquierda.
En tanto Marta Esther Ortega sufrió una herida contuso cortante en región temporo parietal izquierda y hematoma en dorso de mano izquierda y en la base de dedo pulgar.
Los testimonios
A la hora de las pruebas, el magistrado tomó en cuenta lo expresado por Hugo Alberto Capra, quien manifestó que se encontraba en su cama, momentos en que escucha que su esposa gritaba ‘que no le pegara’, en el living, ante ello decide levantarse e ir hacia el living viendo en ese instante que un sujeto le pegaba con un fierro en la mano a su esposa. Capra se acerca a este sujeto y se le abalanza, tirándose encima, cayendo ambos al piso y en la esquina del living, el intruso alcanzó a golpearlo en la cabeza provocándole un gran corte del cual brotaba sangre, la que le impedía ver claramente.
Recordó que el sujeto vestía bermuda de jeans, zapatillas grises, una campera con rayas horizontales grises anchas, siendo una persona joven, el que aparentaba tener entre 19 y 22 años, delgado, cutis blanco, cabellos castaños con “mechitas”, ojos pardos, nariz aguileña finita, cara angosta.
Siguiendo con su relato recordó que comenzó a forcejear, estando tirando todavía en el suelo, a lo que su esposa salió corriendo hacia la habitación y comenzó a gritar que había llamado a la policía, ante lo que el malhechor comienza a decirle que le abriera la puerta haciéndolo de manera enérgica.
A todo esto Capra permanecía tirado en el suelo, así el imputado salió corriendo hacia la pieza en la cual estaba su esposa, abriendo la persiana y saliendo por la misma.
Para la víctima, el hombre parecía estar borracho o drogado, sintió que estaba como “sacado” ya que cuando estaban forcejeando hacía mucha fuerza.
Segundo testimonio
En tanto, la mujer víctima del atraco, Marta Esther Ortega, también recordó que se encontraba durmiendo junto a su esposo en la habitación matrimonial. Que en ese momento escucha el timbre por lo que se levantó y se acercó a la puerta, que al atender la misma ve que el que tocaba era un hombre que iba a pedirle comida desde hacía unos quince años a la fecha, quien esta vez también le pidió si tenía algo para comer, por lo que ella lo hace esperar afuera y al rato le trajo un sandwich de jamón y queso y un vaso de jugo de ananá.
Tras el gesto, el hombre se fue, por lo que la mujer desconectó la alarma, abrió las persianas y se puso a hacer cosas de la casa.
Hasta que se va hacia el lavadero y pasados 20 minutos a media hora estando en el lavadero ve que por detrás suyo aparece el muchacho al que le había dado el sándwich.
Allí el hombre la amenaza con un fierro y le pide la plata intentando sacarle los anillos, comenzando luego a darle charla para que desistiera.
Pero lejos de ello, Rodríguez la agarró del cuello, apretándoselo e impidiendo que pudiera hablar, la llevó hacia el living, siempre agarrándola del cuello, cuando ella le agarró los testículos para que la soltara.
El intruso le pegó con el fierro en la cabeza y en ese momento comenzó a gritar apareciendo su esposo, con el cual se puso a forcejear.
La mujer salió corriendo hacia la habitación y comenzó a gritar. Cuando vio que Rodríguez ingresaba luego a la pieza y salió por la ventana, haciéndolo en dirección a la vereda, le perdió el rastro.
La víctima agregó que el hombre no era la primera vez que iba a pedirle comida. Que lo hacía desde hace unos 15 años, empezándole a dar comida cuando este chico tenía unos 6 años.
La mujer recordó que el agresor vivía en la calle Paraguay al fondo.
Cabe consignar que una vez apresado Rodríguez se le practicó una rueda de reconocimiento, en la que fue identificado por el matrimonio.
Como otro elemento de prueba en su contra, resultó el testimonio de Mario Oscar Durdeu, quien refirió haber visto ese día y en el horario referido, desde la obra en que trabajaba, que se encuentra frente –en diagonal- al domicilio de las víctimas, a una persona de similares características fisonómicas la cual llevaba colocado en la cintura a modo de facón un trozo de hierro de aproximadamente 30 centímetros de largo.
El segundo de los hechos
En relación al segundo de los hechos que se le endilgaron a Rodríguez, con los testimonios incorporados al debate también se acreditó que el 18 de diciembre de 2010, alrededor de las 23, Rodríguez ingresó en el comercio de heladería denominado Iglú, ubicado en avenida España 224 y con un cuchillo que extrajo de sus ropas amenazó a Ruth Elizabeth Borda Méndez exigiéndole: “Dame la plata y no hagas nada… abrí la caja y tirate al piso” (sic) y se apoderó ilegítimamente de la cantidad de seiscientos pesos propiedad de Sebastián Alewaerts, titular del comercio.
La empleada víctima del robo con arma blanca reconocería luego en rueda de personas al imputado como el autor del atraco.
La autoría atribuida a Rodríguez encontró respaldo también en el indicio de sospecha que lo alcanza en su modus operandi delictivo, citando como ejemplo que fue aprehendido tras el robo realizado el 22 de diciembre de 2010 en la estación de Servicio del Automóvil Club Argentino, sita en calle Belgrano y Rodríguez, el cual se consumó con la utilización de un cuchillo, en el cual resultara víctima Soledad Díaz.
Atenuantes y agravantes
Como atenuantes a la pena a imponer, el juez aceptó el pedido fiscal en cuanto a valorar la adicción a sustancias estupefacientes que evidenció el acusado. Así también se consideró como minorante de la pena a imponer, la actitud de arrepentimiento manifestada por el imputado en el transcurso de la audiencia y su deseo de pedir disculpas a las víctimas, manifestación que el juez notó sincera.
Como circunstancia potenciadora de la sanción, el magistrado valoró la mayor violencia ejercida sobre dos personas de mayor edad quienes, además, desde hacía 15 años colaboraban en las necesidades de alimentación del imputado, lo que demuestra una mayor peligrosidad.
Así, el juez concluyó en un fallo que encontró su encuadre legal en los delitos de “Robo calificado por el uso de arma –impropia-, en concurso real con robo calificado por el uso de arma”.
Frente a los hechos, consecuentemente se lo condenó a la pena única de 11 años de prisión, pena que comprende la que se impone en la causa por el asalto al matrimonio como al de la empleada de la heladería, además de los delitos acumulados que tenía por distintos robos cometid
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