“La Máquina de Dios” y sus controversias alrededor del mundo científico
La más preocupante refiere que el experimento podría provocar podía generar agujeros negros, capaces de aspirar la Tierra y hacerla desaparecer.
De esta manera, en el mes de junio, un grupo de científicos denunció ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (CERN) a “La Máquina de Dios”, la denuncia fue firmada, entre otros, por el teórico del caos Otto Ressler, y el vienés Markus Goritschnig
Frente a la denuncia, el Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN) afirmó que no hay motivos de preocupación, pues el LCH no hace nada que no se produzca de forma natural en el Universo”. Además, y en respuesta a las sospechas de destrucción, el Journal of Physics G: Nuclear and Particle Physics publicó un trabajo científico que demuestra que nada de eso es posible y que el acelerador es seguro.
Ricardo Piegaia, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigador del Conicet ( Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina) y director de uno de los dos equipos argentinos, también se refirió al temor de resultados catastróficos. Marcó que el Colisionador de Hadrones no va a transformar la Tierra en un agujero negro.
Según el especialista, el planeta es continuamente bombardeado por partículas con más energía que las que chocarán en el Colisionador: los rayos cósmicos.
Casualmente, el detector de rayos cósmicos más importante del mundo está en la Argentina, en Malargüe, Provincia de Mendoza, donde funciona como emprendimiento internacional. Por último dijo que los acusadores no siquiera son expertos en física.
En este sentido, y también en defensa de la “Maquina de Dios”, otros expertos coinciden en señalar que se concluyeron las últimas pruebas previas al lanzamiento del primer haz de protones a lo largo de este gigantesco anillo de 27 kilómetros de circunferencia, que atraviesa la frontera suizo-francesa enterrado a un centenar de metros de profundidad, y todo funcionó a la perfección.
En cuanto al principal motor de semejante inversión, 4.000 millones de euros, se refiere Gloria Dubner, investigadora del Conicet y Instituto de Astronomía y Física del espacio: “¿puede una cultura resignarse a no perseguir las preguntas básicas acerca de cómo empezó el Universo, especialmente ahora que pueden comprenderse las respuestas? La ciencia es una parte vital de nuestra cultura”.
En el proyecto en el que participan 500 universidades del mundo y alrededor de 6.000 físicos e ingenieros, recreará, en pequeña escala, las condiciones similares a las que habrían existido unos instantes después del Big Bang (por eso también llamado “la Máquina de Dios”), es un instrumento sin precedente por su precisión, su complejidad y su escala.
El LHC usará imanes gigantes ubicados en cavernas para disparar haces de partículas de energía a lo largo de un túnel de 27 kilómetros, donde chocarán a niveles cercanos a la velocidad de la luz, señaló Reuters.
La idea de hacer chocar partículas para luego estudiar los resultados de esa colisión no es nueva: los primeros aceleradores comenzaron a construirse a mediados del siglo pasado. El más grande era hasta ahora el Fermilab, que funciona en Chicago, y que trabaja con un rango de energía siete veces menor que “La Máquina de Dios”, según informó la agencia de noticias Télam.
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