La marcha de la bronca
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Tandil tuvo una respuesta contundente el jueves a la convocatoria al cacerolazo del 18A. Más allá del debate por el número de los movilizados (para la oposición serán mil más y para el oficialismo unos miles menos), la marcha en contra del Gobierno nacional fue masiva en Capital Federal y distintos puntos de la Argentina.
El sentimiento que motorizó la movida fue la bronca, regada con el informe que dio a conocer el domingo pasado Canal 13, el recule de los principales testigos que apoyaron la hipótesis del periodista Jorge Lanata y la promesa de más pruebas.
Pero también, la bronca generada por el apuro K en el tratamiento de la reforma judicial, cuando es un tema que merece debatirse y que debe encontrar consensos para mejorar un servicio archicuestionado por los argentinos en general.
La inseguridad fue otro de los elementos que dio sustento a la movilización, tal vez uno de los reclamos que se mantuvo más firme a lo largo de la última década y el que más títulos periodísticos genera a diario.
Un detalle novedoso fue que, como en el resto del país, esta vez en Tandil se sumaron funcionarios y concejales radicales, además del edil del PRO Claudio Ersinger y dirigentes de Celeste y Blanco (el espacio de Francisco De Narváez).
El capital
electoral
A tres meses de las elecciones internas abiertas y obligatorias, difícil es presagiar adónde irán a parar los votos de los que participaron del 18A, de quienes hoy no coinciden no tanto con el modelo K.
Subidos a la protesta, ahora los dirigentes de la oposición deberán trabajar arduamente en post de una propuesta electoral que sea capaz de capitalizar los sufragios de aquellos que no están conformes y que lo expresan públicamente.
Si no logran consolidar una lista fuerte, se aguarda una menor participación y gran cantidad de votos en blanco. Y es vox populi que ambas opciones no le hacen nada bien a la consolidación del sistema democrático.
La bronca hizo sonar las cacerolas, sacó mucha gente a la calle y le puso nombres y apellidos al malestar. Ahora, los tiempos se precipitan y absolutamente todo se deberá definir en las urnas. Que todos lo sepan, que todos lo entiendan, eso es maduro y saludable.
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